O111001a
Fecha: 19960617
Título: Solamente en el espacio del amor, se entiende la logica del padecer que redime
Original en audio: 17 min. 23 seg.
Este es uno de esos pasajes complicados por su misma sencillez. Y el predicador suele volverse un nudo con un evangelio como éste.
¿Qué hacemos si Jesús dice que hay que poner la otra mejilla? ¿Qué hacemos con la predicación de la justicia, la predicación de los derechos humanos, si uno va a tomar esto así como suena?
Entonces, ¿qué va a pasar con la verdad y con el derecho? Y si trata de interpretarlo como más suavemente, ¿qué es más suavemente? ¿Que no ponga la otra mejilla? ¿Que se esconda? ¿Que haga de cuenta que no le pegaron?
Si esta Palabra está dicha para ser aplicada, ¿cómo se aplica? Y si no está dicha para ser aplicada, ¿por qué se dijo? Es un texto difícil, por lo menos oído así.
Y a veces escucha uno predicaciones, que de tal manera le dan vuelta al texto, que terminan diciendo exactamente lo contrario. Como que el texto dijera: "Blanco", y entonces el predicador dice: "Aquí tenemos el caso de un color que parece blanco, pero si usted lo mira bien, realmente es negro. Por tanto, hermanos, yo quiero predicarles el negro".
Este texto, este breve pasaje, pertenece al Sermón de la Montaña. De acuerdo con los estudiosos, este sermón no fue dicho de una sola vez por Cristo, sino que tal como lo conocemos en la Escritura, es la recopilación de una serie de pasajes, una serie de palabras. Los exégetas dicen dilogía de Jesús, palabras, recopilación de palabras, muchas de ellas de forma paradójica.
Luego hay que hacer varias anotaciones. Quiera Dios por su Espíritu ayudarme, para que las palabras no le vayan a cambiar el color al texto, que es bien bello, pero tampoco le vayan a cambiar el color a la vida, que es bien dura.
¿Qué hacemos? Pues varias cosas. Lo primero es, de la mano de los exégetas, fijarnos en las palabras. Dijo Jesús a sus discípulos: "Sabéis que está mandado,... . Pues yo os digo,... " San Mateo 5,38-39. Son dos verbos distintos. No es un mandamiento que se reemplaza por otro mandamiento, sino un mandamiento sobre el cual Jesús dice algo.
Son dos verbos distintos. Cuando Él dice: "Está mandado" San Mateo 5,38, ¿a qué se refiere? Pues se refiere a textos de la Escritura, pero sobre todo, a lo que se había hecho con esos textos de la Escritura en la enseñanza rabínica, en la enseñanza de los maestros judíos, en la enseñanza de los escribas y de los fariseos.
Lo que está mandado es aquello que aparece como precepto por boca de Moisés y por boca de los maestros judíos. La pregunta es: Eso que está mandado, ¿a quién atañe, para quién es? Pues si está en la Torá judía, es para todo el pueblo. Es algo que tiene que realizarse siempre y en todas partes por todas las personas. Ese es el sentido de un mandamiento; ese es el sentido de una ley.
Igual sucede en la ley civil. En eso se parecen. En la ley civil, si está mandado algo para el territorio colombiano, pues se supone que es para que se cumpla en todo el territorio colombiano.
Ahora vamos al otro verbo. Jesús dice: "Está mandado, tal cosa; pero yo digo, tal otra" San Mateo 5,38-39, una cosa que está mandada y un dicho, una Palabra de Jesús.
Este contraste entre el mandamiento que viene de antes y lo que Jesús dice en este momento, lo trae el Sermón de la Montaña varias veces. Por ejemplo: "Habéis oído que se dijo a los antiguos, no adulterarás. Pero yo os digo..." San Mateo 5,27-28.
Esto quiere decir, que Jesús presenta su Palabra con autoridad, pero no la presenta como el reemplazo de un mandamiento. Ese dato es importante. Jesús habla con autoridad, pero no habla dando mandamientos.
