O112003a
Fecha: 20020618
Título: Jesucristo nos muestra como evaluar el amor
Original en audio: 11 min. 49 seg.
Queridos Hermanos:
Jesús en este evangelio, nos muestra lo más característico del amor cristiano. Seguramente nosotros asociamos el amor con un cierto gusto, con un cierto deseo, con una cierta complacencia, con un sentimiento.
Jesús nos está mostrando, que estas palabras resultan inapropiadas para describir el amor que Él viene a traer y el amor que Él quiere que nosotros tengamos.
La palabra gusto, la palabra sentimiento, la palabra deseo, no son palabras que nos ayuden a entender lo que Cristo quiere enseñarnos sobre ese amor que Él vive y practica, y que Él quiere que nosotros también vivamos y practiquemos.
El amor tiene momentos de gusto, tiene momentos de deseo y es un sentimiento gratísimo. Pero ese amor, el amor de gusto, el amor de deseo, el amor de sentimiento, es un amor que no resulta suficientemente fuerte para sostener la miseria, la inconstancia, la fragilidad que tiene el mismo ser humano.
Y donde más se nota esto es en la familia. Los padres con los hijos, los hijos con los padres, los esposos entre sí, constantemente se dan cuenta de que un amor de puro gusto, de puro deseo, un amor de puro sentimiento, no es capaz de sostener a una familia. ¡No se puede! El sentimiento cambia, el deseo se acaba, el gusto no aparece. Es entonces cuando puede mostrarse el verdadero rostro del amor.
Si nosotros recordamos con tanto agradecimiento a nuestros papás, a nuestras mamás, es porque nos han amado más allá del gusto y del sentimiento. Lo grande del amor de madre es eso.
¡Cuántas veces lo ve uno en unas exequias, en un entierro! Ese llanto dolorido de los hijos cuando la mamá se va, ¿qué es? Es la conciencia de que nadie, nadie me va a amar como me amó mi madre.
¿Y dónde está? ¿De dónde nace esa convicción? Esa convicción nace de ver cuántas veces la mamá se mantuvo en su amor, en su cuidado, en su ternura. ¡Cuántas veces ella permaneció, a veces aunque el hijo fuera grosero, aunque el hijo fuera indiferente, aunque el hijo no le diera, no le correspondiera con el mismo amor!
Por eso, la enseñanza de hoy la podemos sintetizar mirando esas palabras. El amor cristiano es un amor que va más allá del gusto, del deseo, del sentimiento. ¿Qué es ese amor entonces? Ese amor es una decisión. Ese amor es una resolución de buscar el bien del otro.
El amor es la búsqueda del bien del otro. Eso es amar. ¡Qué tal pasar por ese examen! ¡Los amores que ha tenido, o tiene nuestra vida! A mí me da la impresión de que muy pocos noviazgos superarían este examen.
"¡Te amo!" ¡Qué frase tan bella para decirla! ¡Qué frase tan dulce para escucharla! Pero en verdad, "te amo", ¿qué significa? ¿"Te amo" significa, "tú me gustas"? ¿"Te amo" significa, "te estoy deseando mucho"? ¿"Te amo" significa, "despiertas un gran sentimiento en mí"?
Jesús nos dice que si la respuesta es alguna de éstas, no irá muy lejos ese amor. Si "te amo" significa, "quiero lo mejor para ti", "me gusta verte crecer", "quiero que estés sano", "quiero que estés sana en cuerpo y alma", si "te amo" significa éso, entonces hay algo de cristiano ahí.
Y ese es el amor con el que hay que llegar al matrimonio, si alguien se piensa casar. ¡Ese es el amor! Yo pienso, que en la preparación al matrimonio, habría que preguntar esto a los contrayentes que están en su proceso, en su curso: "-¿Ustedes se aman?" "-Sí, claro, nos amamos".
"-¿Con amor de gusto? ¿Con amor de deseo? ¿Con amor de sentimiento? ¿O ustedes se aman con amor de decisión? ¿Ustedes se aman cada uno buscando el bien del otro?"
Hay unos programas de televisión, en que separan a las parejas. Son programas simpáticos a veces. Es decir, llega la pareja al programa, pero primero le preguntan al hombre, luego le preguntan a la mujer, luego comparan las respuestas.
Resultan cosas a veces chistosas, a veces muy agradables, otras veces incluso le ponen un poco de vulgaridad, con lo que ya no estaremos de acuerdo.
Sería interesante hacer una cosa parecida cuando una pareja se piensa casar. Separarlos y preguntar. Preguntarle, por ejemplo al hombre: "¿Tú qué bienes le has traído a la vida de esta mujer?" ¡Qué bonito hacerle esa pregunta a un muchacho, veintidós, veintitrés, veinticinco años!
"Ya me voy a casar", y hacerle esa pregunta: "¿Tú la has hecho una mejor persona? ¿Ella es mejor persona desde que te conoce? ¿En qué la has hecho crecer? ¿Qué bienes le has traído?"
"¿Es ahora más bella, más sincera, más sabia, más dueña de sí misma, más feliz, más pura, más santa? ¿Le has dado esos bienes? ¿O cuándo se los vas a empezar a dar?"
Pasemos a las preguntas para la mujer: "¿Qué bienes le has traído tú a ese hombre? ¿Lo has hecho más sabio, más sincero, más verdadero, más honesto, más santo, más puro? ¿Lo has hecho así tú?"
Yo pienso que llegará un momento en la Iglesia Católica, -quizás eso no lo verán mis ojos-, en que a las parejas las van a examinar así. Porque no podemos seguir celebrando matrimonios al por mayor. Los matrimonios tendrán que ser al detal, tendrán que ser contados y preparados.
¡Claro! Mucha gente optará por no casarse, optará por lo que llaman unión libre, optará por el matrimonio civil. Pero poco a poco se irán constituyendo comunidades de gente que supo por qué se había casado, de gente que tuvo conciencia de qué buscaba en el matrimonio.
Conocí una pareja que descubrió esto que estamos diciendo, cuando llevaban doce años de casados. Cuando ya la hija mayor estaba entrando en plena adolescencia, descubrieron qué significaba eso de ser pareja y eso de amarse. ¡Doce años! El matrimonio logró sobrevivir, pero muchos no lo logran.
Por eso, hermanos míos, ¡qué grande enseñanza nos da Jesucristo, no solamente para el matrimonio! Uno siempre insiste en el matrimonio, porque la familia es la célula fundamental de la sociedad.
Pero esto vale para la amistad: "Yo tengo unos amigos allá en la otra esquina, o es allá bajando un poco, unos amigos, una gente genial, una gente extraordinaria". ¿Le pasamos el test a esos amigos?
"¿Qué bienes te han traído esos amigos? ¿Qué han hecho por ti? ¿Qué has hecho tú por ellos? ¿Eres mejor persona desde que estás con ellos? ¿Eres más honrado? ¿Eres más verdadero? ¿Eres manso, sincero, sabio desde que estás frecuentando a tus amigos?" ¡Una gran pregunta!
Jesús nos muestra cómo evaluar el amor. ¡Qué mensaje tan importante! ¡Cómo medir el amor! Resumámoslo por última vez. El amor no se mide con el gusto, con el deseo, con el sentimiento. Esto puede estar y es muy bonito cuando está, pero no es lo más importante.
Hay que buscar la medida del amor en cuál es el bien que trae, en cuál es la resolución que tenemos para buscar el bien mayor en la persona que amamos.