O116001a
Fecha: 19960622
Título: Hacer el experimento real de buscar primero el Reino de Dios
Original en audio: 20 min. 55 seg.
Queridos Hermanos:
Las palabras del evangelio son suficientemente claras. Quizás son demasiado claras; tan claras, que a veces la tentación del predicador en este y en otros casos, es quitarle un poco de fuerza a la Palabra.
He dicho en otra oportunidad, que cuando llegan estos evangelios tan complicados, a veces el sacerdote, el diácono, o quien predica, le da tanta vuelta y vuelta al texto, que finalmente termina diciendo: "Pues sí, toca agobiarse. Realmente toca agobiarse por el vestido, por el alimento y por la bebida".
¿Qué hacemos con estas palabras y otras del Señor, que nos deslumbran con su claridad? Así como cuando uno en una tarde cualquiera, se asoma a una ventana, está el pleno sol que le hiere los ojos y uno tiene que cerrarlos, así también me parece que hacemos nosotros con este tipo de evangelios. Hieren por su exceso de luz.
Entonces, la mayor parte de las veces, simplemente cerramos los ojos y decimos: "¡Qué viva Francisco de Asís, que pudo vivirlo y estaba tranquilo por la pradera, feliz de su Padre Celestial que le da todas las cosas! ¡Feliz Francisco de Asís! ¡Feliz Charles de Foucauld! ¡Felices ellos!"
"¿Pero yo? ¡Yo tengo trabajito! Tengo trabajito el lunes, tengo que ir, tengo que responder por una familia y tengo que pagar un seguro. ¡Yo sí tengo que agobiarme por el mañana!"
De manera que éste, que hemos escuchado, es para muchas personas una especie de texto poético para gente que de pronto se le mide a eso. "¿Pero yo? Yo, si me lo tomo demasiado en serio, pues me muero de hambre. Y ahí no me va a salir nadie con que tú, porque estás siguiendo el evangelio, tú, pequeño, come tal o cual cosa, recibe ésto y este otro vestido".
¿Qué hacemos nosotros con estos textos? Lo primero es, no lo cambiemos. No lo cambiemos, ni para que diga más ni para que diga menos. En ese texto no se dice: "Vivid como irresponsables".
¡No! Lo que dice es, -creo yo en buena traducción-, lo que hemos escuchado: "No os agobiéis. No os agobiéis, ni por el mañana, ni por el trabajo, ni por el vestido, ni por el alimento" San Mateo 6,25; San Mateo 6,34.
Por eso, la diferencia entre el cristiano y el pagano, no es que el cristiano no se interesa ni responde de sus cosas mientras que el pagano sí tiene que preocuparse. El verbo que utiliza Nuestro Señor, no indica la simple preocupación, sino indica el agobio, el estar agobiado, el estar afanado.
¿Y cómo se mide ese agobio? Ese agobio se mide por la expresión que hemos escuchado al final del evangelio: "Tú, preocúpate primero por el Reino de Dios" San Mateo 6,33.
Luego, ¿cómo se sabe que ya me estoy agobiando más de la cuenta? ¿Cómo se sabe que he llegado al agobio? Se sabe, porque dejo de interesarme por el Reino. Porque empiezo a pensar que el Reino es para la gente que no tiene las responsabilidades que yo tengo, que ese tipo de cosas como el evangelio, que Dios reine y que la gente se convierta, es para aquellas personas que no tienen mis problemas.
¿En qué momento este evangelio tiene que caerme duro por la cabeza? En el momento en el que mi preocupación por el alimento, el vestido, el arriendo, el seguro, o cualquier obligación financiera o económica, no me deja preocuparme en primer lugar en que Dios reine.
Por tanto, la escala para medir al cristiano aquí, no es: "Cuanto más despreocupado de las cosas de esta tierra, mejor cristiano", que es una manera de predicar a veces este texto.
