O095003a
Fecha: 19960607
Título: "El que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesus sera perseguido".
Original en audio: 46 min. 31 seg.
Queridos Amigos:
El Nuevo Testamento recoge ante todo el testimonio de los Evangelistas, ellos nos predican la vida y la muerte, la gloriosa Resurrección de Jesucristo.
Con esa vida, con esa muerte, con esa Resurrección, Dios dio cumplimiento a lo que había prometido al pueblo de Israel; todo aquello que fue prometido a los Patriarcas encontró su cumplimiento en la vida, en la muerte, en la Pascua de Jesús.
Pero Dios, como verdadero enamorado, no quiso limitarse a cumplir lo que había prometido, fue más allá, no sólo cumplió su promesa, sino que abrió, desde el pueblo de Israel, puerta de salvación para todas las naciones.
Ya lo había anunciado veladamente en aquella profecía de Isaías: “Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra” Isaías 49,6. Y eso fue lo que hizo Dios en la vida, en la muerte, en la gloriosa Resurrección de Jesucristo, lo constituyó en luz de las naciones.
Esta expresión “luz de las naciones” dícese en latín "lumen gentium", y es el título de uno de los documentos del Concilio Vaticano II que habla sobre la Iglesia, porque efectivamente, la vocación de la Iglesia, el llamado de todos los que creemos en Cristo es precisamente ese, ser luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.
Y para una muestra de lo que puede ser esta luz, nos encontramos el que ha sido llamado el evangelio del Espíritu Santo, el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Las maravillas que ahí se describen, es decir, la conversión de los corazones, la alegría del perdón los prodigios, los carismas y milagros, la constitución de comunidades vivas, llenas de la presencia del Señor y de la eficacia de los sacramentos, eso que se narra en los Hechos de los Apóstoles, no es otra cosa sino la realización del Evangelio en la vida de quienes van creyendo en Cristo.
Como en otra oportunidad he comentado, este libro de los Hechos de los Apóstoles acaba como en punta o, mejor dicho, no acaba y no acaba porque, en cierto modo, acabará de escribirse sólo cuando se cuente todo aquello que han producido los Hechos de los Apóstoles, todo aquello que ha nacido de su predicación, de su oración, de su testimonio.
Y eso no ha sido otra cosa que la Iglesia ungida por el Espíritu que se propaga a través de los siglos, a través de las culturas y que en muchas lenguas, como ya lo anunció en Pentecostés, canta las maravillas de Dios.
Además de eso, el Nuevo Testamento contiene una serie de documentos en forma de carta, principalmente del Apóstol San Pablo. Pablo recorrió la cuenca del Mediterráneo hasta poder decir con un dejo de orgullo: “He dejado todo lleno de Cristo” Carta a los Romanos 15,19.
Tenia él la bendita obsesión, sentía el sagrado deber de llenar de Jesús a todo el Mediterráneo.
Y movido por el poder y la gracia del divino Espíritu así lo fue realizando. Partiendo de Antioquía y luego por Chipre, por Asia Menor, por Turquía, por lo que hoy es Grecia, Creta, Roma y muy seguramente por España, anduvo este pregonero, este enamorado de Jesús.
Y como no podía estar en todas partes al mismo tiempo, a comunidades enteras envió documentos avisándoles de peligros, animándoles en sus tristezas, completando su doctrina, educándolos en la vida que había tenido fuente en la primera predicación.
Esas Cartas tienen su fuente, todas ellas, en su predicación y en la vida de San Pablo, pero esas Cartas tienen no sólo como destinatario a comunidades sino en ciertos casos, en tres casos, a personas que son responsables de comunidades, son las dos Cartas a Timoteo y la Carta a Tito.
Este Timoteo, fiel servidor al Evangelio, conoció de cerca los sufrimientos del Apóstol, y por eso dice él mismo en el texto que hemos escuchado hoy, en el capitulo tercero de esta Segunda Carta: “Tú seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta, mis planes, fe y paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos” 2 Timoteo 3,10-11.
Así lo escribe el Apóstol en apretada síntesis, en lo que ha sido su correría y lo que es la vida y el pan de cada día en el cristiano que pretende dar testimonio.
La doctrina, la conducta, los planes, la fe, la paciencia, el amor fraterno, el aguante en las persecuciones, “¡qué persecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor” 2 Timoteo 3,11.
Y para que no pensemos que estas persecuciones quedaron en ese tiempo y para que no pensemos que esta fue una especie de privilegio de los Apóstoles, trae esta frase tan útil para nuestra salvación.
