O175001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19960802

Título: Relaciones segun la carne y relaciones segun el espiritu

Original en audio: 43 min. 31 seg.


Hermanos:

No estará mal, aunque quizás sobre para algunos, aclarar la cuestión de los hermanos, y las hermanas de Jesús. Cristianos no católicos utilizan un texto como éste para decir: “Mire que ahí está la prueba; José, y María tuvieron más hijos, y los nombres eran Santiago, José, Simón, Judas, y había también hermanas”.

Ese no es el tema de este evangelio, eso no es ni lo primero ni lo principal, pero como tiene su importancia hacer la aclaración, permítanme hacerla. Con ese mismo argumento uno podría decir: “Aquí el versículo 54, 55 de este capítulo 13 de San Mateo dice: “¿No es éste el hijo del carpintero?” San Mateo 13,55.

Entonces, eso significa que es el hijo del carpintero. Si ahí dice: “¿No son sus hermanos fulano, sutano, y mengano?” Y vamos a tomar que eso implica que son los hermanos de Jesús. Entonces, con la misma lógica, si ahí dice: “¿No es el hijo del carpintero?” San Mateo 13,55, quiere decir que Jesús era hijo de un carpintero, o el hijo de José.

Hermanos, eso es, me parece a mí, no entender La Palabra de Dios. “¿No es éste el hijo del carpintero?” San Mateo 13,55. Se equivocaban, no era hijo del carpintero, era hijo de María, pero había sido engendrado por el Espíritu Santo.

Y también se equivocaban cuando decían que pretendían explicar su misterio o su poder diciendo que sus hermanos eran Santiago, José, Simón y Judas. Tampoco eran sus hermanos. Así como se equivocaron diciendo que era hijo del carpintero, también se equivocaron diciendo que los hermanos eran esos.

Este pasaje del evangelio no está para que nosotros hablemos en contra de María ni de la virginidad de María, sino para que nos demos cuenta del principio al final, que la gente no se percataba del misterio de Cristo.

Bueno, y ese Santiago, José, Simón y Judas, y esas hermanas de las que ahí se dice, ¿quiénes eran? Pues la explicación es sencilla, tanto en hebreo como en griego se utilizan a menudo las palabras hermano o hermana para referirse a parientes.

A mí me causa un poco de gracia, que sean protestantes los que dicen: “Mire, ahí está la prueba de que Jesús sí tenía hermanos, y de que José y María tuvieron entonces otros hijos”. "-Bueno, ¿y ¿usted cómo se trata con los de su secta?" "-¡Ah, Ellos son mis hermanos!"

"Ah, entonces, su papá y su mamá sí tuvieron mucho!" Todavía hoy esos mismos señores se tratan de hermanos: "La hermana no sé qué", "el hermano si sé cuando"; “todos somos hermanos”, y leen este texto: “Los hermanos de Jesús”, y dicen: “No, pero éstos sí eran de papá y mamá”.

"-Usted utiliza ese lenguaje, habla de los hermanos." "-¡Ah! Es que somos hermanos, pero del Padre Celestial” "-Bueno, y aquí la palabra hermano ¿tiene que significar que habían tenido relaciones José y María?"

Por otra parte, yo más de una vez he hablado con estos cristianos, que ahora se llaman así “cristianos” a secas, y les he dicho, -y jamás he encontrado una respuesta que me convenza-: “Oiga, aquí entre nos, y en voz bajita, sin que nadie se dé cuenta, y ¿usted qué pierde con que la Virgen sea virgen? ¿Cuál es su problema?

No hay problema con eso, o mejor dicho, el problema es este: si ellos llegan a admitir que la Virgen es virgen, que la Eucaristía es como lo enseña la Iglesia, que la confesión es como la Iglesia enseña, pues entonces, no tiene nada de particular.

Y es necesario tener algo de diferente para poder decir: “Nosotros somos distintos de ellos”. Hermano, lea historia de la iglesia y notará que la reforma protestante nació así.

