O192002a
Fecha: 20020813
Título: La persona que se cree buena, se aleja de Aquel que vino a salvarnos
Original en audio: 15 min. 17 seg.
Hermanos,
La lectura del evangelio de hoy es el elogio de la infancia espiritual.
Cristo hace tres elogios de los niños. Primero: dice que hay que ser como niños para entrar en el Reino de los Cielos. Los niños tienen visa para entrar en el Reino de los Cielos. Quienes se hacen como niños, quienes aprenden a ser como niños, entran al Reino de los Cielos.
Segundo elogio: los Ángeles que protegen a los niños contemplan el rostro del Padre Celestial. Hay aliados poderosos entonces para los niños.
Tercer elogio: si un niño se pierde, Dios es capaz de dejar noventa y nueve ovejas en el campo por buscar su ovejita perdida, y hay mucha alegría cuando recupera a esa oveja. Dios busca a los niños que se pierden.
Estos tres elogios que hace Cristo, contrastan mucho con la opinión que había en aquella época con respecto a los niños. Los niños eran vistos como la gente que no cuenta, la gente que estorba, es ignorante, no tiene fuerzas para trabajar, no tiene una opinión para dar.
En la sociedad en la que vivió Cristo, dos cosas sobre todo eran apreciadas: el poder trabajar y el poder dar un buen consejo. Pero los niños no tienen fuerzas, ni tienen sabiduría; los niños comen mucho, ocupan mucho tiempo, gastan muchas cosas y producen muy poquito.
Por eso los niños eran despreciados en la época de Cristo, por ejemplo cuando Cristo estaba bendiciendo a algunos niños, los Apóstoles sentían que eso era como perder tiempo, hacerle perder tiempo a Cristo, "¡quiten a esos niños de ahí!".
Bendecir niños es como perder el tiempo; los niños son molestosos, los niños no se concentran, se demoran para aprender, no producen nada, gastan mucho, no sirven para aconsejar, "¡quiten a esos niños!"
Y sin embargo Jesucristo toma al niño y lo pone como modelo. "Quién es el más importante" San Mateo 18,1, le preguntan, y Él toma el niño, lo pone en medio y dice: "Hay que ser como este niño" San Mateo 18,3.
Démonos cuenta, mis hermanos, que esta manera de obrar de Jesucristo se parece a otras cosas que Él hizo. Por ejemplo, en tiempos de Cristo eran despreciados los publicanos, es decir, los cobradores de impuestos, eran vistos como enemigos públicos, y Cristo tomó una parábola para poner como ejemplo a un publicano, cuando habló de la oración del fariseo y del publicano.
El fariseo era supuestamente el hombre piadoso, el hombre religioso, mientras que el publicano era un condenado, era un desgraciado. Pero en la parábola del fariseo y el publicano, es el publicano el que queda en la mitad como modelo para los demás.
Y también eran despreciados en la época de Jesucristo los samaritanos. Los habitantes de Judea, con la capital Jerusalén, despreciaban a los habitantes de Samaría, a los de la región de Samaría.
Consideraban que los samaritanos ya habían perdido la fe verdadera, y no contaban para nada, y por eso no se entendían los judíos y los samaritanos, como sabemos, por ejemplo, por aquella historia de la mujer samaritana. No se entendían.
Pero Cristo, cuando fue a explicar quién es el verdadero prójimo, ¿a quién puso de modelo? A un samaritano, y dijo: "Pasó un sacerdote al lado de un hombre que habían atracado, pasó un sacerdote, se hizo el de la vista gorda, y siguió derecho. Pasó un levita, pasó mucha gente y nadie veía al enfermo, nadie veía al herido. Pasó un samaritano, y sí lo vio".
De manera que en este caso también, Cristo pone como modelo a una persona en la que nadie creía y una persona a la que todo el mundo despreciaba.
Y así tenemos todavía más ejemplos. Había mujeres que eran consideradas en peor condición que las condenadas a muerte, eran la prostitutas, como quien dice, matar a piedras a una prostituta, era desperdiciar piedras, ni siquiera se ocupaban de matar a esas mujeres, eran lo peor de lo peor.
Y sin embargo, Cristo dijo alguna vez: "Os aseguro que los publicanos y las prostitutas van delante de vosotros en el Reino de los Cielos" San Mateo 21,31.
Es decir que definitivamente Jesucristo se empeña en romper nuestras leyes de exclusión, porque todavía hay más ejemplos: los pobres eran despreciados, siempre han sido despreciados; los leprosos eran despreciados, peor que los enfermos de sida hoy.
Pero decididamente Cristo tiene una opción, podríamos decir, Cristo tiene una opción por los despreciados, por los marginados; Cristo se empeña en mostrarnos que el Reino de Dios no se parece a los esquemas que nosotros utilizamos.
Y si en nuestra vida hay una sola persona a la que nosotros excluimos, estoy seguro de que Cristo dirá: "Esa persona está mejor que tú, esa persona es un modelo para ti".
Cristo, y es una lección que podemos aprender en este evangelio, Cristo está resuelto a reventar todas las cadena, Cristo está resuelto a derribar todas las barreras, Cristo es el gran Revolucionario, que no soporta que se excluya a alguien, así sea culpable.
"¿Me vas a excluir a los leprosos, o a los pobres, o a los samaritanos, o a los niños, o a los pastores? Los pastores también eran despreciados en la época de Cristo. Acuérdate cómo en el pasaje ese en el que eligen rey a David, Jesé, el papá de David, ni siquiera cuenta entre los hijos a David.