Por otra parte: “Todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido” 2 Timoteo 3,12. De esta frase cortante, rotunda, precisa podemos sacar nosotros cinco enseñanzas inmediatas.
Primera, la hostilidad que el mundo tuvo contra Cristo no se curó con la muerte de Cristo, el odio que el mundo tuvo contra Cristo no se agotó con la muerte de Cristo, la pelea sigue, no se agotó.
Esa muerte de Nuestro Señor, ¿qué indica? El tamaño de la lucha, el tamaño de la victoria; pero la lucha que ya terminó en Él no ha terminado en los que creemos en Él. Si alguna te quedara, recuerda el texto del Apocalipsis: “La serpiente despechada se fue a hacer la guerra a los que creen en Cristo” Apocalipsis 12,17.
El odio del mundo, el odio del demonio, el odio de la carne no han terminado con la muerte de Cristo, esto significa, esta es la primera enseñanza, que declararse cristiano es tener enemigos; el cristiano no es una persona que va a encontrar acogida en todas partes, amor en todas partes, el cristiano le va a pasar lo que le pasó a Jesús.
Entonces, nuestra primera enseñanza es: el odio del mundo contra Cristo no se acabó con la muerte de Cristo. Es espeluznante leer en los Hechos de los Apóstoles el proceso que se sigue contra Esteban, contra Pedro, contra Pablo.
Es decepcionante pero ilustrador descubrir que los mismos autores de la muerte de Cristo intervienen para que muera Esteban. Otra vez son los sumos sacerdotes, otra vez es el Sanedrín en pleno el que se reúne y el que dicta sentencia contra los seguidores de Cristo.
“Si me rechazan a mí, os rechazarán a vosotros” San Juan 15,20, dice el Señor, y dice también: “Así como acogieron mi palabra, la acogida que le dieron a mi palabra, esa es la misma acogida que le van a dar a la palabra de ustedes” San Juan 15,20.
Segunda enseñanza que podemos tomar de aquí. "¿Y si no me están persiguiendo? ¿Y si no hay persecución? ¡Problema, problema! Porque es que la frase es de lo más rotundo que tiene San Pablo, y la Iglesia nos la regala en este viernes: “Todo el que se proponga a vivir como buen cristiano será perseguido” 2 Timoteo 3,12.
¿Y si no hay persecución? Dicen que “si P implica Q, si no Q entonces no P”, de modo tal, que si todo el que vive como cristiano es perseguido y si yo no soy perseguido, entonces saca la conclusión.
Pero la persecución duele. Esta es la tercera enseñanza, la persecución duele. Es decir, el hecho de que tú vas a ser perseguido como Cristo, no significa que vas a tener un escudo atómico para que no te duelan los dardos, para que no te duelan las opiniones, las malas miradas, y duele donde es, ahí donde le duele a uno, ahí es.
La segunda enseñanza es: bueno, ¿y qué hacemos con los cristianos que no somos perseguidos? Pues tenemos que decir que probablemente no somos cristianos. Y la tercera enseñanza es que la persecución duele.
Santa Teresa de Jesús, sufriendo persecución interior por las tentaciones e insidias del demonio y persecución exterior por las incomprensiones y acusaciones de otros, e incluso de sus mismas religiosas, le decía una vez a Cristo: “Razón que tengas tan pocos amigos, si a tus amigos los tratas así, razón que tengas tan poquitos”.
La persecución duele y duele ahí donde es, porque los dolores los podemos agrupar en dos grandes grupos, hay dolores que uno puede manejar y hay dolores que uno no puede manejar bien.
Los dolores de la persecución son los dolores que uno no puede manejar. Le tengo esa noticia, si usted, por ejemplo, es una persona que soporta todo menos que lo aíslen, prepárese, ¿qué cree que le va a suceder? Sí señor, lo van a aislar, exactamente eso es lo que le va a suceder.
“Jesús, yo soporto todo, puedes mandarme dolor de cordales, puedes mandarme retortijones de intestino, yo soportaré, pero que mis amigos me dejen, que me hagan a un lado, que me excluyan, eso no lo soportaría”. Al día siguiente los amigos lo dejan, lo excluyen, lo hacen a un lado. Es decir, no nos hagamos ilusiones, la persecución es exactamente ahí donde a ti te duele, esa es la persecución.