Es necesario que tengamos algo diferente, porque, o si no, no podemos ser un grupo diferente. Bien, pero tampoco vamos a caer en el extremo cómodo y sencillo de decir: “Nosotros, los católicos tan sufridos, siempre tan buenos, y siempre tan perseguidos” Nada de eso.

En los inicios de la reforma protestante, allá con Lutero, Calvino, y Swnglio, ya en esos tiempos la Iglesia Católica tenía que convertirse de demasiadas cosas, y no tengamos miedo de hablar de conversión de la Iglesia.

La Iglesia es santa por su origen, santa por su Fundador, santa por su Espíritu, pero esa santidad es una santidad en acción, y parte de la acción del Espíritu dentro de la Iglesia es moverla a continua conversión.

Entonces, no caigamos, por favor, en el sectarismo de los católicos, que es peor que cualquier sectarismo. Nada peor que un católico que siente que como él si tiene toda la verdad, y él sí tiene el paquete completo, todos los demás son unos pobres miserables; no. Muy al contrario. Tenemos demasiado que aprender de hombres como Lutero, Calvino y Swinglio.

Aquel que no tiene nada que aprender de su hermano, ese es realmente ignorante, y es realmente pobre. Entonces, no caigamos en extremos, no caigamos en fanatismos, pero tampoco nos dejemos embolatar con un texto como el de hoy. Bueno, ése es un tema adicional, no es el tema principal de las lecturas de hoy.

El tema principal de las lecturas de hoy, está más bien en aquello que dice Jesús “Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta” San Mateo 13,56. A Jesús no le creían, realmente no lo aceptaban.

Como una especie de anticipación de ese rechazo que sus conciudadanos tuvieron por Jesús, pues, ya vemos en Jeremías el mismo rechazo. Jeremías fue el gran rechazado de su pueblo. “Eres reo de muerte, porque has hablado contra el Templo” Jeremías 26,9.

Entonces, el problema es que una persona quiere servir a Dios y los que tiene cerca no le creen. Ese es el tema de las lecturas de hoy. Buscando un enfoque constructivo, yo quisiera, a partir de la pregunta que hacía la gente, además de equivocarse diciendo que era el hijo del carpintero, dicen en forma de pregunta: “¿Entonces de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de Él” San Mateo 13,56-57.

¿Sabe que la pregunta estaba bien hecha? ¿Sabe usted que esa pregunta es fundamental para llegar al conocimiento de Cristo? Vamos a preguntarle nosotros también, pero sin desconfianza: "Jesús, ¿de dónde sacas todo eso?" La pregunta es buena, quitémosle el matiz de incredulidad, quitémosle la cara de desconfianza.

Simplemente, preguntémonos como personas que quieren creer: "Jesús, ¿de dónde sacas todo eso? Y ¿qué es todo eso? Pues lo dice también la gente: “Fue Jesús a su ciudad, y se puso a enseñar en la sinagoga, la gente decía admirada ¿de dónde saca esa sabiduría y esos milagros?” San Mateo 13,56.

La persona que se acerca a Jesús, recibe de Él esa sabiduría y esos milagros, eso es lo que brota de Jesús: sabiduría y milagros. "¿De dónde saca, -es la pregunta-, esa sabiduría y esos milagros?" San Mateo 13,56. La pregunta estaba bien hecha pero la manera de responderla es la que despista.

Ellos querían explicar a Jesús a partir de su origen, que además veían como enteramente humano. Para ellos el origen de Jesús estaba claro: "José y María tuvieron un hijo, y ese hijo era como el ayudante del carpintero, y ese hijo, ahora nos viene aquí a predicar, y resultó profeta, ¡lo que faltaba!"

"¿De dónde saca todo eso?" San Mateo 13,56. El error es pretender explicar a Jesús a partir de los datos simplemente humanos. Es pretender que Jesús se puede explicar simplemente diciendo: “Yo lo conocí, yo lo vi crecer, yo sé quién es pariente de Él, yo sé quién es su papá, quién es su mamá". Ese es el error.

