O173001a
Fecha: 20020731
Título: En medio de la incertidumbre, escuchar la voz de Dios
Original en audio: 8 min. 22 seg.
Hermanos:
Una de las particularidades del Profeta Jeremías, podemos decir, entre todos los Profetas del Antiguo Testamento, son esos fragmentos que algunos estudiosos de la Biblia llaman las confesiones de Jeremías.
Fue tan tormentosa, fue tan dura la vida de Jeremías, fue tan duro su ministerio, que de alguna manera este hombre se vio obligado a entrar en sí mismo, a hacer una especie de análisis, llamaríamos, de su propio corazón, de su propia situación.
Y nos han quedado fragmentos preciosos de esas introspecciones, de esa lectura que Jeremías hace de su propia circunstancia, de su propio dolor. Las introspecciones de Jeremías son tanto más intensas, cuanto mayor es la soledad del Profeta.
Como él sintió que Dios le decía: "No busques mujer, no hagas un hogar" Jeremías 16,2, y ésa también era una señal profética por el final que se venía para la Casa de Judá con el destierro, como Jeremías vivía esa soledad, privado incluso de su propio hogar, ¿qué significa eso? Que este hombre no tiene más descanso, no tiene en quién descansar sino en Dios.
Pero este es el Dios que al mismo tiempo lo llama, lo lanza, lo envía en ese ministerio terrible de anunciar la infidelidad y de proclamar la sola fidelidad de Dios. Por eso, se da una relación compleja entre Dios y Jeremías. Porque Dios es al mismo tiempo el que le envía al dolor y el que le envía el consuelo.
Si no fuera por Dios, Jeremías no tendría que sufrir tanto. Pero si no fuera por Dios, Jeremías no tendría en dónde descansar. Por lo tanto, la relación entre el Señor Dios y Jeremías, es una relación que podemos llamar compleja. No es una relación simple, sino se parece a esos misterios que tiene el amor humano cuando al mismo tiempo atrae, pero hace sufrir.
Jeremías, consciente de esta analogía, de esta comparación, habla así de su relación con Dios y dice: "Yo intentaba acallar, yo intentaba frenar la Palabra. Tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón" Jeremías 16,2.
Ahí parece el disfrute de una amada con su amado. Pero más adelante expresa: "No me senté a disfrutar con los que se divertían. Forzado por tu mano, me senté solitario" Jeremìas 15,17. Es como el amor que atrae, que envuelve y que sin embargo, hace sufrir. ¿No es una experiencia que tanta gente tiene?
"Si yo no me enamorara, no sufriría", oye uno decir a la gente. "¿Para qué amo yo a ese hombre? ¿Para qué amo yo a esa mujer? ¿Para sufrir? ¿Para que me haga sufrir?" Mas, es un sufrimiento que tiene como su propia dulzura. Es un sufrimiento que abre el corazón a una realidad diferente, un sufrimiento que lleva a la persona más allá de sí misma.
El amor y el dolor van muy unidos. Esto lo saben todos los enamorados. Pero ese dolor se hace soportable por la fecundidad del amor, y ese amor se hace fuerte con la victoria sobre el dolor.
Jeremías, en su experiencia de Profeta, lo vive con fuego. Se queja ante Dios, diciéndole: "¿Por qué se ha vuelto crónica mi llaga y mi herida enconada e incurable?" Jeremías 15,18. Y se queja más: "Te me has vuelto arroyo engañoso de aguas inconstantes" Jereremías 15,18.
¿Por qué le habla así a Dios? Porque Dios es el Dios de las sorpresas, porque no podemos meterlo dentro de nuestros esquemas, porque no podemos predecirlo, porque como el verdadero amor, el Señor Dios nos lleva por caminos inesperados, nos da regalos maravillosos, o nos envía por terrenos y parajes oscuros, donde nos visitan el sufrimiento y por qué no decirlo, la traición.
Así, Jeremías se queja ante Dios y recibe una respuesta: "Si vuelves, te haré volver a mí; estarás en mi presencia" Jereremías 15,19. Dios no se disculpa con Jeremías, sino que lo invita a un amor más grande, a una adhesión más plena: "Para que yo no sea un extraño para ti, pégate más a mí.
"Únete más, fúndete más conmigo y comprenderás el misterio, comprenderás lo que está sucediendo, descubrirás la fuerza de mi amor y la sabiduría de mi designio"Jereremías 15,19.
Estas palabras son también para nosotros. También para nosotros es esa búsqueda, esa sensación de desconcierto, esas aguas inconstantes, ese no saber a qué atenerse. Todas estas son experiencias que muchas veces encontramos en nuestra vida. Pero el Señor tiene por toda respuesta: "¡Pégate a mí! Separa la basura de lo precioso y tú serás como mi boca" Jereremías 15,19.
Hermanos, que en medio de las incertidumbres que tiene toda vocación cristiana vivida a fondo, -y esto lo sabemos por las vidas de los Santos, por los desconciertos que tuvieron que pasar, por los desiertos que atravesaron-, que en medio de esos desconciertos, se haga fuerte en nosotros la voz del Espíritu diciéndonos: "¡Pégate más a mí y comprenderás la grandeza de mi amor, comprenderás la sabiduría de mi designio!" Jereremías 15,19.
Que venga el Espíritu a nosotros, que se apodere de nosotros y que nos haga capaces de discernir el querer divino en medio de las incertidumbres, las tentaciones y los desconciertos.
Amén.