O195002a
Fecha: 19980814
Título: Cinco realidades que estan profundamente unidas: la vida, los ninos, la familia, la mujer y la sociedad.
Original en audio: 6 min. 39 seg.
Mujeres son el término de comparación y de enseñanza en estas lecturas que nos presenta la Iglesia hoy. El pueblo de Israel comparado con una mujer, y luego la enseñanza de Jesús sobre la mujer o sobre la esposa.
Esta comparación que hace Ezequiel tiene dos aspectos, y por eso hoy se proponían dos lecturas para escoger: una, así como más fuerte, -ambas tomadas del capítulo dieciséis-, una cuenta la historia de amor de Dios con el pueblo, cómo fue educando a esta mujer que representa al pueblo, cómo la fue cuidando, cómo la enamoró, y cómo después de que esta mujer se sintió segura, se prostituyó y olvidó a su señor.
La segunda opción nos presenta el perdón misericordioso que Dios le ofrece a este pueblo en figura de mujer, y cómo le ofrece reconstruir la alianza. La alianza es como el matrimonio, el pueblo es como la mujer y Dios es como el esposo. Esta es la proporción.
¿Por qué se puede comparar a un pueblo con una mujer? ¿Qué tienen en común? ¿Y qué dice esto de la mujer y qué dice esto de la multitud o del pueblo?
El sentir del corazón femenino está abierto a la vida y a la belleza; nosotros, los hombres, sólo podemos imaginarnos lo que eso significa. Porque la mujer está unida a la corriente de la vida, las corrientes de la vida pasan por ella, y por esto la serpiente atacó en primer lugar a la mujer, no porque la viera más débil como algunos han dicho, sino porque la vio más cercana a la vida.
El ser masculino, en cambio, no tiene esa capacidad; todo lo que sale de su cuerpo sale muerto, y por esto tiene una referencia hacia la mujer. Jesús lo dice en el evangelio, recordando las palabras del Génesis: "Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer" San Mateo 19,5.
No dice: "Saldrá el hombre de una casa, saldrá la mujer de otra casa y formarán otra casa". El movimiento que se plantea es: "El hombre sale de su casa y busca, y el que busca es porque no tiene, porque necesita".
En la mujer están las corrientes de la vida, y por eso lo que le sucede a la mujer le sucederá a la sociedad, y los valores de la sociedad aparecerán en la mujer, y por eso hasta cierto punto es natural la comparación del profeta Ezequiel, que aparece también en otros profetas.
Y es lo mismo que vemos hoy. Hay una serie de cosas que están unidas: la vida, los niños, la familia, la mujer y la sociedad. Esas cinco realidades están profundamente unidas. Donde no se quiere a los niños, por ejemplo, no se quiere a la vida, y no se quiere a la mujer, y no se quiere a la sociedad.
Donde se utiliza a la mujer, o donde la mujer, llena de orgullo o de pretensiones, se olvida de la familia, entonces las consecuencias están para los niños, y están para la sociedad, y están para el respeto a la vida, y así sucesivamente.
Sin embargo el hombre parece más importante, pero precisamente eso es lo que parece. Me decía una vez una religiosa educadora: "Educar a un niño es educar a una persona, educar a una niña es educar a una familia; por esto, desde luego, es más difícil educar a las niñas.
Y es más difícil proveer adecuadamente de una formación íntegra de la mujer. Porque, aunque no lo sepa siempre con toda claridad, por lo menos la mujer sí presiente la fuerza de vida que lleva en ella, la capacidad que tiene para sacar una humanidad.
Cada mujer de algún modo es como una Eva, y de Eva salió la Humanidad; cada mujer lleva dentro de sí, en su cuerpo, en su corazón, en su creatividad, un universo posible, una humanidad posible.