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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000720

Título: Dios quiere construir con nosotros una historia

Original en audio: 11 min. 17 seg.


La palabra que más se repite en la primera lectura, a la que quiero referirme, es la palabra juicio, justicia. Hay una expresión que me llama la atención profundamente: "En la senda de tus juicios te esperamos, Señor" Isaías 26,8.

Nosotros estamos acostumbrados a pensar en el juicio, por ejemplo, el Juicio Final, pero ese Juicio Final no es el único juicio. Precisamente se le da ese adjetivo para distinguirlo de todo un camino de juicios. Dios va haciendo un camino, una senda de juicios, Dios va revelando su voluntad, Dios va mostrando qué es lo que le gusta y qué es lo que reprueba.

Y en ese camino va caminando o quiere ir caminando este profeta. Al final de ese camino hay uno que es el juicio último, el juicio definitivo. Ese juicio definitivo para cada uno de nosotros sucede fundamentalmente cuando llega la hora de la muerte, y sucederá para el universo, enseña nuestra fe, al final de los tiempos, el Juicio Final.

Pero esta lectura nos hace penar en la senda de los juicios de Dios, nos hace pensar en que Dios va dando señales y va diciendo qué le gusta y qué no le gusta, y va mostrando aprobación o desaprobación.

Y el que quiera encontrarse con Dios necesita acercarse a esa senda, es decir, necesita aproximarse y aprender a reconocer el camino. Como decía alguno de los profetas: "Preguntad al camino para ver si es el camino" Jeremías 6,16

¿Y qué es eso de reconocer los juicios de Dios? Dios manifiesta su opinión de muchas maneras. Por ejemplo, y lo más importante sin duda, en la voz de nuestra conciencia: qué queda en nosotros después de ciertas obras que hacemos o de otras que dejamos de hacer.

Eso que queda en nosotros, es en el fondo una opinión de Dios, ¿qué queda cuando nos descuidamos, cuando no damos la medida, cuando hacemos más lo que nos parece que lo que sabemos que debemos hacer, qué queda en nosotros? Queda una voz,la voz de la conciencia, que ya nos enseñaron desde pequeños, es la voz de Dios, y esa voz dice: "No es por ahí, obraste por donde no era".

Ahí hay un juicio, hay una opinión, hay una obra de Dios que nos está diciendo: "No es por ahí, vuelve al camino".

La Palabra muchas veces nos interpela, la Palabra muchas veces nos obliga como a mirar hacia dentro, la Palabra muchas veces nos denuncia, incluso, nos hace ver claramente: "Esto que estás haciendo no es, por ahí no es", o nos está diciendo: "Por aquí sí es".

San Antonio Abad, uno de los precursores del camino en la Vida Consagrada, enconó su camino en la senda de los juicios de Dios. Él entró en la iglesia un día y se estaba leyendo aquel evangelio: "Si quieres ser perfecto, vete, dale todo a los pobres; luego, ven, y sígueme" San Mateo 19,21.

Y él sintió como si hubiera sido una voz para él y quedó fascinado, cautivado por esa voz, por esa palabra, y dijo: "Pues lo voy a hacer". Y así él se dejó guiar por esa voz; él sintió que ahí mostraba Dios su aprobación.

¡Es tan hermoso sensibilizar el oído! Para esos son los retiros, los retiros son para sensibilizar el oído. Porque, claro, uno tiene la voz de la conciencia, pero a veces no la escucha, además, hay conciencias que no son formadas, además, uno trata de acomodar lo que dice la conciencia a la mediocridad de uno.

En el retiro uno se prepara a sensibilizar el oído, oír con más atención, con más amor; oír con mayor profundidad el querer divino, a ver qué es lo que se está contando en la Jerusalén del Cielo y ver si yo estoy preparando mi voz y el tono de mi alma para ese Cielo.

Entonces, la Palabra también es una senda de los juicios de Dios, Nuestros Pastores y legítimos Superiores también nos dan muchas veces esas opiniones; sobre todo nosotros los religiosos, a través de nuestros legítimos Superiores, nosotros encontramos ahí una voz de Dios, tal vez de las más difíciles de reconocer, porque uno tiende a quedarse con la parte humana.

Y a veces incluso cae más abajo: pretende juzgar de las intenciones del Superior: "No, esto me lo dice por estoy por esto". Estos análisis son estériles. La verdadera espiritualidad en la Vida Consagrada es que, si es mi legítimo Superior y si no está pidiendo nada contra la Ley de Dios, pues esa es, esa es la voluntad del señor para mí.