Cada uno de nosotros tiene su tipo de pecado frente al cual es más o menos resistente, y su tipo de pecado frente al que es más o menos débil. Bien, acertaste, la persecución llega por el lado del pecado por el que tú eres débil, exactamente por ahí te va a llegar, esa va a ser la persecución.
Entonces por ejemplo, si no te tienta demasiado el dinero, tampoco te tienta demasiado los placeres de la carne, pero en cambio tienes una ira irreprimible y no soportas que nadie te humille en tu cara, ya sabes cuál va a ser la preocupación: va a empezar la gente a humillarte en tu cara; esa va a ser tu persecución, eso es lo que te va a suceder.
Me pregunto yo con mucha curiosidad: ¿qué han hecho muchas iglesias protestantes con este versículo? Porque es que yo escucho mucha predicación, y me disculpan, yo escucho mucha predicación que es más o menos en estos términos: “Es que yo creí en el Señor, yo me apoyé en el Señor y desde entonces se me quitaron las caries, nunca más tuve caspa; me reglaron una casa y dos carros, yo no podía creerlo, cuando en ese momento me llegó una moto; y ¡bendito sea el Señor!"
Un momento, señores, y el capitulo tercero de la Segunda Carta de San Pablo a Timoteo, ¿que? A cada uno le llegará exactamente por donde le duele.
Si, por ejemplo, tu tendencia es a la depresión, el día que estés más al borde de entrar en la depresión, no faltará una cantidad de gente que esté dispuesta a darte la patadita para que te vayas a lo profundo del hoyo. Esta es la tercera enseñanza, la persecución llega y llega por donde es.
Todavía no hemos explicado por qué Dios quiere esto. Probablemente alguno o algunos de ustedes piensa: “Bueno, ¿pero qué sentido tiene eso, qué clase de Dios está usted predicando, padre? Usted nos está diciendo que entremos a una sala de tortura para ver qué hace, qué se le ocurre a Dios con nosotros”. Luego trataremos de contar cuál es el sentido, pero por ahora digamos eso.
Esa persecución -todavía estoy en la tercera enseñanza- le llega ¿a quién? Aquí dice: “Todo el que se proponga” 2 Timoteo 3,11, ahí no dice: “Todos menos las niñas tiernas; si tú eres una niña tierna, para ti no habrá persecución". A ver, en primer lugar eres tierna, en segundo lugar inspiras ternura, en tercer lugar uno te mira y siente: "Es tierna".
A la niña tierna le llegará persecución de niña tierna, esa persecución de niña tierna tendrá cara de, por ejemplo, "¿por qué no empiezas a vivir para ti misma? Dedícate a vivir para ti misma, hay tantas cosas de que ocuparte".
“¿Has visto qué porquería tienes por cuerpo?” ¿Por qué no lo pones en forma? Mira, es posible, fíjate bien en el espejo, es posible que en la parte superior derecha del muslo haya huellas de celulitis” "-¿celulitis yo? ¿Qué voy hacer? ¿Que haré?"
“Es muy fácil, de ahora en adelante entrarás en tratamiento, harás esto y harás esto otro, comprarás esto o comprarás lo de más allá, comprarás revistas asistirás a seminarios, harás muchos cursos, lograrás muchas especializaciones, pero tú un día vencerás tu celulitis y en ese momento serás perfecta”.
“-Bueno, descanso. Uff, por lo menos seré perfecta, venceré la celulitis”. “-Y bueno, esa deformidad que tú llamas busto, ¿qué piensas hacer con eso?” "-¿Mi busto es deforme? ¿Soy deforme yo?" "-Por favor, el espejo no miente, tú eres deforme, das pena, el hecho que tengas cara de radiador no significa que no tengas además un busto deforme" "-¿yo?" "-Sííí".
Mire, mientras la mujer se compone de la celulitis y se compone de su busto deforme y se compone de no se qué, dura veintiocho, treinta, cincuenta años girando en torno a sí misma.
Hace poco estuve en Bucaramanga y tuve oportunidad de ver que este periódico que se llama “Vanguardia Liberal” publica una cantidad de obras por fascículos, entre otras sacó una muy extensa, de la que he tomado estos ejemplos, de una sección que se llama Salud y Belleza, páginas y páginas y fascículos y capítulos sobre todo lo que tiene que hacer la mujer para por fin decir: “Lo logré, por fin soy bonita, ahora sí creo que me van a aceptar todos”.
