O164001a
Fecha: 20040722
Título: Seamos conscientes de nuestras responsabilidades
Original en audio: 7 min. 27 seg.
Queridos Hermanos:
Quizá no es necesario repetir aquí, lo que hemos dicho en otras ocasiones sobre la soledad y el dolor que tuvo que vivir el Profeta Jeremías.
Verdaderamente, pocos personajes en el Antiguo Testamento reflejan con tanta claridad ese dolor de amor, que luego veremos perfectamente retratado en el Corazón de Jesucristo en su Pasión. Dolor de amor, lo llamo, porque tiene su origen exactamente en éso, en el amor, amor a Dios y amor al pueblo.
Y porque es un amor a Dios, porque es un amor tan grande a Dios, pues es también una gran ocasión de dolor, ya que cuanto mayor es el amor, mayor es el dolor. Duele ver al pueblo de Dios dándole la espalda a su Creador y Redentor.
Ese es el dolor que experimenta Jeremías. Lo describe con muchas imágenes, de muchas maneras, en ese libro que lleva su nombre. Por ejemplo, en el día de hoy: "Han dejado la fuente viva y se han cavado fuentes o cisternas secas, cisternas agrietadas, fuentes sin agua" Jeremías 2,13.
Lo mismo podríamos decir nosotros. En el documento del Sínodo de los Obispos para Europa, -ese documento que se llama "Ecclesia in Europa"-, precisamente se habla de éso, de cómo masas inmensas, poblaciones enteras, un porcentaje abrumador de cristianos, en realidad está dándole la espalda a su Creador, está dándole la espalda a Dios, está desertando. Ese documento habla de una apostasía silenciosa: el pueblo de Dios, dándole la espalda a Dios.
Por eso, si en nosotros queda algo del amor de los Profetas, si en nosotros queda algo del corazón palpitante de Jeremías, yo estoy seguro, mis hermanos, que también nosotros sentiremos dolor de ver lo que está sucediendo en Europa, y de ver lo que está sucediendo en muchas partes del mundo.
Porque, lamentablemente, este no es un problema, o este no es un asunto solamente de Europa. En varios lugares de la tierra se está dando esa misma circunstancia, esa apostasía, ese darle la espalda a Dios, ese rechazar a veces con buenas maneras, -pero qué importan las buenas maneras-, ese rechazar el amor, darle la espalda al Creador.
Pero el Profeta Jeremías nos enseña de dónde viene esta circunstancia. Esto no se da porque sí. Esta apostasía del pueblo tiene primero una responsabilidad en los jefes o líderes del pueblo. ¡Cómo me golpean esas palabras de Jeremías en el día de hoy! Cuando dice: "¡Es que los sacerdotes no preguntaban dónde está el Señor! Y los que estudian la Ley, no se preguntaban por la voluntad, por el querer, por la enseñanza de Dios" Jeremías 2,8.
Es decir, los maestros de la Ley, los sacerdotes, los profetas, los jefes, los líderes, le dieron la espalda al Señor.
Aunque vivimos en un tiempo en el que se predica tanto la grandeza del individuo, tanta gente cree que puede hacer con su vida más o menos lo que le parezca, cada quien sigue el camino que quiere, toma las decisiones y se habla tanto de autonomía, hermanos míos, el ser humano es social por naturaleza.
Vivir con otros seres humanos significa en buena parte, seguir los pasos, los ejemplos, los estilos, los modelos de otros. Ya se trate de una estrella del rock, o ya se trate de un santo predicador, siempre estamos siguiendo la voz de alguien, siempre estamos atentos a lo que otros hacen.
De ahí que corresponde, sobre todo a los que van adelante, corresponde sobre todo a los líderes, corresponde sobre todo a aquellos que atraen la atención y el amor de la gente, corresponde sobre todo a ellos, la responsabilidad y también el mérito, el premio, cuando hacen las cosas bien.
Si nosotros, que de alguna manera tenemos una voz, o tenemos una capacidad para invitar, o para convocar, utilizamos esa gracia para llevar a la gente hacia el Señor, pues eso tiene un mérito grande y además tiene un esfuerzo grande.
Pero si por el contrario, -y Dios nos libre-, ese liderazgo se convierte en comodidad, se convierte en egoísmo, -como diría el Profeta Ezequiel-, "si nos volvemos pastores que se apacientan a sí mismos y nos olvidamos del rebaño" Ezequiel 34,2;Ezequiel 34,8.
O si los líderes de la nación, o si los literatos que tienen pluma inspirada, o si los filósofos profundos, si éstos que tienen una palabra que decir al pueblo, le dan la espalda a Dios, inevitablemente, muchos que van detrás de ellos, harán también lo propio y de ahí vendrá la apostasía.
Por tanto, hermanos, el texto de Jeremías a todos nos sacude, a todos nos conmueve y a todos nos implica. Pidamos al Señor, que seamos conscientes de nuestras responsabilidades y que cada quien desde su lugar, el padre de familia en su casa, el maestro en el salón, el legislador allá en el Senado, el presidente en su despacho, sea consciente de lo que significa responder. ¡Responder! De ahí viene responsabilidad.
Tener una responsabilidad, es tener que responder. No olvidemos que hubo uno que se llamó Caín, que no quiso responder. Eludió su responsabilidad: "¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?" Génesis 4,9. Eludió responder, eludió la responsabilidad y Dios le dijo: "La sangre de tu hermano está clamando contra ti" Génesis 4,10. De manera que lo llamó nuevamente a responder.
Y ante Dios, muchos de los líderes, políticos, sacerdotes, artistas, filósofos, escritores, tendrán que responder por mucha sangre, por mucho engaño, por mucha mentira que se ha regado en esta tierra.
Dios tenga compasión de nosotros y a todos nos mueva a conversión, por los méritos del Santo Profeta Jeremías.
Amén.