O136002a
Fecha: 19980704
Título: "Tu, el Dios leal, me libraras"
Original en audio: 18 min. 33 seg.
Amós tiene una bien ganada fama de profeta duro. Sus protestas en contra de la injusticia, en contra del culto ritualista, vacío de corazón, y en contra de las pretensiones autoritarias del rey y del sacerdote, sus denuncias, digo, son suficientemente claras y drásticas como para que se viera en él un hombre revestido de toda la fortaleza de Dios.
Lo que hemos escuchado en este día es el final del libro de Amós. Y es importante cómo la misma fuerza que se tiene para denunciar, se tiene para dar esperanza. Dijo Santo Tomás de Aquino que la fortaleza tiene dos actos: el acometer, emprender, atacar, ese es uno; y el otro es soportar, resistir, perseverar.
Y esos dos actos de la fortaleza aparecen en este profeta, así como es fuerte para denunciar, así es fuerte para anunciar la esperanza, y para sostener con esa esperanza al resto fiel del pueblo de Israel.
Ahí, pues, tenemos una primera enseñanza para nosotros. El que tenga tanto coraje para decir los males, que tenga también inteligencia para encontrar soluciones.
Porque es muy fácil hacer listas de males y de culpables, denuncias generales y explicaciones de qué es lo que pasa; pues el que tenga tanta inteligencia y tanto coraje y tanto valor para decir qué es lo que pasa, entonces que nos diga qué es lo que va a pasar, y que nos diga cómo tenemos que obrar, para que pase lo que tiene que pasar.
Es verdad que la proporción de denuncias y de esperanzas en Amós es muy desigual, son prácticamente ocho capítulos de denuncias, desde el primer capítulo famoso. "A Edom por tres pecados y por cuatro no le perdonaré, y a Moab no le perdonaré, y a Israel y a judá" y a todo el mundo, ahí queda denunciado todo el mundo.
Desde ese primer capítulo hasta el capítulo octavo, es Dios diciendo, con vigor cortante y drástico, su parecer sobre el mundo; es Dios contando lo que ve, denunciando lo que ve: la injusticia.
Hablando con lenguaje duro a las mujeres elegantes de Samaría las trata de "vacas de Basán" Amós 4,1; y al sacerdote Amasías, que quiso amordazarlo, le dice: "Pues su esposa se le va a prostituir en la cara y a usted lo van a llevar al destierro" Amós 7,17.
Pues todo ese vigor de ocho capítulos, apenas nos deja el final de este capítulo noveno para contar la esperanza. Tenemos que aprovechar entonces este final del capítulo noveno, porque ya nos estamos despidiendo de Amós, y yo no quisiera que quedara en nosotros un recuerdo amargo de este hombre que obró sólo impulsado por el poder de Dios, por la palabra de Dios.
Si habla el Señor, ¿cómo no profetizar? Él mismo se sentía como arrasado por una palabra poderosa que venía de atrás, de arriba, de fuera de él, que se apoderaba de él y que le llevaba, con una fortaleza indecible, a pronunciar esos oráculos que hemos venido oyendo durante estas semanas.
Pero esa misma palabra no se queda ahí, no es una palabra quejumbrosa, una plabra quejetas, es una plabra que quiere sanación: "Levantaré la choza caída de David, taparé sus brechas, levantaré sus ruinas como en otros tiempos" Amós 9,11.
"Llegan días en que el que ara sigue de cerca al segador" Amós 9,13. Amós, para anunciar la esperanza, todo lo dice en imágenes, así como para denunciar los pecados no tuvo problema en comparar a aquellas señoras con unas vacas; todo lo dice en imágenes.
Si Dios nos ayuda, intentemos percibir cuál es la esperanza que anuncia. Amós era un campesino, un campesino cultivador de sicómoros, ese era Amós, y todas sus comparaciones son así muy del campo. Entonces aquí no dice: ""El que ara sigue de cerca al segador, el que pisa las uvas al sembrador" Amós 9,13.
Si nosotros tomamos las comparaciones que nos ofrece en este capítulo, pues vemos que hay algo en común entre todas ellas, algo que podríamos resumir así: el esfuerzo humano alcanzará su fruto. Es muy interesante ver que lo que tiene en común todas estas imágenes del tiempo de la restauración en Amós, es eso, el esfuerzo humano no se va a perder.
De este modo resulta Amós, un profeta campesino, resolviendo a su manera un problema filosófico bien profundo. Mire las comparaciones y verá que todas tiene que ver con eso, con que el esfuerzo no se va a perder, con que la vida va a tener sentido.