Pero aparte del caso de los religiosos, todos nosotros recibimos mucha voz de Dios a través de la palabra de los Obispos y particularmente del Obispo de Roma, el Papa. Cuando el día del desfile aquel de los homosexuales en Roma, el ocho de junio de este año dos mil, el Papa, en dos minutos o en tres minutos, hizo un comentario, hizo una pequeña lectura tomada del Catecismo de la Iglesia Católica.

Es una palabra que está ahí en la Escritura, eso no se lo está inventando el Papa: "Ni los adúlteros, ni los homosexuales, ni los afeminados heredarán el Reino de Dios" 1 Corintios 6,9; eso está ahí en la Escritura, y el Papa, así se le venga el mundo encima, pues está sujeto a esa palabra.

"-Ah, pero ese no es el juicio que concuerda con mi ansia de placer, con mi historia, con mis traumas". "-Hombre, Dios tendrá una palabra para ti, Dios la tiene, pero rechazar lo que te dice, no es la mejor manera de encontrarlo.

Entonces, a través de la voz del Papa, cuando se le hace caso y cuando no se le hace caso, ahí también aparece una luz poderosa. Qué hermoso: "Buscar a Dios en la senda de sus juicios"! Isaías 26,8.

Pero fíjate que ahí no decimos solamente un juicio. Hay una senda, una senda es un camino, un camino es como una historia: Dios va haciendo una historia con cada uno de nosotros, va haciendo una historia.

De pequeños se nos dijo una cosa, en cada retiro nos va diciendo cosas; va llegando el momento del retiro y seguramente tú ya te estás acordando del retiro que hiciste hace seis meses, hace un año; tú estabas también en retiro y ahí, y ahí la voz de Dios, te habló, te mostró ciertas cosas.

Y Dios quiere seguir construyendo contigo una historia. Dios no es un Dios caprichoso, que hoy te dice una cosa y mañana te dice otra.

Hay que ir descubriendo, hay que ir desentrañando el plan de Dios dentro de la propia vida. "A ver, Señor, qué es lo que tú me quieres decir, cómo es la cosa. Primero me dijiste que te amara más, luego me dijiste que me querías pobre, luego me dijiste que me querías en comunidad, luego me dijiste..."

"-Sí, yo te fui diciendo todo eso porque mi palabra te va esculpiendo; tú eres una escultura, pero estás a medio hacer. Es la palabra, es mi voz, es la senda de mis juicios lo que poco a poco va construyendo la obra en ti".

Así como si al niño lo sacamos del vientre de la mamá a los tres meses o a los cuatro meses, entonces no es un niño sino que es un aborto, así también, si nosotros nos salimos de las sendas del juicio de Dios, si nos salimos de esa historia, si nos tapamos los oídos y huimos de esa voz, nos convertimos en abortos.

El infierno es el lugar de los abortos espirituales, es el lugar de aquellos que le dijeron a Dios: "No me interesa tu plan, no lo quiero, nunca lo querré"; ése es el infierno.

Dios quiere formarnos, Dios quiere construir con nosotros una historia. ¡Cómo es de importante, al empezar un retiro espiritual, decirle: "Señor, haz sensibles mis oídos para descubrir tu voz, tu plan, para reconocer la historia que tú quieres construir conmigo. Ayúdame a encontrar esa historia, ayúdame a ser fiel a ella".

Y también es importante que en este caso yo, como predicador, que han querido invitar para esta jornada espiritual, es importante que yo tome conciencia de una cosa: yo soy sólo un pedacito, una pequeña parada dentro de ese camino.

Dios quiere hacer contigo un camino muy largo, ¿quién soy yo? Yo soy una pequeña paradita, yo soy un pequeño lugar, yo soy un segmento minúsculo de de toda esa historia que Dios va haciendo contigo día por día.

¿Qué me corresponde a mí? Permanecer en manos de Dios, suplicar el Espíritu del Señor, para que este pedacito esté como iluminado por Él, esté acompañado de Él.

Esa expresión tan hermosa con la que terminaba la primera lectura, es la misma con la que yo quiero terminar: "Tu rocío, Señor, es un rocío de luz, y la tierra de las sombras será fecunda" Isaías 26,19. Dios trae un rocío de luz.

Entonces, aguardemos ese rocío de luz para estos días de oración, de silencio, de encuentro. Y pidámosle a Dios que nos ayude a ser fieles, y a esperarlo, esperarlo, esperarlo en la senda de sus juicios.

A veces Él tarda un poco y uno dice: "No, me dejaron aquí botado, me dejaron botado, me dejaron tirado". Dios no tira a nadie, Dios no bota a nadie, Dios no se deshace de nadie. El plan de Él permanece, Él va a realizar su plan, Él quiere realizar su historia contigo. Dale permiso de que lo haga hasta el final y hasta el fondo.