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De Wiki de FrayNelson
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Desde la semana pasada, venimos leyendo paso a paso y meditando juntos, el “Sermón de la Montaña”. Este es un texto único en toda la Biblia, porque contiene una colección de palabras de Cristo, que ocupan tres capítulos completos del Evangelio de Mateo. Para tu lectura, para tu meditación, te invito a que vayas al Evangelio según San Mateo, capítulos quinto, sexto y séptimo.

El texto de hoy, es bien conocido por aquella frase que dice Jesús, aquello de “poner la otra mejilla” (Cf. Mt 5,38-42); indudablemente, algo que nos resulta extremadamente difícil, y algo que incluso, escapa a nuestra comprensión. ¿Qué es exactamente lo que nos pide Cristo?, ¿nos pide que seamos cobardes?, ¿nos pide que seamos perdedores? Lo que el mundo nos enseña es que tenemos que ser agresivos, y que la persona que no es dura, la persona que no hace valer sus derechos, la persona que no se impone, nunca logra nada. Esto, no solamente en los países que conocemos como sujetos a grandes necesidades, sino en todas partes; muchas personas consideran que es la única manera de obtener lo que quieren.

Así por ejemplo, en estos días, como ya es casi tradición en ese país, encontramos que en Francia se multiplican las huelgas, y a través de severas interrupciones en los servicios públicos más fundamentales, como por ejemplo el transporte, los grandes gremios, los grandes sindicatos, echan un pulso con el gobierno; a ver si ganas tú, o a ver si gano yo, y siempre la actitud es, el que tenga más fuerza, el que cause mayor daño, el que se imponga a través de la resistencia, a través de la agresividad, a través de la violencia. No necesariamente la violencia del terrorismo, pero si lo piensas bien, el terrorismo es un caso extremo de lo mismo: si no me pones cuidado, entonces hago estallar tu casa; si no me pones cuidado, entonces, decapitó a tu hija; si no me pones cuidado, entonces yo me impongo sobre ti, a base de la tortura.

Bueno, esos ejemplos de la agresividad, y del terrorismo, casi siempre desembocan en lo que se conoce como una “espiral de violencia”; espiral que va descendiendo, espiral que corresponde a eso que hemos visto en tantos lugares. Por ejemplo en nuestro país, en Colombia, vienen las injusticias sociales, luego aparece algo que se llama guerrilla, que supuestamente quiere vencer esas injusticias, y luego los excesos de la guerrilla hacen surgir otra cosa que se llaman grupos paramilitares, que empiezan a torturar, y asesinar, y hacer todo tipo de desmanes, y luego vienen los excesos de la guerrilla contra los paramilitares, y todo esto lo único que va dejando es un rastro espantoso de sangre y de dolor.

Por eso Cristo propone un camino diferente; Cristo propone un camino que desde el principio detiene la espiral de la violencia, que desde el principio para esa agresión, porque efectivamente, si estos problemas, por ejemplo en Colombia, hubieran sido abordados hace cuarenta, hace cincuenta años, no se hubiera llegado a los extremos en los que estamos ahora. Es verdad que en un cierto momento habrá que poner una resistencia clara, y por eso enseña el catecismo de la Iglesia Católica, que hay circunstancias en las que se justifica una intervención vigorosa, es lo que se llama “guerra justa”; eso también tiene un lugar en la teología católica, pero mucho antes de llegar a la guerra justa, mucho antes de que se llegue a esos niveles de agresión, nosotros podemos detener la espiral de la violencia, si con gran generosidad y una capacidad de diálogo y de comprensión, eliminamos esas primeras semillas de agresión apenas empiezan a surgir. ¡Esa es la verdadera revolución!, ¡ese es el verdadero cambio social!, ¡ese es el gran mensaje de paz, que a su manera quiere hacer llegar también, el papa Francisco! Pidamos al Señor, que este mensaje cale en nosotros, sobre todo, que nuestras familias, que nuestras relaciones interpersonales, sean ellas mismas, escuelas de paz, porque si empezamos ahí, seguramente nunca tendremos que llegar a la justificación para utilizar ningún tipo de arma contra un ser humano.