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De Wiki de FrayNelson
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Estamos empezando la décima semana del Tiempo Ordinario. Recordemos que para las lecturas de entre semana, la Iglesia tiene una pedagogía muy interesante, en lo que atañe a los Santos Evangelios, porque durante las anteriores nueve semanas del Tiempo Ordinario, nos ha venido acompañando el Evangelio según San Marcos; a partir de esta décima semana, empezaremos a escuchar pasajes del Evangelio según San Mateo, y luego, después de un número de semanas, ya casi hacia el final del año, entraremos con el Evangelio de San Lucas. De ese modo, una persona que asiste a la Santa Misa entre semana, puede escuchar la mayor parte de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, simplemente, estando atento en la Eucaristía.

Esta es una manera de contemplar los Evangelios con un orden; y por eso, este Tiempo Litúrgico que es el más extenso, se llama el “Tiempo Ordinario”. Hay otros tiempos – lo hemos dicho muchas veces – que son conocidos como “Tiempos Litúrgicos Fuertes”, así, por ejemplo, tenemos la pareja “Adviento y Navidad”, que celebra la entrada de Cristo en esta historia nuestra; y luego, tenemos otra pareja de Tiempos Litúrgicos, que son “Cuaresma y Pascua”, en la cual estamos celebrando la victoria definitiva de Jesucristo sobre el pecado y la muerte. Entonces, hay cuatro Tiempos Litúrgicos Fuertes, que son “Adviento y Navidad”, “Cuaresma y Pascua”; el resto del año, lo llamamos “Tiempo Ordinario”, y se llama así, porque lleva este orden en la contemplación del misterio de Cristo.

Hoy, pues, llegamos al Evangelio según San Mateo; estamos leyendo del capítulo quinto de San Mateo, y lo que encontramos, por supuesto, es el comienzo del “Sermón de la Montaña”. El Sermón de la Montaña, es una colección de predicaciones de Cristo, que se sitúa desde su comienzo, en una montaña, y por eso se le ha dado ese nombre. Como en otro tiempo, Moisés subió al Sinaí, así también, Cristo subió a la montaña, sus discípulos se le acercaron y Cristo empezó a hablar. Esta recopilación de palabras de Cristo, cubre los capítulos cinco, seis y siete de San Mateo, y es la colección más extensa de palabras de Cristo. Es decir, en ningún otro lugar de la Biblia, encontramos una predicación o un conjunto de predicaciones tan extenso como este Sermón de la Montaña.

El Sermón de la Montaña, empieza en este capítulo quinto de San Mateo, con las Bienaventuranzas, que son un anuncio de la Buena Nueva; son el anuncio de la victoria de Dios, más allá de las posibilidades humanas (cf. Mt 5,1-12). Victoria que experimentan, ¿Quiénes? El término general, que utiliza Cristo para estas personas, es: “Los pobres de espíritu”. No es una traducción que nos diga demasiado; ¿qué quiere decir, “pobres de espíritu”?, ¿que tienen poco espíritu, y que en ese sentido, tienen como poco ánimo?, o ¿“pobres de espíritu”, quiere decir que pueden tener muchos bienes materiales, pero en el fondo están desapegados a esos bienes? No es tan fácil expresar, en una frase completa, sencilla, lo que quiere decir “pobres de espíritu”; pero, tal vez, lo que más se aproxima, al menos, en lo que yo entiendo, es esta explicación: pobres de espíritu son aquellos que han aprendido a desengañarse de los atractivos, seducciones, amenazas y poderes que hay en este mundo.

Es decir, todas esas cosas, sea que las tengan o que no las tengan, no tienen poder de cautivar sus corazones, porque sus corazones están fascinados por Dios. En ese sentido, son personas que, quizá, han sido despojadas de muchos de sus derechos, han sido maltratadas en muchos sentidos, han sido considerados como los fracasados, como los perdedores; pero esas personas que no cultivan grandes ambiciones para las cosas de esta tierra, porque no son ídolos que tengan poder en sus corazones, son las que realmente pueden captar el mensaje de Jesús. Precisamente, porque sus corazones están libres, por eso pueden captar el mensaje de Cristo; porque no dependen de esa clase de seducciones, ni tampoco se dejan amedrentar por tantos tiranos y por tantas amenazas que hay en este mundo.

Esa es una clave de comprensión muy importante, porque si entendemos que Cristo está hablando, en primer lugar, a esta clase de personas, también entendemos, entonces, por qué todo el Evangelio tiene ese carácter paradójico, aparentemente contradictorio que surge tantas veces, como cuando Cristo dice: “Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros” (Mt 19,30), “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35), “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios” (Mt 21,31). Todas estas expresiones, dependen en el fondo, de una misma idea, y es: que aquel que se desprende de ídolos, que no se deja fascinar, simplemente, por placeres o ventajas; no se deja amedrentar por amenazas o miedos; y finalmente, termina aceptando que solo Dios, es Dios, ese es el que va a captar bien el Evangelio de Jesús.