O106002a

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Fecha: 2000617

Título: La total dependencia de Dios

Original en audio: 5 min. 13 seg.


El Salmo de respuesta que hemos tenido después de la primera lectura, es el Salmo 15 en la numeración de la Liturgia, 16 en la numeración usual de las Biblias, y es un salmo que describe muy bien la espiritualidad propia de las vidas consagradas.

Eliseo es un hombre que trabaja la tierra, que tiene su sustento, su lugar y su casa, pues bien, esa casa, ese lugar, ese oficio, el todo de Eliseo va a ser ahora el servicio de Dios. Y la señal visible, casi diríamos clásica, de esta elección que Dios ha hecho sobre Eliseo y que Eliseo ha hecho en respuesta a Dios, está en esos aperos que se vuelven fuego.

Cogió la yunta de bueyes, los ofreció en sacrificio y se fue con los aperos a asar la carne y ofreció de comer a su gente. Todo en un mundo muy primitivo y en un lenguaje rústico, campesino; pero ahí está todo. Lo que tenía lo ofreció en sacrifico, dio de comer a su gente, quemó los aperos, se despidió de su mundo, para tenerlo todo en Dios.

Y esa es la espiritualidad que aparece descrita en el Salmo 15, el salmo levítico. Nadie le puede decir con más autoridad a Dios: Me refugio en ti, sino aquel que no tiene otros refugios.

Cuando le decimos a Dios: "Me refugio en ti", pero tú eres una de las posibilidades de refugio, pues las palabras no tienen tanta fuerza como cuando podemos decir, por ejemplo, decía Esther, aquella famosa mujer del Antiguo Testamento: "Señor, no tengo a nadie más que me ayude" Ester 14,3; Ester 14,14.

Un religioso o sacerdote, una seglar consagrada, es una persona que le dice eso a Dios: "Señor, me he puesto en tal situación, que tú eres mi única posibilidad y por eso mi corazón entero se arroja a tus plantas, mi vida entera se fía de ti, y mis palabras pueden esperar respuesta de nadie más sino de ti". Este es el absoluto, el fascinante absoluto que tiene la consagración.

"He quemado mis aperos, he perdido otras posibilidades, te he escogido plenamente a ti porque me he sentido escogido por ti y por eso, por que mi esperanza está sólo en ti, por eso de ti y sólo de ti aguardo la respuesta".

Si nosotros miramos los orígenes de las comunidades y de las fundaciones en la Iglesia y si miramos los orígenes de la Iglesia misma, siguen esta norma, siguen este camino.

Quienes fueron los fundadores de las comunidades, por ejemplo, son personas que le dijeron eso a Dios: "No tengo nada más y a nadie más", y Dios les respondió, Dios respondió a esas oraciones, Dios respondió a esas súplicas, Dios multiplicó sus bienes con ellos.

Estos son profetas, son apóstoles, son fundadores; y a través de ellos la acción del Espíritu se reparte en la Iglesia y hace multitud de bienes.

La enseñanza es clara para nosotros y es aplicable de modo muy sencillo: no faltan dificultades en nuestra vida, en lo grande y en lo pequeño. ¡Qué hermoso vivir la espiritualidad de la dependencia, de la absoluta y radical dependencia de Dios! Nuestro mundo ama tanto la palabra independencia, que le hemos perdido cariño a la palabra “dependencia”, pero es hermoso depender de Dios.

Bueno, pero yo también tendré que hacer mi parte, pues claro, ¿y con qué va a hacer su parte? Con la inteligencia que Dios le dio, con la salud que Dios le de, con las fuerzas que Dios le otorgue. Es hermoso vivir la radical dependencia de Dios, para todo, para lo grande y lo pequeño.

Esa paz inmensa de los santos, cuando sienten que todo en su vida, todo, lo pequeño grande, lo visible y lo invisible, lo corporal, lo afectivo, lo intelectual, lo laboral, todo, lo académico, todo está en Dios: Él tiene que ver con toda mi vida. Esta perfecta unión de nuestro mundo con el plan de Dios es lo que trae una profunda paz, es lo que trae una gran alegría y es lo que hace circular la gracia del Espíritu en todo lo que tenemos, lo que somos y lo que hacemos.