O175003a
Fecha: 20020802
Título: La denuncia es una forma muy alta de amor
Original en audio: 7 min. 22 seg.
Mis Hermanos:
Durante estos días venimos acompañando a Jeremías en las enseñanzas que él recibe de Dios como aquello del alfarero, como aquello del cinturón de lino, y venimos acompañando también a Jeremías en las consecuencias que tiene su palabra profética.
Ciertamente, nos duele el final del texto que hemos oído allá en la primera lectura: "El pueblo reunido juntó a Jeremías en el Templo del Señor" Jeremías 1,9, nos duele que sea así. y aquí hay un misterio que se verá con plena claridad y con total dramatismo en la Pasión de Nuestro señor Jesucristo. Es la gran paradoja del Profeta.
Trae una palabra que es una palabra de salud, que es una palabra de medicina, que es una palabra de curación, pero como esa palabra denuncia el pecado, entonces se la considera una palabra de agresión, una palabra antipática, una palabra que recibe resistencia y que despierta enemistad. De manera que el pueblo se vuelve contra el Profeta que le dice la verdad.
El Profeta denuncia la mentira, y el pueblo en lugar de atacar a la mentira, ataca al Profeta que le muestra la mentira; y sin embargo, en ese mismo ataque, en esa misma aversión, está mostrando lo detestable que es la mentira en la que vive.
No es fácil denunciar la mentira, no es fácil proclamar la verdad. Y es especialmente difícil cuando hay que mostrar las consecuencias que va a traer el pecado. Y esto fue lo que le tocó a Jeremías, y por eso en tantos pasajes, Jeremías, unido a Dios, inocente, es como una anticipación del misterio de la Pasión de Cristo.
Yo creo, hermanos, que no es casualidad que esta lectura se encuentre precisamente en un viernes. Si somos atentos, descubrimos, que, con alguna frecuencia, el viernes tiene un cierto sabor penitencial, tiene un cierto sabor que nos recuerda la Pasión de Cristo, como si la Iglesia quisiera darle ese color, particularmente ese color a ese día, el día en el que murió Nuestro señor Jesucristo por proclamar la verdad.
Mas, en este caso, ¿cuál es la verdad que tiene que mostrar Jeremías? Ya lo hemos dicho, la verdad de las consecuencias del pecado. Dios le advierte severamente: "Las palabras que yo te mande, decirlas, dilas, dilas todas, no dejes ni una sola" Jeremías 26,2.
¿Y para qué muestra Dios las consecuencias del pecado? Es muy importante lo que aparece en le texto: "A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta" Jeremías 26,3.
El objetivo de la denuncia no es incomodar, aunque incomoda; el objetivo de la denuncia no es provocar enemistades, aunque tristemente las causa. El objetivo de la denuncia es mostrar hacia dónde te estás dirigiendo para que dejes tu mala vida.
Y aquí aparece el rostro de la verdadera denuncia: una denuncia es más verdadera, no cuanto más agresiva es. A veces creemos que la sinceridad tiene que traducirse en rudeza, y hay gente que siente que no es sincera si no es ruda, si no es cortante, si no es inoportuna.
La sinceridad no es más sinceridad por ser más ruda; la sinceridad es mayor, la verdad es más grande cuanto mayor es el amor que la despierta; y esa razón de amor es: "A ver si se convierten y dejan su mala conducta" Jeremías 26,3.
Y aquí aparece, en el texto escuchado, cómo hay una mor de fondo, cómo hay una razón de amor que es la que despierta la denuncia. Y esa razón de amor es: "A ver si se convierten y dejan su mala conducta" Jeremías 26,3, "a ver si encuentran el camino que es".
Sinteticemos: El ministerio del profeta, de alguna manera es ser boca de Dios. Y para ser la boca de Dios, el profeta tiene que denunciar la mentira. Lamentablemente, el pueblo usualmente no se dirige en contra de la mentira que le mata, sino en contra del profeta que le muestra la mentira que lo está matando. El ejemplo más dramático lo tenemos en Nuestro señor Jesucristo en su dolorosa Pasión.
Y luego hemos aprendido en qué consiste una verdadera denuncia. Es verdadera la denuncia cuanto mayor es el amor que la despierta.Es el amor del bien del otro, es el amor por la conversión del otro, es el amor el que verdaderamente justifica y el que verdaderamente realiza las denuncias que tienen el sello de Dios.
Que Dios nos dé fortaleza porque todos, creo yo, alguna vez tendremos que denunciar; todos, al sacerdote le toca con frecuencia así se haga antipático, miremos el ejemplo del Papa; al sacerdote le toca con frecuencia denunciar, y al Papa le toca con frecuencia denunciar, y al educador, y al gobernante, y al juez, y al médico.
De modo que yo estoy por pensar que prácticamente todo el mundo tiene que alguna vez denunciar, denunciar el pecado por amor a la salvación del otro.
Que venga el Espíritu del Señor a purificar nuestras intenciones. La denuncia no es una manera de desquitarme del otro, la denuncia no es una manera de "sacarme el clavo", de desahogarme; la denuncia, por decirlo con una sola expresión, es una forma, una forma muy alta de amor.