O191003a

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Fecha: 20020812

Título: Dios oculta su gloria para darle manifestacion a la gracia

Original en audio: 10 min. 1 seg.


Una de las peculiaridades del profeta Ezequiel son esas visiones en las que se repiten unos mismos elementos, siempre tratando de describir la grandeza, podríamos decir, la imponencia de la acción y de la presencia de Dios.

Continuamente aparece el fuego, la luz, el resplandor, el electro, expresiones que como veíamos en esa lectura, tienen que ver finalmente con algo, un concepto que hasta cierto punto Ezequiel lo viene a traer a la Biblia: la gloria, la gloria de Dios.

¿Y por qué decimos que es propio de Ezequiel? Porque la palabra "gloria" en hebreo se dice "kaboth", y significa el peso; la raíz hebrea para "kaboth" indica algo pesado.

Nosotros, en español, tenemos expresiones parecidas para referirnos a gente que tiene una presencia imponente, o que tiene una gran responsabilidad, o que tiene mucho poder, hablamos de la "gente pesada": "Ese es de los pesados".

Algo parecido sucede en hebreo, la gloria es el peso que tiene una persona, es lo que pesan sus opiniones, es lo que pesan sus decisiones, es lo que pesan sus palabras, es lo que pesa, lo que él produce, el impacto que produce en los que le contemplan.

Y Ezequiel se encuentra en tierra de paganos, se encuentra desterrado, está entre los caldeos, y los caldeos son el imperio más poderoso, el imperio más pesado.

De manera que esta visión en realidad es una visión revolucionaria; lo que está diciendo Ezequiel es: "Más peso, que los pesados de este mundo, tiene Dios".

"Y la presencia de Dios, esa presencia que es celestial, sobrenatural, sobrecogedora, es una presencia más grande, es una presencia más fuerte que todo lo que puedan lograr los desfiles, lo que puedan lograr todas las demostraciones, toda la ostentación de riqueza o de fuerza que puedan hacer los caldeos". Dios que aparece y con su presencia se impone.

Y por eso el texto termina precisamente con un Ezequiel que queda postrado; la postración de Ezequiel, "caí rostro en tierra" Ezequiel 1,28, dice él; la postración de Ezequiel es el reconocimiento, es la rendición frente a esa potencia, frente a esa majestad.

Notemos que no se trata propiamente de Dios, se trata de una contemplación de la gloria de Dios. Es decir que la gloria es como la traducción al mundo finito, al mundo reducido de los hombres, es la traducción, a ese mundo reducido, de aquello que no cabe en ningún espacio y en ninguna palabra, que es el designio de Dios, el poder de Dios, el amor mismo de Dios.

De manera que las experiencias que nosotros tenemos en esta tierra, aunque uno dice abreviadamente, "es una experiencia de Dios", no son experiencia inmediatas en cierto sentido, sino son más bien experiencias de la gracia o de la gloria de Dios.

Experiencias de la gracia, especialmente cuando somos conscientes de nuestra nada y recibimos su auxilio; experiencias de la gloria, cuando descubrimos su poder, su majestad, su soberanía. La percepción de la inmediatez divina es algo que está reservado para más allá de esta tierra, es algo que es propio del cielo.

No se da aquí inmediatez, sino se da una percepción intensa de una traducción del ser y del obrar de Dios a nuestra tierra, a través de eso que la Biblia llama "la gloria". Es un tema muy bonito.

Von Balthasar quiere que toda la Teología sea una meditación sobre la gloria de Dios; más que sobre conceptos alrededor de Dios, la Teología debería ser un meditar, un navegar en la gloria de Dios. Y así, pues, propuso su enciclopedia teológica que se llama precisamente "Gloria", "Herrlichheit", me parece que es el título original.

Y digamos una palabra sobre el evangelio. Qué contrate tan fuerte porque, mientras que en Ezequiel aparece toda esa grandeza y todo ese despliegue de majestad, el lenguaje de Cristo a los Discípulos es el lenguaje de una gloria oculta, una gloria velada completamente; la cruz que Cristo anuncia a los discípulos será el gran ocultamiento de la gloria divina.

San Pablo dice en la Primera Carta a los Corintios "que si hubieran conocido a Cristo nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria" 1 Corintios 2,8.

Hay un ocultamiento que es la culminación del misterio de la Encarnación. La Encarnación tiene su conclusión en la Cruz; el abajamiento de Dios a nuestra carne, es solamente la preparación para el abajamiento de nuestra carne a la humillación de la condena y de la muerte.

El mismo impulso que lleva desde desde el cielo hasta Belén, lleva desde Belén hasta el Calvario, es el mimo movimiento, ese movimiento que San Pablo llama "el anonadamiento", "la kénosis", "el despojo de sí mismo", "el ocultamiento de la gloria".

Y es entonces maravilloso meditar en el contraste que nos dan estas lecturas: un Dios, que nada más mostrando su gloria, derriba a Ezequiel; pero un Dios, que cuando está en persona, vela esa gloria, para darle curso, más bien, al suave manantial de la gracia. Dios oculta su gloria para darle manifestación a la gracia. Velando su gloria, atrae al pecador.

Porque Ezequiel, cuyos pecados no se mencionan ahí, y no son en todo caso motivo de ese texto, queda derribado, queda aterrorizado, queda paralizado, y lo mismo viven otros personajes, cuando se muestra la gloria de Dios.

Entonces Dios no quiere paralizar al pecador, sino quiere ponerlo en movimiento, como al hijo pródigo, y por eso vela su gloria.

El ocultamiento de la gloria es el acto de amor por el que Dios quiere poner en movimiento; por la sola gracia, por la pura gracia quiere poner en movimiento al pecador, para que pueda luego descubrir la gloria. Junto con Cristo seremos partícipes de una misma gloria" [[:Categoría: ]], dice San Pablo.

Bueno, demos gracias a Dios porque, en la sencillez de esta Eucaristía, en la sencillez de las especies, tenemos como una traducción del anonadamiento de Cristo.

Muchas veces se dice, cuando se presenta la Eucaristía para la adoración por un rato al pueblo, se habla de la "exposición del Santísimo", "el Santísimo quedó expuesto", esa exposición es un anonadamiento, está expuesto a la indiferencia, está expuesto a la burla, está expuesto a la incredulidad, como Cristo en la Cruz, y sin embargo, es glorioso.

Y toda la potencia del electro, y toda la belleza del resplandor que contempló Ezequiel, está también en esta Eucaristía.

Que Dios nos permita recibir su gracia, y nos permita también contemplar su gloria.

Amén.