Cuando una persona tiene autoridad, que no es la autoridad de la ley, ¿qué clase de autoridad tiene? Dejemos la pregunta abierta un momentico. ¿Qué clase de autoridad existe, que no sea la autoridad de lo que está mandado, por razonable que parezca?
Es decir, yo quiero destacar, que Jesús está aquí, no cambiando unas palabras ni cambiando unos mandamientos, sino revelando otro tipo de autoridad, que por consiguiente, pide otro tipo de obediencia.
La novedad que trae Cristo, no es cambiar una ley por otra. Por eso en el mismo Sermón del Monte, dice: "Yo no voy a abolir la ley y los profetas" San Mateo 5,17. No se trata de quitar una ley y poner otra ley. Se trata de algo distinto.
Es decir, Jesús viene a traer en el Sermón del Monte, otra autoridad, que no es la autoridad de lo razonable, que no es la autoridad de lo que parece lógico siempre y en todas partes.
La autoridad de Jesús no es la autoridad de lo que es lógico siempre y en todas partes. Se va a parecer más como a la autoridad del consejo de un amigo. Se va a parecer más, a la autoridad de Aquel que me ama. Se va a parecer a la autoridad de Aquel que me conoce y que me salva.
Además, hay que tener en cuenta que Jesús, especialmente en este texto del Sermón de la Montaña, habla utilizando, más o menos, las técnicas de enseñanza rabínica de su época. Piensa que los rabinos, piensa que los maestros, eran gente que sabía leer y escribir, pero sus oyentes no.
Cuando uno hoy quiere que una enseñanza le quede a sus oyentes, pues saca unas fotocopias y les dice: "Mire, lo esencial de lo que yo les quiero compartir, es ésto. Guarden este esquema, por favor". Esa es nuestra técnica. Uno publica un libro y se lo da.
Pero quizá ustedes hayan tenido la experiencia de predicar a analfabetos, a personas que no saben leer y escribir, la experiencia de hacer catecismo a personas que no pueden llevarse ningún papel, porque ningún papel les va a decir nada.
Los maestros en el judaísmo, se enfrentaron con ese problema metodológico, pedagógico, y lo resolvieron lo mejor que pudieron. Por eso, el rabí judío tenía que desarrollar actividades pedagógicas muy prácticas y muy específicas, para no hablarle al viento, para no perder su tiempo y el de los discípulos.
Esto es fascinante, descubrir cómo Jesús, y en general, cómo estos maestros, se valían de todos los recursos para que la enseñanza quedara en el corazón de sus oyentes. Uno de los recursos, -porque no podemos aquí hacer una exposición amplia-, es el uso de frases paradójicas. Es un recurso nemotécnico, un recurso que se dirige a la memoria del oyente.
Cuando Jesús dice, por ejemplo: "Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos" San Mateo 19,24, es tan ridículo pensar al camello entrando por la aguja, que esa imagen queda grabada en uno, y junto con esa imagen, la enseñanza.
Entonces, el uso de la hipérbole, de la exageración, el uso del agudo contraste, era uno de los recursos. Otro recurso era, por ejemplo, cierta rima o repetición de palabras, y otro, la historieta, la parábola, que logra que a la persona no se le deshilache la enseñanza, porque está hecha un tejidito.
Hasta aquí, ¿qué hemos dicho? Hemos dicho que Cristo enseña con autoridad, pero no con la autoridad lógica de siempre y en todas partes. Enseña con la autoridad del amor. Esa es la autoridad de Cristo.
Por otra parte, es la autoridad del amor en los labios de un Maestro, que en esto se parece a los maestros judíos; es decir, utiliza un lenguaje apenas apto para una audiencia que no sabe leer ni escribir.
Yo creo que mucho de esto se podría aprovechar para la catequesis en medios rurales y en medios, donde los impresos y este tipo de cosas, casi se pierde.
Si tomamos esos dos elementos, ¿qué nos puede decir el texto de hoy? Mi modo de ver las cosas, que con toda sencillez lo ofrezco, es que para nuestro tiempo, casi habría que intentar una traducción distinta, pero sin quitarle, ni la belleza al texto, ni la dureza a la vida.
