O131003a
Fecha: 20080630
Título: Hay que tener urgencia por el anuncio del Reino de Dios
Original en audio: 5 min. 46 seg.
Una de las maneras de leer el evangelio de hoy, es darnos cuenta de cómo Jesús ve más allá, cómo Jesús ve el corazón.
Los escribas, por ejemplo, eran personas que se dedicaban al estudio de la Ley por muchísimos años; era difícil graduarse de escriba antes de cumplir algo así como cuarenta años, que equivale más o menos al promedio de vida en aquella época, la gente en tiempo de Jesús tenía un promedio de vida cercano a eso.
Entonces un escriba literalmente se pasaba la vida entera estudiando, leyendo la Ley, cargando sus rollos, reuniéndose para discutir con otros, esa era la vida de los escribas. Corresponde un poco a lo que sería la vida de un investigador, o un científico, o un intelectual en nuestro tiempo.
Y este escriba se acerca a Jesús y le dice una palabra que es inmensa, ¿no? Le dice: "Te seguiré adonde quiera que vayas" San Mateo 8,19, es como un entusiasmo de su corazón ante Jesús, él no quiere perderse de este Maestro.
La respuesta de Jesús hace ver lo precario que es el tipo de vida que él lleva; le dice lo que conocemos: "Las zorras tiene madriguera, las aves del cielo nidos, el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza" San Mateo 8,20, es decir, Jesús subraya el aspecto de fragilidad, de inestabilidad, de precariedad, de imprevisión que tiene la vida misionera que él está llevando.
Y por supuesto, es muy difícil estar en esa vida misionera y al mismo tiempo estar en la estabilidad de la vida intelectual, porque todo intelectual quiere tener su biblioteca, quiere tener su buen despacho, y una silla preferida, donde se sienta para leer sus libros, y Jesús le dice: "Conmigo la cosa es de otro modo; mide tus fuerzas, aquí es distinto".
Es bonito eso, cómo la respuesta del Señor es como un relámpago que llega hasta lo profundo de ese corazón.
Hay otra interpretación que aprendí de este mismo versículo. Dice el Señor: "El Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza" San Mateo 8,20. Resulta que los judíos de la época hablaban del regazo de la esposa como eso, como el lugar donde se reclina la cabeza, el lugar del descanso.
Entonces, Jesús podría estar indicando también, en este texto, que su condición de predicador, de profeta, su condición de misionero le lleva también a esa renuncia tan extraña para el pueblo judío, la renuncia a una esposa, la renuncia a un descanso de esa clase.
Luego viene otro y le dice: "Permíteme ir a enterrar a mi padre" San Mateo 8,21. Esto no significa que ya se hubiera muerto el papá y que lo tuvieran allá en una funeraria y que el hombre estuviera pidiendo como quien dice dos días, "dame un día o dos días", no.
La expresión "enterrar a mi padre" San Mateo 8,21 quiere decir: "Esperar hasta que él se muera, dejar ese asunto resuelto", y por supuesto podían pasar muchos años antes de que se muriera el papá.
Lo interesante de este otro encuentro o entrevista vocacional, es que Jesús hace ver la prisa, el Reino de Dios urge.
Necesitamos, como servidores de Cristo, necesitamos sentir también esa prisa, necesitamos sentir que el tiempo cuenta, necesitamos sentir que esa es la moneda que nosotros tenemos para comprar, si así se pudiera decir, comprar los frutos para el Reino de Dios. Cada día cuenta, cada hora cuenta, y no se puede aplazar el anuncio del Reino.
Bueno, pidamos al Señor tres cosas: que también a nosotros nos dé esos relámpagos, que nos ilumine nuestra propia realidad. A veces uno promete cosas y dice cosas y sólo Jesús sabe hasta a dónde uno es verdadero, hasta a dónde uno es real.
Decía Santa Catalina de Siena, mi maestra, decía que lo primero en la vida espiritual es el conocimiento de uno mismo, ahí está todo. Entonces necesitamos ese relámpago.
En segundo lugar, pedirle a Jesús que podamos encontrar el descanso ante todo en Él mismo, porque lo demás nos va a fallar tarde o temprano, lo demás se acaba, incluso la estabilidad de una pareja. La estabilidad de una familia termina, llega una separación, tiene que viajar alguien, llega una viudez; si no hemos aprendido a descansar sólo en Jesús, tarde o temprano nos quedamos cortos.
Y en tercer lugar, pedirle al Señor que sintamos prisa por el anuncio del Reino, que sintamos que cada día cuenta, y que el día que no se aprovechó para Dios, se perdió para siempre.
Amén.