Pretender explicar a Jesús así, ese es el error. Pero la pregunta era maravillosa, y la pregunta nos va a servir también a nosotros. Vamos a formularla también nosotros: ¿De dónde sacas tú, Jesús, esa sabiduría y esos milagros? Esa pregunta estaba muy cerca de la revelación misma, de la fuente del amor de Dios, si no hubieran tratado de responderla carnalmente, es decir, “yo lo conozco, sé cómo es Él”. Nada más peligroso que esa frase.

Cuando uno dice: “Yo lo conozco”, significa: “No quiero conocerlo”. Fórmula para matar a una persona: “Yo lo conozco. Mire, “yo a usted lo conozco” significa: “Usted ya no me puede dar nada a mí”.

“Ya lo conozco, “yo sé cómo es usted” significa que "ya usted no tiene ninguna novedad que aportarme”, "ya usted no puede portarse de modo distinto”. El grave peligro aquí es que cuanto más cerca tiene uno a las personas, más difícil es no creer que uno ya las conoce.

Precisamente éstos, porque habían tenido tan cerca Jesús, por eso creían que ya lo conocían. Yo invito entonces a las familias, haciendo una primera aplicación de este texto, por favor, tengan mucho cuidado con esa frase: “Yo lo conozco”.

Es difícil no decir esa frase, con todo cariño lo digo a las mamás. Para la mamá, sí que es difícil reconocer que no conoce cosas de sus hijos; para un papá, pero quizás más para la mamá, “yo sé cómo es”.

Les voy a contar una anécdota sobre eso, de mi propia familia. Alguna vez mi querida mamá que vive en esta ciudad, en un grupo de oración me oye predicar, y bueno, le parece que sí, que salen palabras como bien hiladas, sí, más o menos. Eso no le causó problema. Me ve celebrar la Eucaristía, no le ve problema.

Alguna vez resulta que estábamos orando, y yo dije algunas palabras en lenguas, eso sí le causó problema: "Que ore en lengua, otro, el que quiera, el vecino, pero que venga éste, que yo lo conozco, y yo le he visto, yo sé qué le gusta a usted, cuál es la comida que le gusta, yo le sé leer la cara".

"Que venga usted.... Y finalmente, creyó, y después de eso, entonces me dijo: "Yo lo único que sé es que tú, Nelson, eres incapaz de decirme mentiras, y yo creo que tú no te inventarías una cosa así, y por eso yo voy a creer".

Pero yo veía el drama de ella. "¡No, pero si yo lo vi!" Bueno, si ustedes van a mi casa, mi papá y mi mamá les contarán todas las historias: que los pañales, que las diarreas, que las enfermedades, que luego el otro era malcriado, que el otro era consentido.

Oiga, y el muchachito que uno ha visto, que consentido, que malcriado, que enfermo, que caprichoso, que malgeniado, que no sé cuántas cosas más, de pronto resulta con que el Reino de Dios, y viva Dios, y no sé que más cosas. Eso es difícil.

Entonces, primera aplicación para nosotros de esta palabra: cuidado con la palabra “yo lo conozco”. Cuando usted le dice a una persona: “Yo te conozco”, en el fondo le está diciendo: “Ya no necesito conocerte”. En el fondo le está diciendo a esa persona: “Ya no vendrá ninguna novedad de ti”. Y segunda aplicación: esta frase es especialmente difícil no decirla cuando uno ha estado cerca de las personas, cuando uno está al pie.

Pero hay un misterio, María estuvo cerca de Jesús, imagínate, pero María sí cree en Jesús. María sí cree, sí capta el misterio de Jesús. Esto significa que la relación que María tiene con Jesús, es una relación en el Espíritu.