Hago énfasis en esto porque hay que comparar el lenguaje de Amós con la promesas, y si digo mejor, con las ilusiones que llevaban los israelitas acercándose a la Tierra Prometida. La Tierra Prometida para ellos iba a ser una tierra que "mana leche y miel" Exodo 3,17.
Mana, le brotan la leche y la miel, como quien dice, es una tierra sin esfuerzo. Es una imagen muy primitiva de felicidad la que aparece cuando se habla así de la Tierra Prometida, porque es una tierra sin esfuerzo.
La tierra de la que habla Amós, encambio, aquí, no es una tierra sin esfuerzo, sino con esfuerzo, mire: "Edificarán ciudades destruidas, plantarán viñas, cultivarán huertos" Amós 9,14, el que ara, el que pisa las uvas.
Esta es la imagen de un pueblo que trabaja. Estos no son unos desocupados, dedicados a broncearse el vientre y a recibir leche y miel, esta es gente que trabaja, que edifica, que ara, que cultiva, esta es gente que se ocupa.
Entonces, hay una evolución entre la primera idea de la Tierra Prometida y esta segunda idea. La primera idea de la Tierra Prometida era como una especie de seducción del paraíso. ¿qué es que Dios nos lleve a una Tierra Prometida? Que uno extienda la mano y encuentre lo que quiera. Una tierra llena de placer y vacía de esfuerzo, esa es una primera imagen.
Pero esa imagen, después de todo lo que ha tenido que decir Amós, después de que ha tenido que decir que el palacio de invierno y el palacio de verano se van a acabar, y que ese culto es mentira, y que la esposa del sumo sacerdote andará por ahí prostituida y afrentada, después de todo eso, ya no se puede decir: "Y vendrá una época de la leche y de la miel", no, "vendrá una época con esfuerzo".
De manera que la nueva promesa no es un paraíso sin esfuerzo, sino un mundo con sentido, qué bello, hay una evolución. Lo que se promete aquí ya no es un jardín de delicias, sino una viña que da su fruto.
Este esfuerzo, que se ve coronado, muestra por otro lado que hay que despedirse de esas imágenes de paraíso; la verdadera vocación humana no va por ahí, la verdadera vocación humana está en encontrar fruto al esfuerzo. Es decir, hay un algo bueno. En ese gastarse, en ese trabajar, el ser humano encontrará algo que no encontraría si se le diera leche y miel mañana, tarde y noche.
Hay algo bueno que va a encontrar. El ser humano va a cambiar, va a encontarse de un modo nuevo consigo mismo, cuando descubra que, al transformar el mundo, también se transforma él. Esta es una idea que expresa, de muchos modos, con gran elocuencia y ejemplos el Papa Juan Pablo II, sobre todo en "Laborem Exercens".
El trabajo justo, ya donde estemos, el trabajo ya es algo distinto, el trabajo es una fuente de bendición, porque al trabajar no sólo cambia lo que está fuera de mí, sino que yo mismo cambio. Y por eso lo que yo tengo que pedir a la vida no es que no haya esfuerzo, sino que haya un sentido para el esfuerzo. Y esa es la promesa que hace Amós.
Entonces, "se esforzarán y edificarán ciudades destruídas" Amós 9,14, ¿y qué? ¿Ese esfuerzo qué? "Las habitarán" Amós 9,14 . "Plantarán las viñas" Amós 9,14, cosa que no es fácil, ¿pero qué? "Beberán de su vino" Amós 9,14.
"Cultivarán huertos" Amós 9,14, ¿y entonces? "comerán de sus frutos" Amós 9,14.
Hermoso eso, ya aparece un progreso en la revelación. Ya entendemos, después de todas estas denuncias, que hay una esperanza, pero que esa esperanza requiere un esfuerzo, pero ese esfuerzo tiene sentido, y ya, ya se acabó.
No, no se ha acabado. Porque resulta que esta no es la última imagen de la salvación. Aquí este es un esfuerzo que tiene sentido; todavía hace falta un paso más, un paso más que requiere, para decirlo con toda la elegancia, otro garrotazo. El garrotazo salvaje del destierro, llevará a Isarel a comprender que todavía hay otro plan.
Ya hemos mencionado un primer plan que es el plan paraíso, el plan paraíso es que yo disfrute, que yo goce, pero ese todavía no es el último plan, porque hay un esfuerzo que no da fruto, ese va a ir apareciendo en el profeta del reino del Sur, Amós profetizó en el reino del Norte.