Hay gente que se imagina que será más cristiana, cuando no tenga que preocuparse de arriendos, de matrículas, de seguros, de cuotas, de nada de eso. No es lo que dice ahí. El evangelio no dice: "Cuanto más despreocupado de este mundo, más cristiano". ¡No! Sino, "cuanto más preocupado porque Dios reine, más cristiano", que es distinto.
El ideal de cristiano en este texto, es aquel que de tal modo se preocupa por el Reino de Dios, que sabe poner en segundo lugar sus preocupaciones, cualesquiera que ellas sean.
No es sólo un problema de vestido, un problema de alimento. El problema es que Dios y su Reinado se conviertan en el centro de nuestra vida. Cuando uno se detiene en las consideraciones sólo económicas para examinar un problema, está negando este evangelio. Y lamentablemente, eso es lo que sucede muchas veces.
"Vamos a hacer una obra para la evangelización. Bueno, pero pongamos los pies en la tierra. Analicemos el aspecto económico". ¡Bien! No me opongo. Analicemos el aspecto económico, pero no analicemos sólo el aspecto económico.
Poner como único lugar de análisis y como único criterio el aspecto económico, es lo que Cristo llama, "intentar servir a dos señores" San Mateo 6,24. Eso no resulta; uno termina descoyuntado. El corazón siempre se queda en la parte a la que uno realmente ama.
"Padre, pero es que el aspecto económico es real. Usted quizás allá en su convento no se da cuenta. Pero uno que está sudando la gota, uno sí sabe de ese aspecto". ¡Entendámonos! Uno sí sabe ese aspecto: "Ya sabe Vuestro Padre celestial..." San Mateo 6,32. No se trata de que niegues ese aspecto. Se trata de que dejes de negar los otros.
Tal vez una comparación nos ayude, para que veas qué tétrico es eso de quedarse sólo con el aspecto económico. Es un ejemplo que ustedes reconocerán inmediatamente, el del famoso papá que cree que lo único que tiene que hacer es proveer los bienes materiales. Y lo digo, por el aspecto económico, es un excelente papá.
"-Papá, es que yo no sólo necesito tu chequera. Yo necesito un papá." "-¿Pero, no le estoy dando lo que usted necesita?" "-En ese aspecto sí, pero, ¿y en los otros? ¿Y tu tiempo, tu diálogo, tu consejo y orar conmigo, qué?"
Entonces, mis queridos amigos, la enseñanza de este evangelio no es: "Despreocúpense del mundo". ¡No! Sino, "preocúpense porque Dios, preocúpense para que Dios llegue a reinar en este mundo". Eso le dará un orden a su escala de valores, y en ese orden de la escala de valores, las demás cosas llegarán.
Para mí, un ejemplo patético de este asunto, es la planificación familiar. "Bueno, podríamos tener un hijo, o podríamos tener otro hijo". Yo tengo, y muy cerca, un caso de una pareja, ambos profesionales, ambos trabajando.
"A estas alturas, después de años de casados, todavía no podemos tener nuestro hijo. ¡No! ¡No se puede! No se puede tener un hijo, porque analicemos el aspecto económico". ¿Qué será? ¿Qué será que esa pareja vive en deuda? ¡Ambos trabajan! ¡Ambos son profesionales! No pueden tener hijos. ¡No pueden! No les alcanza el dinero. ¡No pueden tener hijos!
Yo no voy a resolver el problema de los hijos y de la planificación familiar aquí en dos palabras, o en tres palabras. Pero quiero llamar la atención sobre cómo, cuando se quita a Dios el primer puesto y se pone en primer puesto "nosotros vamos a asegurarnos", en ese momento no alcanza la plata, ni siquiera para ellos. ¡A nadie le alcanza la plata!
Para mí sigue siendo un misterio, cómo el que gana un salario mínimo, el que gana tres salarios mínimos y el que gana diez salarios mínimos, dice lo mismo: "La situación está terrible". Yo no termino de entender eso.