María es primero discípula de Jesús, que madre de Jesús. La relación de María con Jesús no es una relación carnal, no es la de la persona que simplemente adivina en la sonrisa y en la expresión del rostro del otro.

La relación de María con Jesús, es una relación en el Espíritu, y ¿qué significa exactamente una relación en el Espíritu? Una relación que pone en primer lugar, y por encima de todo, la obra que Dios está haciendo en la otra persona. Esto es una segunda enseñanza.

Por eso dice San Agustín que, “María primero concibió en su mente a La Palabra y luego la concibió en su carne”, y la relación de María con Jesús es primero la relación de la fe que cree, antes que ser la relación de "la carne que yo te he dado".

Cuarta aplicación: aplíquele esto también a las personas que usted conoce que son espiritualmente significativas. Cuando uno ve de lejos al predicador, al profeta, o ve señales, a uno le queda más fácil creer.

Uno ve, por lo menos en esas grandes sesiones de sanación, pienso en un Padre Darío Betancurt, y se siente que ahí está obrando el Espíritu de Dios. Supongamos que usted viviera con ese Padre en la casa, él no organiza sesión de sanación por la mañana, por la tarde, y "antes de dormirnos, hagamos una sesión de sanación", no.

Me acuerdo mucho una vez, precisamente con el Padre Darío, estaba en esa época todavía en Terranova, allá en el Minuto de Dios, y yo asistí esa noche un viernes. Bueno, este Padre llegó, y claro, como la sensación que la gente tiene es, si me perdonan la expresión, una maquinita de hacer milagros.

Entonces, llegó el Padre Darío. Estaba agotado, pero como llegó a Terranova, pues tenía la gentileza de hacer una oración de sanación, como quien dice: "¡Pónganle otra vez las pilas! Y "on”", ¡que funcione!

Bueno, yo lo vi llegar, a mí me habían hablado mucho de él, es extraordinario como predicador y taumaturgo. Yo estaba con esa expectativa: "¡Va a aparecer! ¿Cómo será el padre Dario Betancourt?"

Entra un hombre bajito, que sonreía trabajosamente, sudado, agotado, cabizbajo, y que él me perdone, creo que nunca se enterará que yo estoy hablando de él, la sensación que a mí me dio es que ya estaba fastidiado, estaba sobresaturado de gente, en ese día por lo menos.

Pero, era evidente que hizo un esfuerzo, se sobrepuso, tomó el micrófono, hizo una predicación lindísima, sobre Romanos 8,28, e hizo una oración por la gente, y yo creo que esa noche durmió muy profundamente. Ese fue el padre Darío Betancurt. Entonces, yo les advierto solemnemente a todos, acercarse a las personas que nos parecen especiales, hará que ya no nos parezcan especiales.

Usted ve al líder, al coordinador, al servidor del grupo de oración, ve al padre, incluido al Padre Nelson. Entonces, yo le voy a contar algunas de mis miserias. Por ejemplo, supongamos que usted se acerca a mí, resulta que yo casi no tengo tiempo de hacer deporte, pero cuando puedo hago un poquito de deporte.

Me gusta, por ejemplo, patinar, y tengo patines en línea. Entonces, supongamos que usted me aprecia, me quiere, y en algún sentido, me admira, supongamos que tal cosa puede suceder, y entonces llegó el día en que el Padre Nelson va patinar, ¡genial!

Se ve que el Padre Nelson es un tipo abierto, el Padre Nelson no patina con hábito, el Padre Nelson se pone una sudadera; invariablemente, cuando el Padre Nelson se pone la sudadera sucede que la gente diga: “Ahora sé por qué utiliza el hábito”.

Cuando aparece el Padre Nelson en la sudadera, entonces aparecen todos los almuerzos de trabajo, y todas las onces; se ven todos los gorditos, las desproporciones, y desde luego, cuando usted me ve ahí, andando en sancos, sin la más mínima, agilidad o gracia, ya no le resulta tan fácil confesarse conmigo.

