O131001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020701

Título: Jesus es acogida y Jesus es radicalidad

Original en audio: 4 min. 22 seg.


En la lectura de hoy se da un contraste porque hay una multitud. El texto precisamente empieza diciéndonos: "Al ver Jesús que la multitud lo rodeaba" Mateo 8,18.

Hay una multitud por una parte, pero por otra parte las palabras de Cristo son palabras poco populares, son palabras que en cierto sentido, más que atraer a las personas, las invitan a reflexionar sobre su propio seguimiento.

Yo creo que aquí hay una diferencia muy grande entre la manera de actuar de Jesucristo y la manera de actuar en una compañía publicitaria, en una campaña política, o en un programa de marketing. Cuando un político ve que tiene mucha gente, pues busca más gente; cuando en una campaña comercial se está vendiendo mucho un producto, se busca cómo vender más.

En cambio, Jesús ve la multitud, y yo me atrevo a decir, no le cree a la multitud, Jesús desconfía de la multitud. Jesús ve esa multitud inmensa y con sus palabras, según el relato del evangelio, depura, purifica la multitud. Y aquí veo yo como un corazón palpitante. La palabra de Jesús convoca, la palabra de Jesús despide.

Cristo es como un corazón,porque así como el corazón a trae a la sangre pero también la envía, así también Jesucristo atrae a las multitudes, pero con su palabra, con su exigencia, con su radicalidad, Jesús de alguna manera devuelve a cada persona a su propia realidad.

"Te seguiré a donde quiera que vayas" Mateo 8,19, dice el escriba. ¡Qué palabras tan generosas, tan prometedoras, qué político no quisiera escucharlas, qué actor, qué actriz, qué cantante no quisiera tener esos seguidores incondicionales! Pero precisamente, para saber si son incondicionales, Jesús les presenta la realidad de su propia vida a ese escriba: "El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza" Mateo 8,20.

Podemos sintetizar esto en dos expresiones: Jesús es acogida y Jesús es radicalidad, y no podemos separar esos dos aspectos. Jesús nos acoge y Jesús nos exige. Hay gente que es sólo exigencia, hay gente que es sólo acogida. Cristo es las dos cosas, Cristo es acogida y Cristo es radicalidad. Podemos confiar en su acogida, pero tenemos que esperar también su radicalidad; podemos temer su radicalidad, pero Él mismo nos va a recibir y Él mismo nos va a formar.

Por eso, nuestra vida cristiana tiene que tener las dos cosas. En cuanto radicalidad, la santidad parece imposible; en cuanto acogida, la vida cristiana parece para todos. Las dos cosas: es para todos y es para unos pocos. A todos nos recibe y a todos nos levanta; a todos nos exige y a todos nos fortalece; ése es Jesucristo.