O143001a
Fecha: 19960710
Título: La infidelidad del corazon humano
Original en audio: 5 min. 31 seg.
En la primera lectura hemos escuchado un oráculo del Profeta Oseas. Oseas fue un hombre que llevó una vida muy triste y como persona, se sintió herido y desamparado.
Era un hombre casado. No sabemos si la infidelidad, la continua infidelidad de su esposa, era asunto ya conocido antes de que se casaran, o empezó después de que se casaran.
Lo cierto es que Gómer, que así se llamaba la esposa de Oseas, era una mujer, al parecer, muy amada por él, -de eso estamos seguros-, pero además, muy infiel a él.
Este hombre queda como dividido entre el amor que tiene por ella y que le impide repudiarla, y la tristeza, la ira, que desde luego causa la infidelidad. Oseas tiene ese drama personal, ese drama familiar.
Y Dios toma a este hombre que tiene esa tragedia, para contarle que ésa es también la tragedia de Dios. Que Dios también es como ese esposo enamorado, demasiado enamorado de su esposa, y la esposa en este caso, es el pueblo de Israel.
Que Dios es ese esposo que no puede dejar de querer a Israel, a su esposa, a pesar de que la esposa se busca amantes, que en esta ocasión son los ídolos, los cultos falsos.
El colmo de las cosas está descrito en el texto que hemos oído hoy. ¿Qué pensaríamos nosotros de una mujer, que cuanto mejor se la trata, más comodidades se le da, más se la consiente y más descansada está económicamente, más utiliza ese dinero en adornarse para sus amantes?
Creo, que seamos hombres o mujeres, reprobaríamos con fuerza esta conducta, y tal vez sentiríamos un poco de la ira que sentía Oseas. Pues, seguramente, Dios quiere que sintamos esa ira, para que luego la apliquemos a nuestro corazón y digamos: "Si a ti te duele tanto que sea defraudado el amor de un hombre, ¿qué harías si mañana desaparece?" ¡Imagínate lo que significa defraudar el amor del Dios que permanece para siempre!
Además, los amores humanos no están exentos de eclipses, de estaciones, de borrascas, de imperfecciones. El amor de Dios, en cambio, es como el sol en el cielo, limpísimo, es un día que no acaba, es una fuente inagotable, es el manantial mismo de la perfección, es la bondad, la bondad comunicada a nosotros.
Y por eso, Dios tiene que anunciar a través del Profeta Oseas, que esa situación, que esa continua infidelidad traerá sus consecuencias.
Nosotros, por nuestra parte, sepamos entender lo que Dios nos está diciendo. Sepamos que Dios ha sellado pacto con todos y con cada uno de nosotros. Sepamos que la gran infidelidad del corazón humano es el pecado, y sepamos, que hacer de la prosperidad ocasión de pecado, es atraer sobre sí mismo la desgracia.
Que Dios nos permita ser humildes y agradecidos en la prosperidad, suplicantes y confiados en la adversidad. Que en todo tiempo podamos creer en Él. Que Él nos regale amor, para devolverle amor a Él.
Porque nuestro corazón, como el de esta pobre mujer, es inestable. Un día dice que sí, y otro día se niega.
¡Danos, Señor, la firmeza de tu amor, para poder amarte!