En el profeta del reino del sur, en Isaías, en el cántico de la viña y del amigo: "¿Qué más pude hacer por mi viña? ¿Qué más pude hacer?" Isaías 5,4, pero la viña no dio fruto Isaías 5,4.
Entonces aparece un esfuerzo sin fruto, algo que se va anunciando ya en los cánticos del Siervo, acuérdate sobre todo del tercer cántico del Siervo: "Yo pensaba: en viento y en nada he gastado mis fuerzas" Isaías 49,4.
Entonces aparece una nueva dimensión de la esperanza. La primera dimensión de la esperanza es la esperanza de un niño pequeño: "Cuando lleguemos a allá, va a haber miel y leche", la esperanza de un niño pequeño.
Amós es la esperanza de un joven: "Ahhh, yo voy a trabajar duro, pero tendré éxito", es la esperanza de un joven: "Yo sí me voy a especializar, voy a hacer un doctorado, luego voy a montar mi propia empresa, y luego voy a tener mucho éxito, mis ideas se impondrán y lograré....", esa es la esperanza del joven.
Pero viene todavía otra esperanza, que es la de la persona madura, que ya descubre que se ha esforzado en muchas cosas, que ha trabajado muchas cosas y ya ha sentido, no sólo la injusticia, que es un problema exterior, sino el desaliento, que es un problema interior.
Ya la persona siente el desaliento, siente tedio, siente cansancio, siente que los enemigos no están todos afuera, que hay enemigos también adentro, que uno a veces es su propio enemigo, que uno se enreda los propios pies y no logra cómo avanzar.
Entonces surge otro tipo de esperanza, ya no es la esperanza del pequeñito, ya no es la esperanza del joven, es la esperanza que aparece en ese cántico de Isaías: "En realidad, mi salario lo tenía el Señor" Isaías 49,4.
La persona empieza a dejar la respuesta, no a una especie de ley del trabajo, de ley del éxito, sino deja en las manos de Dios. Es una tercera versión de la esperanza. Y esa tercera versión de la esperanza tendrá su más plena realización en jesucristo.
Si miramos a jesucristo, oh, qué lejos está de la leche y de la miel, si lo que tuvo fue vinagre; si miramos a Jesucristo, ¿le podremos aplicar esta esperanza juvenil de Amós? ¿Diremos que trabajó pero se vieron los frutos? No, no, no, no, no, los Apóstoles huyeron acobardados, abandonaron a Cristo y lo dejaron.
Y el primero entre ellos, el teso, el duro ahí, lo negó tres veces, ¿dio fruto? Plantó una viña, ¿pudo beber de su vino? Cultivó un huerto, ¿pudo comer de su fruto? Quiso edificar una ciudad, ¿pudo ¿pudo habitarla? Nada. En realidad, mi salari lo tenái el Señor" Isaías 49,4.
Entonces la esperanza, ya desde los cánticos del Siervo, pero luego hasta Jesucristo, dan un paso más, dan un salto más, "en relidad mi salario lo tenía el Señor" Isaías 49,4.
Ya no es la esperanza del niño ni la del joven, es la esperanza del adulto, es la serena esperanza del anciano: "Hubiera podido hacer muchas otras cosas, seguramente que sí; tal vez hubiera podido llevar otra vida, tal vez sí, ¿pero ahora qué esperanza me queda? Sólo tú eres mi confianza".
En ese momento la persona siente que sólo Dios y sólo Dios y sólo Dios, y es una esperanza más perfecta. Y así murió Cristo. El último acto consciente de Nuesro Señor Jesucristo en esta tierra, muy, muy probablemente fue un acto de esperanza, Él dijo: En tus manos encomiendo mi espíritu" Salmo 31,6, eso es parte e un salmo.
Recordemos el siguiente versículo: "Tú, el Dios leal, me librarás" Salmo 31,6. Es la esperanza del que sale completamente de sus intereses y entra completamente en los intereses de Dios. Suelta completamente la vida de sus manos y la pone completamente en las manos de Dios, y entonces dice: "Tú, el Dios leal, me librarás" Salmo 31,6.
Cómo me gusta decir y repetir esto: "Tú, el Dios leal, me librarás" Salmo 31,6. Cristo murió pidiendo la resurrección. "Tú, el Dios leal, me librarás" Salmo 31,6.
"Tú me librarás, tú me librarás", y así se durmió Cristo, diciéndole a Papá Dios: "Tú me vas a librar, yo sé que tú me vas a librar. Y lo libró, lo resucitó de entre los muertos, y de ese Espíritu viene nuestra esperanza y nuestro gozo, y po Él la vida de nuestra vida.