¿Cómo es que la situación está terrible para todos los sueldos? Yo no termino de entenderlo. Sólo lo entiendo cuando caigo en la cuenta de que las personas, a medida que les crece la billetera, les crece también el apetito de más, y más, y más cosas. Ese es un engaño, esa es una mentira. ¡Créanme que esa es una mentira!
Y lo mismo que se dice del dinero, hay que decirlo de las demás cosas. "Voy a reservar mi afecto, voy a economizar mis sonrisas, porque se me gastan. Se me gastan mis sonrisas, y yo no puedo andar por ahí repartiendo amor, amor y amor. ¿No ve que me lo tratan mal? Entonces, voy a economizar mi amor".
¿Qué será, que las personas que economizan amor, nunca les alcanza? ¿Y los que economizan dinero, nunca les alcanza? ¿Y los que economizan alegría, nunca les alcanza? ¿Y los que economizan su tiempo, nunca les alcanza?
¿Y qué vemos en el evangelio? Un hombre que no economiza ni dinero, ni tiempo, ni sonrisas, ni alegría y que siempre tiene más, y más, y más. ¿Sabe por qué? El que mucho economiza, no respeta lo que Dios ha hecho en él. Dios te hizo infinito. ¡A ti!
"Pero bueno, yo les tengo que echar también papel y lápiz. O sea, para un retiro está muy buena su homilía, pero yo tengo que llegar a la casa, echar papel y lápiz, y ver qué es lo que va a suceder".
Después de que eches papel y lápiz, y eches números, en ese mismo papel escribe una oración y en ese mismo papel, pon los factores psicológicos, afectivos, humanos.
Bien denuncia Juan Pablo Segundo en el "Evangelium Vitae", que para muchas personas, para muchas parejas y para muchas familias, "la llamada calidad de vida se convierte simplemente en un registro de los valores más materiales y más placenteros". Es lo único que se mira.
¿Y el valor personal y la persona, qué? ¿La persona, qué? ¿Cómo se hacen personas? Yo creo que al mundo ya se le olvidó cómo se hacen personas. Dicen que los artesanos aprendían su oficio de otros artesanos. Pues yo creo que no hay arte más grande que ser papá y hacer una familia. Y creo que el arte se nos olvidó, creo que lo perdimos.
Creo que en alguna parte se nos olvidó cómo era que se vivía como papá, cómo era que se vivía como mamá. Eso se nos olvidó. Y como se nos olvidó, entonces se nos olvida también qué significa hacer personas, educar personas y darle hijos a Dios.
Aquel que economiza y dice: "Yo no puedo dar demasiado tiempo; yo tengo también que respetar mi propio tiempo", a ése nunca le alcanza. ¡Nunca!
Sean, amigos, mis últimas palabras para invitarlos al experimento del evangelio. Cristo hizo su llamado, su reto, su provocación a los discípulos: "Tú, preocúpate por el Reino de Dios, y vendrá lo demás" San Mateo 6,33.
¿Por qué no haces el experimento? ¿Qué pasaría en tu vida si tú lo intentas? No te digo que seas irresponsable. ¡No! Ni digo que te dejes de preocupar de esta tierra. ¡No! Te digo, -sin dejar ninguna de tus preocupaciones, que seguramente son muy serias-, preocúpate primero, primero y radicalmente por Dios, primero por Dios, por su voluntad, por su amor. Primero Él, a ver qué pasa en tu vida.
Pero esto hay que llevarlo también al terreno de lo práctico. Haz el experimento de desperdiciar de lo tuyo en el buen sentido de la palabra. Haz el experimento de dar, ese verbo tan importante que ya está cercano en nuestro estudio. ¡Haz el experimento de dar! ¡Dar, no negociar! Negociar es dar cuando me dan. ¡Dar!