Si Cristo tiene la autoridad del amor, aquello que nos parece rudo en su modo de disponer las cosas, -y es rudo poner la otra mejilla-, es parte de su manera judía de enseñar. O sea, es muy fácil para uno imaginarse a una persona que le dan un golpe y voltea la cara para que le den el otro golpe.
Jesús está hablando aquí, no como un legislador, sino como un amigo. No está hablando aquí como un juez, sino como un consejero. Jesús está hablando como aquella persona, que pone su mano en el hombro del otro y le dice: "Mira, en esta circunstancia, te resultaría mejor tal o cual cosa".
Pero ni el hebreo y menos el arameo, utilizan ese tipo de condicionales hipotéticas. Eso pertenece al desarrollo de las lenguas en occidente. En arameo, estrictamente, no se puede decir algo como: "Mira, quizá fuera mejor para ti que consideraras...".
Estos circunloquios pertenecen a la tradición latina. El arameo todo lo dice como en indicativo, como en bloque. Es un lenguaje para personas así, como eran sus oyentes.
Luego realmente, lo que está diciendo Jesús, es: "Amigos, a ustedes que han venido a escucharme...". No es una enseñanza para armar a la humanidad o a la sociedad a partir de aquí. El Sermón del Monte no es un modo de armar a la humanidad. Es el consejo dicho al secreto del corazón de un amigo.
Ese es el Sermón de la Montaña. Pero desde luego, como de ese amor necesitan todos los pueblos y todas las personas, este es un secreto que tendrá que volverse secreto de todos los hombres. Cuando lo sea, pues será la consumación de la historia.
Mas guardando las proporciones antes de esa consumación de la historia, lo que está haciendo Jesús, es aconsejar. Es como si Jesús dijera: "Mira, si me quieres recibir esta Palabra de un amigo, créeme que se logra más en el padecer. ¡En el padecer se logra más!"
"Créeme, que en la profunda aceptación por amor, por el mismo amor que yo te tengo, creéme, que de ahí surge muchísimo más. Créeme, que nunca avanza tanto el amor, como cuando parece retroceder, y nunca es más grande el amor, que cuando parece pequeño".
Todo esto que dijo Cristo, es lo mismo que sigue diciendo a lo largo de todos sus milagros, su ministerio público. Es lo mismo que dice Cristo cuando se muere en la Cruz. La Cruz sigue siendo el secreto del Amigo.
La Cruz no es una ley para que le digamos a la gente: "Usted tiene que crucificarse". ¡No! La Cruz es la sugerencia de un Corazón que ama, a un corazón amado.
Por eso, el mensaje de la Cruz está abierto, porque cruces vemos en todas partes. Pero está cerrado, porque sólo puede abrirse por medio del amor. Así pasa también con este sermón. Está abierto. El que quiera, oiga lo que ha dicho Cristo, pero no va a entender nada.
Sólo cuando entras en el espacio del amor, sólo cuando puedes sentir su mano que te abraza, su mano que te consiente, que te sana, sólo en ese momento puedes entender que efectivamente, sí se logra más padeciendo y amando, que de ninguna otra forma.
El lenguaje es lenguaje judío o arameo, o lo que quieras decir, pero el estilo fundamental, la enseñanza fundamental, es: "Si entras en la lógica de mi amor, también tú descubrirás que hay otros caminos para obrar en la tierra, y hay otros caminos de tender hacia el Cielo".
Ese mismo mensaje lo siguió diciendo Cristo, y así hasta la Cruz. Y desde la Cruz, Cristo sigue siendo Ése que muestra, que la plenitud del amor es hondamente paradójica, pero es lo único que realmente le puede al corazón humano.
En efecto, ese amor de la Cruz ha hecho más que todas las leyes, más que todas las justicias, más que todas las cuadrículas en las que queremos meter el comportamiento humano.
Que Cristo entonces, al mostrarnos su amor, al revelarnos este amor en la Cruz y en la Eucaristía, nos permita también entrar en esa extrañísima lógica del padecer, no del padecer por cobardía, sino del padecer redentor.
Si uno nota cómo se parte el Pan para poder repartirse, seguramente está muy cerca de este evangelio que hemos escuchado y meditado.