¿Ve usted, querido amigo? Acercarse carnalmente dificulta seguir creyendo, y por eso las personas, en la medida en que tengan un acercamiento de amistad, de amor, de compañerismo, de lo que sea con quien predica, con el sacerdote, particularmente, deben siempre enjuagar su corazón en el Espíritu, y en María Santísima.

Si no, créanme, que le pierden la fe a los sacerdotes, y le pierden la fe a la Iglesia, eso es así. Me he encontrado con casos, especialmente en parroquias alejadas, donde en Semana Santa se confiesa todo el mundo, allá llega el perro también, menos el sacristán y la hermana del cura, ellos no se confiesan.

Si usted se va acercar por amistad, por servicio a la Iglesia, a la persona de un sacerdote, sepa que antes y después de cualquier cercanía con el sacerdote, tiene que enjuagar su corazón en el Espíritu, y tiene que sumergir su corazón en el Corazón Inmaculado de María, si no, olvídese. Además, ese tipo de cercanías despistan muchísimo, porque lo que a unas personas les parece simpatiquísimo, a otras personas las escandaliza.

Por ejemplo, yo prefiero dar ejemplos sobre mí y no correr el riesgo de lastimar a nadie. Usted tiene algún grado de devoción, y de credibilidad, y ha sentido cosas, hay veces que la gente se acerca y le dice: “¿Sabe que tal predicación me llegó?”

Bueno, maravilloso, ¡bendito sea Dios! Después de eso, usted me ve comiendo una hamburguesa, por ejemplo, me gustan las hamburguesas, me ve patinando torpemente, me ve cansado, como me tocó ver al Padre Darío en aquella oportunidad, me ve falto de virtud, porque ese soy yo, un falto de virtud. Eso es complicado, eso es difícil.

Si usted no establece una relación en el Espíritu con la persona del predicador, del sacerdote, su fe en vez de mejorar se empeora.

Y esa es la explicación, perdone que le hable así, de por qué a mucho seminarista la fe se le baja, y por qué a mucha monja la fe se le baja, dicho por ellas. Yo he conocido religiosas que estaban, por ejemplo, en el grupo de oración, en la Renovación, en fin, y entran a una Comunidad, y de pronto, "¡ay! yo como que antes creía más", dicen, “no, yo antes creía más”.

Es por eso, porque uno se acerca y empieza a tratar a las personas, y se le olvida que toca sumergirse, "glu, glu, glu", en el Espíritu Santo, y dejarse enjaguar en el Espíritu.

Y pensar siempre la relación con este género de predicador, una relación en el Espíritu. ¿Qué quiere decir una relación en el Espíritu? Hay que buscar la gloria de Dios para esa persona, y hay que buscar la gloria de Dios en mi vida. Cualquier otra cosa, yo no estoy hablando aquí de problemas solamente, de amigos o de amigas. La gente con las mejores buenas intenciones, pierde la fe, disminuyen la devoción.

Desde luego, que el caso más grave, pues es el de la persona que en ese acercamiento, por ejemplo, a la persona del sacerdote, establece un afecto puramente carnal, eso, puede darse.

Ese será el caso más grave, pero yo no me estoy refiriendo tanto a ese caso, que alguna vez se ve, sino sobre todo al de las familias o al de las personas, que cuando ya lo tienen a uno cerquita, dicen: "¿Esto era? ¿Con estas debilidades, con estos cansancios, con estas incoherencias?"

Y entonces, empiezan a hablar lo mismo que aquí dice: “No es su madre, y sus hermanos, y sus hermanas. Oiga, ¿De dónde saca todo eso? ¿A qué horas aprende? ¿A qué horas estudia?

También, a uno le pasa lo que dice aquí, “Y desconfiaban de Él” San Mateo 13,57. Créanme, de todo corazón, no van a hacer nada serio en la Iglesia, sino acercándose a los sacerdotes y trabajando con el sacerdote. Eso es una realidad.