Haz el experimento de dar sonrisas donde no las hay. Haz el experimento de amar donde piensas, y razonablemente, que no te aman. Haz el experimento de entender, donde piensas y juzgas que no te entienden. Haz el experimento de Francisco de Asís. Haz el experimento de Jesucristo. Pero antes de que te mueras, hazlo.
Haz el experimento de regalar de ti, de tu tiempo, de dar de tu tiempo, de perder, aparentemente perder. No te estoy invitando a la locura, salvo la locura del amor. Cada una de esas sonrisas, cada uno de esos cariños, cada uno de esos tiempos, de esos dineros, de esos consejos que tú vayas a dar, -no a negociar-, dalos en el Nombre de Cristo.
Cuando vayas a sonreír a una persona a la que no le quisieras sonreír por nada del mundo porque no se lo merece, piensa en tu corazón: "Es en el Nombre del Señor esa sonrisa. Es en el Nombre de Cristo y es para que Dios reine en esta vida".
Porque te advierto una cosa: sólo se evangeliza con la lógica del dar. La lógica del negociar no es una buena noticia. El "yo te doy y tú me pagas", eso no es una noticia; eso es un negocio. Pero si yo te doy porque te amo en el Nombre del Señor, esa es una gran noticia, ese es un gran evangelio.
Queridos amigos, vamos a acoger esta Palabra bendita de Cristo en su evangelio. Mejor dicho, vamos a dejar que este evangelio sea buena noticia para nosotros. Cada uno, en un momentico de silencio, piense cuáles son los experimentos reales que va a hacer. ¡Reales!
"¿Cuáles son mis experimentos reales? ¿Los que voy a hacer? ¿Qué es lo que voy a empezar a dar?" ¡Pero, atención! ¡A dar en el Nombre de Cristo!
Porque si no das en el Nombre de Cristo, tú empezarás a llevar cuentas. "-Cero y va una sonrisa que le regalo a este desgraciado y no responde". "-Cero y van nueve sonrisas que le regalo a este desgraciado y no respondió". "-Pues, a la porra". Y dice San Pablo: "El amor no lleva cuentas" 1 Corintios 13,5.
Cuando te sientas llevando cuentas de que, "es que ya yo di una vez, ya yo di dos veces, ya yo di tres veces y ya la copa se me llenó", la copa se te llenó porque la copa estaba llena de ti mismo. A una copa que ya está llena de ti mismo, no le cabe mucho.
Cuando tú des como el que pierde, como el que regala, como el que bota algo, una sonrisa en el Nombre del Señor: "No me la vas a pagar; no te pido que me la pagues; no te diré que me la pagues; no te diré que estoy pensando que no me la vas a pagar". ¡Un amor, una palabra, un consejo, una ayuda!
Aquí hay padres de familia y hay personas que seguramente van a ser padres de familia. Así es como hay que amar a los hijos. Cuando el hijo se siente amado así, siente que no es un CDT, que no es una inversión, el hijo se siente sostenido en su propio ser, se siente apoyado profunda y radicalmente en su vida, y puede caminar como persona, como cristiano y como ciudadano.
"Cristo Jesús, envía tu Divino Espíritu sobre cada uno de nosotros, y permite que cada uno piense, cada uno recapacite y reflexione, qué es lo que va a dar sin cuentas, sin alegar. ¡A dar en el Nombre de Cristo!"
Un momento de silencio para eso. Amigo, amiga, créeme, tú eres infinito cuando estás enchufado, cuando estás conectado a la fuente del infinito que es Dios. Tú eres nada y te disuelves en la nada cuando te sueltas de Él.
Pero, créeme, Dios te hizo infinito, te quiere infinito y te llama al infinito. Nada menor que el infinito llegará a saciarte; nada distinto te hará feliz.
Que Dios te conceda unirte a Él, enchufarte a Él, conectarte a Él, hacer de Él tu vida, para gloria suya y salvación tuya.
Amén.