O132002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980630

Título: Dios deja abiertas en nosotros inquietudes y preguntas por donde El quiere entrar con su gracia

Original en audio: 4 min. 22 seg


Viene Nuestro Señor Jesucristo no sólo para dar respuesta a nuestras preguntas, sino también para darle preguntas a nuestras respuestas. Viene Jesucristo a traer paz y también a inquietar. Viene el Señor Jesucristo a poner orden en esa tierra, y para eso, a desarmar el orden que a veces creemos que tienen nuestras cosas en esta tierra.

Causa profunda admiración entre sus discípulos calmando la tempestad. Pero como decíamos en otra ocasión, esto en realidad lo que logra es que la tempestad se les entre a los discípulos. Ahora, ya el temporal y las olas que suben y bajan, no son las aguas del mar; lo que sube y baja es el desconcierto de ellos.

Y si antes era la barca la que estaba azotada, quizá por vientos o por la lluvia, ahora son los corazones de ellos los que se sienten azotados, golpeados por las preguntas.

En cierto modo, Jesús no desapareció la tempestad, la cambió de lugar, para que el ser humano aprenda a buscar las preguntas fundamentales no fuera de sí mismo sino a dentro, y para que allá adentro, tenga que preguntarse: "¿Quién es este que hasta el viento y el agua le obedecen?" San Mateo 8,27.

Y no encontraron respuesta en ese momento. Jesús deja abiertas preguntas, agrieta nuestras seguridades y no necesariamente las sana en ese mismo instante.

Esas grietas, esas fracturas en el mundo que teníamos tan armado, son útiles para que entren los ejércitos del Señor. Así como en las antiguas ciudades era necesario abrir una brecha, derribar alguna puerta para que pudiera entrar el ejército que estaba al asalto, así también Dios deja abiertas inquietudes y preguntas; hay problemas que se quedan sin solución y quizá mucho tiempo.

Santa Rosa de Lima habla de aquella herida que Dios mismo hace y que Dios no quiere sanar y que no conviene al alma que se sane. Porque hay ciertas heridas que causan mal, pero el bien tiene también sus heridas. El bien tien también aberturas, llagas, brechas, fracturas, por las cuales quiere entrar libremente.

Y por eso, nuestra mejor actitud, cuando notemos que Dios nos deja abiertas esas heridas, es pedirle que sea Él el que entre; pero también que salga de nosotros todo aquello que no le guste a Él.

Así como los ejércitos en las ciudades antiguas entraban, y sacaban de la ciudad todo lo que les interesaba, todo lo que no debía estar en esa ciudad, según el criterio de ellos, así también entra jesucristo con sus ejércitos salvadores de gracia, de bienes, de bendiciones y de Ángeles, a quitar de nosotros lo que Él ve que no debe estar en nosotros.

Entonces, pues si es así, bienvenidas esas heridas, bienvenidas esas preguntas, bienvenidas esas brechas, así nos hagan sentir débiles, así nos hagan sentir frágiles. No somos frágiles si estamos apoyados en Él; no somos débiles si Él es nuestra fortaleza.