Pero hay otra realidad, no hay manera de acercarse al sacerdote sin perder la fe, sin disminuir la fe, a menos que usted al acercarse al sacerdote, antes y después, se sumerja en el Espíritu, y durante, antes y después, mantenga su corazón en el Corazón Inmaculado.

Y esa doble enseñanza, yo creo que es útil. Mientras usted siga viendo al sacerdote por allá lejos, o al predicador, o al que sea, usted nunca se va a comprometer con la Iglesia. Pero cuando comienza a acercarse al sacerdote, o al predicador, tiene que darse sus buenas remojadas en el Espíritu Santo, y tiene que permanecer en el Corazón de María, para que de ese encuentro salga fortalecido.

Bueno, y eso ¿sí sucede? Sí, claro que sucede, porque aquí está mi querido amigo Fray Freddy, y aquí está su querido amigo Fray Nelson. Bueno, nosotros vivimos en el mismo Convento, y aquí vivimos con otros religiosos y con otros sacerdotes.

Si aplicamos la misma regla, conociéndonos todos, y viendo las embarradas, pues a estas alturas yo creo que yo no tendría que tener tres milímetros de fe. ¡Sí se puede! ¡Claro que se puede! ¡Y Dios lo hace!

La mayoría de las veces, yo no sé si eso le conste a una persona como a mi hermano Freddy, yo escojo para confesarme sacerdotes de mi mismo Convento, de aquí mismo, también voy a otras partes, pero quiero y prefiero confesarme con sacerdotes aquí del mismo Convento.

Porque, por una parte, supone una humillación adicional. Siempre es complicado eso de que la persona que está con uno, póngase usted a considerar, y verá que eso tiene su dimensión; supone una humillación adicional, que yo la necesito, y supone un ejercicio de fe adicional.

Porque, yo también conozco las deficiencias y los errores y los problemas de quien me está confesando. Yo no confesaría automáticamente a los que viven aquí en el Convento. ¿Qué quiere decir eso? Que yo vivo con otras personas a las que conozco en muchísimos aspectos, buenos y malos.

Pero, que conociéndolos así, fíjate que sí se puede establecer una relación en el Espíritu. La vida comunitaria en la Iglesia, tanto para religiosas como para religiosas, es una prueba de que ese género de vida en el Espíritu sí es posible. Eso es otra explicación práctica.

Pero, creo que es el momento de llegar a lo más hermoso. Hemos estado con la pregunta: “¿De dónde saca todo eso?” San Mateo 13,56. Qué pesar, no de que se hicieran la pregunta, sino de que pretendieran responderla tan mal.

Bueno vamos a preguntarle: “Jesús, ¿tú de dónde sacas todo eso? ¿De dónde sacas esa sabiduría y esos milagros? Al que se hace esa pregunta, y no la responde carnalmente, dice San Pablo: “Si en un tiempo conocimos a Cristo según la carne, ya no” 2 Corintios 5,16

Si uno se hace esa pregunta ante Jesús y no la responde carnalmente, ¿qué encuentra? El manantial de la gracia. ¿Ustedes saben por qué uno busca explicaciones carnales de la obra de Cristo? Porque uno está acostumbrado a negociar, y no hay nada que negocie tanto como la carne.

¿Cómo ama la carne? "Yo te sonrío y tú me sonríes; si tú vas a cambiar conmigo, yo no voy a ser el mismo contigo". Esa es la carne, ese es el amor carnal. Pero habrá que aclarar otra vez, aunque ya lo he hecho en otras ocasiones: carne y amor carnal y pecados de carne, no significa solamente sexo, no, en La Biblia, no.

El amor carnal siempre reclama que la cosa esté equilibrada: "Yo te doy treinta y cuatro centavos de sonrisa, y tú me das treinta y cuatro, y si puedes dame más, porque en el fondo soy pobre". Esa es la carne. "Y si tú no me vas a dar tus treinta y cuatro centavos, pues yo te daré 3treinta y dos".