Yo pregunto, si en alguna parte, si algún diario, si alguna revista le cuenta a las niñas cómo tienen que educar su corazón, cómo tienen que formar su inteligencia, cómo tienen que darle textura y fortaleza a su voluntad; ¿habrá corazones, habrá gente que le hable así a las niñas y les explique a las tiernísimas niñas que no basta con tener un cuerpo espectacular y que no basta en mirarse y mirarse?
De manera que persecución habrá para todos, la persecución probablemente no será con la violencia que le pasó a San Pablo, no, pero es que hay muchísimas formas de violencia. Sigo con el ejemplo de las niñas.
Uno habla con las niñas en los colegios y muchísimas veces sufren la terrible violencia de la soledad. "Soy la rara, yo creo en Dios, creo en la pureza, soy rara". Y es terrible y eso duele demasiado para una muchacha. Persecución habrá para el que trabaja, persecución habrá para el anciano.
Pasemos a una cuarta enseñanza: “Todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido” 2 Timoteo 3,11 es, si yo no me equivoco, es la única vez en los escritos de San Pablo en que aparece un adjetivo con cristiano: “Buen cristiano” 2 Timoteo 3,11, ¿qué indica esto? Que no basta con ser cristiano, que no todo cristiano se le mide a esto.
Pablo, de acuerdo con los estudiosos, escribió estas cartas por si mismo o por redactores al final de su vida, cuando ya él sabia que había gente que le daba la espalda a Jesucristo, eso es importante que lo sepamos.
Mira, cuando estamos aquí bendecimos juntos a Dios y es fácil ser cristiano, aquí es fácil, aquí es de buen gusto ser cristiano, aquí yo y cada uno de nosotros podemos levantar las manos y decir: “Dios es mi Señor”, aquí no pasa nada, “Él es mi Señor”; bueno, ahora entra a la oficina así, “Él es mi Señor”, ya ahí se complica un poco.
Entonces, probablemente usted se va a encontrar con cristianos a los que no les interesa este mensaje, probablemente habrá gente que se eche para atrás.
Hablábamos una vez con mis queridos Pablo y Maria Isabel, sobre las historias de las personas que han sido sanadas por Dios, y una vez sanadas se han ido, se han alejado.
Yo me acuerdo del caso que tengo reciente de una señora que estaba en una crisis existencial tan horrible, de esas personas que ya han pasado por psicólogo y vieron que el psicólogo no les puede ayudar más, que están destruidas y despedazadas, problema afectivo, problema laboral, problema familiar, problema económico, problema, problema, todo al revés, todo mal.
Cuando tuvo problemas yo la veía mucho por aquí por este convento y la vi en estas actividades y cosas que tratamos de hacer por ahí y la vi firme. Bueno, un día estaba tan preocupada, tan triste, que me dice: “Ore por mí, por favor; yo necesito un trabajo, me estoy volviendo loca". Yo pensé para mis adentros: “Eso ya venía desde antes, pero bueno…”
Oiga, y me he puesto por tarea rezar: “Señor Jesús, te pido, por tu amor, regálale un trabajo a esta mujer”. Llamada telefónica: “Fray Nelson, no quepo de alegría, usted viera que belleza de trabajo, está todo por hacer, me siento realizada, bendito sea Dios, ¡gloria al Señor”! Y esa fue la última vez que la oí, ni más llamada, ni más grupo, ni más curso, ni más nada.
Y yo les voy a contar aquí en voz bajita, que me pesó haber orado con tanta fuerza por ese trabajo, yo me puse a pensar: "Quizá si no hubiera rezado con tanta fuerza, si hubiera rezado nada mas: “Señor, de pronto pronto por cualquier cosita", le sale por ahí un medio tiempo”.
En un grupo que tuvimos hace algunos años en la parroquia de Chiquinquirá, nos pasó lo mismo. Un muchacho preocupadísimo porque le habían hecho unos exámenes y parecía que tenía principios de cáncer.
Nosotros creímos en el Señor y le creímos al Señor y nos pusimos a orar: “Señor, glorifícate en esas células, Señor, ayuda”. Gran noticia para ese muchacho, le doy la gloria a Dios, aquí están los exámenes médicos, no encuentran ninguna célula cancerígena en estos exámenes.
Como era la primera vez que me pasaba algo de ese tamaño, yo no cabía de alegría y yo decía: “Oye, es verdad que Dios responde a las oraciones, esto es increíble, esto es maravilloso”. La alegría me duró ocho días.
A los ocho días, volvió a reunirse el grupo, y el muchacho desapareció. Mira, empezó a llenarse de tantas ocupaciones, le salían tantas cosas, le salían tantos compromisos, había tanto que hacer que nunca más pudo volver, jamás volví a tener una sola noticia de él.