El profeta Samuel en ese pasaje le dice a Jesé: "-Bueno, váyame pasando los hijos", y van pasando los hijos y dice Samuel: "-No, ninguno de estos es", "-¿no quedan más hijos?" Y ahí es cuando Jesé se acuerda: "-Ah, sí, sí, espere, sí, hay un pastor", ni siquiera lo contaba como hijo.
Cuidado, mis hermanos, ¿cuál es la persona, cuáles son las personas a la que nosotros excluimos hoy? ¿A los enfermos, a los violentos, a los criminales? Tengamos una seguridad: si Cristo estuviera hoy predicando, nos reventaría los oídos con parábolas como esta: "Hubo una vez un atraco, hubo un accidente.
Y pasó un gran político, y pasó un gran sacerdote, y pasó una señora muy piadosa, y nadie hizo nada. Pero pasó un paramilitar, o pasó un secuestrador, pasó un guerrillero, o pasó un terrorista, y se le movieron las entrañas".
Hoy Cristo nos estaría sacudiendo y nos estaría diciendo: "Cuidado con excluír a nadie, cuidado con dejar por fuera a alguien, que yo vine por todos". Y para que nos nos quedara duda, Cristo dijo: "Es que no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos" San Mateo 9,12.
"Cuidado con despreciarme los enfermos de sida; cuidado con decir que los terroristas se van a ir para el infierno; cuidado con decir que los políticos se van a cocinar a fuego lento; cuidado con decir que un criminal ya está perdido, cuidado".
Hoy Cristo nos reventaría la cabeza, nos abriría los oídos con el trueno de sus palabras, y nos impediría que excluyéramos a nadie.
¿Qué tamaño de revolución la que trae Jesucristo! Y dice uno: "¿Pero por qué ese mensaje tan terrible? ¿Por qué me va a decir Cristo que una prostituta es mejor que yo? ¿Por qué va a ser mejor un terrorista que mata inocentes, por qué va aser mejor que yo?"
Hermanito, lea el Evangelio, ¿qué era Mateo? Publicano, ¿Cómo ganaban la vida los publicanos? Eran unos corruptos, eran unos degenerado y desgraciados que exprimían a los pobres y a las viudas. Esos eran los publicanos.
Usted no piense que los publicanos eran cualquier gente; los publicanos eran los ladrones de cuello blanco que hoy tenemos; los publicanos eran la clase política corrupta. Y allá, allá Jesucristo llama a uno para que sea su discípulo y para que esté con él. Imagínate la fama que se ganaba Cristo con esas compañías.
Cristo no nos permite despreciar a nadie, Cristo no nos autoriza a excluir a nadie, a nadie. "-Pero es que ha hecho mucho daño", pues claro, ¿y Mateo no había hecho daño? ¿Y la samaritana no había hecho daño? "Cinco maridos has tenido, y el que tienes ahora no es tu marido" San Juan 4,17-18.
Cuánto matrimonios había desarmado esa mujer, vieja escandalosa, mujer pervertida, cuántas groserías con razón le habían dicho a esa mujer, y a esa mujer, a ésa, Cristo le encarga que anuncie el Evangelio en Sicar.
Y si le parece dura esta palabra no es mi culpa, es el Evangelio, así es el Evangelio. El Evangelio no me autoriza a ponerme en ningún pedestal, para desde ahí juzgar al otro y decir: "¿Este enfermo? Claro, es que con su degeneración se enfermó de sida, ahora púdrase, ahora condénese; y usted, terrorista, húndase, púdrase, condénese; y usted, político, púdrase, condénese". ¡Cristo no me autoriza a eso!
¡Qué grande es el misterio de Cristo! Claro, décimo muchas veces: "¡Qué linda la misericordia de Cristo!" ¡Ja!, linda cuando esperamos que se nos aplique a nosotros, pero cuando la misericordia de Cristo es para un sacerdote que le hizo daño a niños, "ah, no, ahí si no debe haber misericordia, no, no, él sí tiene que pudrirse".
Ah, ah, ah... Bonito cantar la misericordia cuando es para mí, pero Cristo tienen misericordia para todos, así suene terrible, así suene espantoso, así nos choque, que Cristo ponga a un criminal como Simón, no Simón Pedro, el otro Simón, al que llamaban Simón el Zelote, Simón el Zelote era un medio guerrillero de los de esa época, y ahí está entre los discípulos del Señor, ¡calcule!
¿Por qué Cristo hizo eso? ¿Por qué Cristo parece gozarse reventando nuestros esquemas? ¿Por qué Cristo es así? Por muchas razones, hermanos, por muchas razones. Una de las razones es esta: la persona que se cree buena, ya no necesita que la salven.
En cambio la persona que reconoce su problema, que reconoce su pecado, la persona que duerme mal porque sabe que está mal, esa persona de pronto está más cerca de darle un sí a Jesucristo, de pronto está más cerca de aceptar al Señor, y de pronto está más cerca del Reino de los Cielos.
Además, todo el que se siente en el derecho de excluir a una persona, se aleja de Aquel que vino a salvarnos a todos.
Amigos, necesitamos convertirnos, hasta que podamos mirar a Colombia, con su tráfico de drogas, con sus terroristas, con la propagación de la degeneración sexual en tantas partes, con tantas perversiones, asesinatos y corrupción, cuando podamos mirar a esta Colombia y a este mudo, cuando podamos mirar así, mirarlos a todos y decir: "Por ti vino Jesús, a ti te ama Jesús, a ti te puede salvar Jesús, para ti es la misericordia de Cristo, para ti, para ti y para ti, y también para mí".
El día que podamos decir eso, ese día sí nos podemos llamar cristianos.