Entonces, ella dice: “-¿Con que mucho treinta y dos? Pues ahí van mis treinta y uno", "-¡ay! vamos a discutir, vas a empezar otra vez, te daré entonces veintisiete". Esa es la historia de las peleas en las parejas, en las familias, en los noviazgos.

"-Ah, de manera que ahora estamos más complicados, ahora se te volvió tiesa la cara y no me puedes sonreír; yo también sé ponerme tieso, no tengo ningún problema, a mí también me da ese Parkinson, ¡mamita!" Ese es el amor de la carne.

El amor de la carne es un amor que se paga: "Bueno, le voy a dar ochenta pesos de amistad, y usted me hace el favor y me da ochenta pesos; y si puede, deme más, porque en el fondo necesito más". Cuando uno medita en estas cosas, se da cuenta de que es prácticamente imposible un matrimonio que no esté fundado en el amor de Dios.

Porque, inevitablemente las parejas van a llegar a eso; llegará un día en el que ella no le pueda dar los ochenta pesos de cariño que él quería, entre otras cosas, porque ese día ella está agotada, porque le fue mal en el trabajo, porque las cosas le han salido mal, porque se le fue la empleada.

No le puede dar exactamente los ochenta pesos, le da setenta y ocho, y cuando ella le da los setenta y cho de cariño, entonces, él dice:“¡Ah! Bueno, es que yo también sé desquitarme, no tengo ningún problema; ¡ay!, orgullositas a mí, yo como usted he toreado muchas”.

"Ah, viene aquí de orgullosita; si, he sido muy toreado en muchas plazas, yo esa me la sé, vaya que la lamba un sapo”. Entonces él baja, ¿cierto? Ya no da setenta y dos pesos, sino él baja por allá a treinta pesos, o a veinte pesos. Y ella baja.

Y, ¿sabe qué es lo más cruel? Y por esto se vuelve un infierno los hogares, que como ya se conocen tanto, ya saben donde darse para que duela.

-¡Ay! Mijito, ¿por qué no baja un poquito la cabeza?" "-¿Para qué quiere que baje la cabeza?" "-Para darle en el chichón". Como ya sabe dónde le duele al otro, y ya sabe donde es que es,¿no? Entonces claro, la vida de familia se convierte en un problema que no se resuelve, porque cada vez baja más y más. Entonces, cuando ya no encuentran manera, cuando ya no hay modo....

Mir,a lo que necesitamos es lo que dice la canción: “Necesitamos una segunda luna de miel” "-¿Por qué no organizamos, por ejemplo, a ver, ¿qué hacemos, algo raro? Yo voy hacer aquí una lista, que en parte es grotesca, de esas cosas raras que empiezan a ocurrírsele a las parejas.

Digamos las que puedan salir en televisión, por ejemplo: "-Salgamos de compras, vamos y compramos y nos distensionamos un poco". Bueno, entonces, vamos a salir de compras, un paseo, una fiesta, o alguna otra cosa, que sea publicable; en el fondo, es salgamos de compras; es decir, siempre es "recibamos más bienes".

Bueno, y ambos salen de compras. "Vayamos a un centro comercial como en aquellos tiempos; ¿tú recuerdas cuándo te di ese primer helado Y tú me diste, ¿te acuerdas que tú escribías unas poesías horribles?. "-Nunca me dijiste que mis poesías fueran horribles".

"-A ver cómo te explicara, eh, bueno no eran tan horribles. Pero, salgamos de compras". Y salgamos de compras es que cada uno empieza a pensar: "¿Yo qué voy a recibir de esto? ¿Yo qué voy a sacar de esto?"

Nada más terrible que sostener un nosotros cuando lo que hay es dos yo. Eso sí que es cruel. Mantener el nosotros, cuando lo que hay es dos yo, y esos que no se doblan. En realidad no necesitan "salgamos de compras", no necesitan un paseo, no necesitan placeres exóticos.Lo que realmente necesitan es meterse a una olla de presión para ablandarse.

Y por eso Catalina de Siena, una Santa Dominica del siglo XIV, de la que hay que hablar muchas cosas, que amaba muchísimo a sus hermanos, siempre le hizo esta petición a Dios: “Señor, mándales el número de desgracias que necesiten para estar unidos".

Lo cruel del caso, o lo hermoso del caso, fue que Dios le escuchó esa petición, ¡semejante Santa! Entonces, yo, un día en mí casa, les contaba esto a los de mi familia: "¿Si saben que Catalina de Siena...." Se me pusieron serios, y uno me dice solemnemente: “Ni se te ocurra decir esa oración”.

Pero en el fondo, lo mejor que se le puede desear a muchos matrimonios, es eso: “Señor, mándales el número de desgracias que necesiten para permanecer unidos”. Porque van a ser esas desgracias, la olla de presión. Lo que se necesita no es abundancia.

Se lo voy a explicar con este ejemplo, que es el de las bendiciones grandes en los mensajes de La Virgen. ¿Por qué es tan hermoso y por qué es tan fructífero el ayuno? La razón es muy sencilla. Vamos a suponer que usted y yo, que creo que lo necesitamos, ayunamos.

Cuando ayunamos tenemos la misma hambre. Acabó el ayuno, nos traen aquí, por ejemplo, algo que tal vez le guste a usted, no sé si me guste a mí, una lechona. En el momento de la lechona, usted dejó de pensar en mi hambre y yo dejé de pensar en la suya. Si en el momento de la lechona es: "¿yo qué alcanzo a hacer en este caso?" Cada uno mira por su plato. Cuando hay abundancia, hay dos platos; cuando hay escasez, hay una hambre.

Entonces sí se necesitan escaseces y sí se necesitan pobrezas. Yo siento tan cerca de maldición los hogares ricos. Casi no encuentro hogares ricos donde se viva con cierta plenitud el Evangelio. Las desgracias más terribles, las soledades más espantosas, las neurosis más críticas, las patologías más irreparables, las he encontrado en los mejores hogares social, económicamente hablando.

A esos hogares les faltó una Catalina de Siena, o disminuya diez millones de veces la proporción, un Nelson Medina que hubiera orado, y hubiera dicho: “Señor, mándales las desgracias que necesitan para permanecer unidos”.

Porque cuando hay hambre, hay una sola hambre; cuando hay abundancia, hay dos platos; y si hay más abundancia hay cuatro platos, ocho platos, hasta que "yo tengo mi loza y tú tienes la tuya", "y yo te he dicho muchas veces que si tu quieres utilizar mi loza, lo podrás hacer los martes, los jueves por la mañana, o los domingos por la noche".

"Yo he sido muy claro contigo en eso". "–Si, pero tú...." "-¿Quién te ha dado a ti esa tarjeta de crédito? No te serví de codeudor para que tú hicieras eso. "-Tú siempre me hechas… " "-Pero tú...".

Eso son las peleas. A veces pienso: cuando estaban adquiriendo tanto dinero, si no estaban comprando su separación, si no estaban adquiriendo su maldición. Está muy cerca, si no es exactamente lo mismo, la abundancia de dinero está muy cerca de la maldición.

Y la gente que acumula dinero, muy difícilmente puede librarse de estar acumulando maldiciones. "Ay, padre eso se le oye muy bonito a usted hablando de las familias, pero hay que ver la Iglesia." Sí, estoy hablando de la Iglesia también. Estoy hablando del daño salvaje que ha hecho el dinero en las comunidades religiosas.

Estoy hablando de eso, y estoy hablando de que los problemas más gordos que ha tenido nuestra Comunidad y las Comunidades que usted conoce no han sido por pobres, ni han sido por necesitados, ni por predicadores, ni por orantes.