Yo digo, que si así van a ser las sanaciones, "Señor, hazme el favor de enfermarme a toda esta gente". Y si para eso van a servir los trabajos y los empleos, "hazme el favor, Señor, aquí te tengo esta apuesta: Dios mío, Señor, que en primer lugar esté tu amor, que esté tu divino amor, porque hay cristianos que les bastan los bienes de Dios y no buscan ya al Dios de los bienes, les basta las cosas de Dios y no buscan al Dios de todas las cosas.
Por eso parece que es más seguro decirle a Dios: “Señor, así como estoy acepto tu voluntad y quiero querer lo que tú quieras”; parece que eso es más sensato, parece que eso es mejor, y aplícale eso a todo lo que te sucede.
Pablo no estaba agotado sólo por las persecuciones de afuera, sino por sus propias tentaciones -capitulo doce, Segunda Corintios- “Señor hay un aguijón en mi carne, un aguijón de Satanás que me abofetea” 2 Corintios 12,7.
Quién sabe qué tipo de tentación o de dificultad tenía él, muy probablemente algo en su propia carne, en su sensibilidad, quién sabe qué sería, sobre eso se han hecho todo tipo de conjeturas, pero el hecho concreto es que Pablo dice: “Señor, estoy harto con ese aguijón”.
Cada uno podría decir que ese aguijón es tal o cual cosa, quizá el Espíritu Santo prefirió que no se supiera el nombre del aguijón, para que cada uno de nosotros pudiera pensar que ese aguijón es su propio defecto en particular.
"Señor, ese temperamento mío no sirve para nada", "Dios mío, ese mal genio", "Dios mío, esa ingratitud", "esa tentación mía", "esta carne, Señor", "esa envidia, Dios mío", "¿por qué seré tan susceptible? Todo me duele, todo me entristece, todo me complica, todo es difícil para mí".
Un momentito, sí, es verdad que todo es difícil, pero parece que lo primero no es darle una patada a tu vida o darle una patada al mundo, quizá en medio de toda esa persecución está tu unión con Dios, esto no significa que dejemos de luchar contra el mal, contra la enfermedad o contra el desempleo, sino que tengamos claro que lo primero es amar a Dios sobre todas las cosas.
Decía un pensador: “Si Dios me diera su divino poder durante un día, en un día yo ponía este mundo en orden”. "En primer lugar, -y era un hombre lleno de celo por el Evangelio-, en primer lugar yo me iría a los lugares de iniquidad, a los prostíbulos, a las clínicas de abortos, a los lugares de expendio de droga, destruiría esos lugares, quizá no a las personas pero esos lugares los destruiría.
"Y si Dios me diera su divino poder, yo le aplicaría una sanción ejemplar a todos los criminales para que se supiera que así no se trata a Dios".
"Y a la gente que blasfema, yo le daría una cachetada para que aprendieran a respetar el Nombre del Señor; y aquellos que roban, yo los sancionaría ejemplarmente, si Dios me diera su divino poder por un día"; pero el hombre sigue hablando y dice: “Pero si Dios me da su poder y su sabiduría, probablemente yo dejo que el mundo siga su curso”.
Nosotros nos aturdimos ante el mal, pero Dios no se aturde. Cuando a uno le cuentan por ejemplo, siempre será un escándalo y un dolor para mí, y me cuentan, por ejemplo de los crímenes contra los niños, uno no sabe qué hacer con eso, pero Dios sí sabe qué hacer con eso. De manera que Dios no es tan aturdido ni tan atolondrado como nosotros.
Nuestra cuarta enseñanza es: el que se proponga a vivir como buen cristiano, pero eso no se lo propone todo el mundo.
Y nuestra quinta y última enseñanza es esta, queridos amigos: San Pablo nos ha dicho “Todo el que se proponga vivir como buen cristiano” 2 Timoteo 3,11.
Es el momento de preguntarnos, "bueno, ¿Dios qué se saca de eso? ¿Dios qué saca de tenerme en ascuas? ¿Dios qué saca de tenerme medio asustado, medio enfermo, medio desempleado? ¿Que saca Dios con eso?"
Mira, por decirlo brevemente, a Dios le interesa fundamentalmente el desenlace de tu vida. Yo no sé si aquella señora de la que hable hace unos minutos, la que adquirió el trabajo de una manera milagrosa y casi instantánea, yo no sé si esta señora volverá, por ejemplo a este grupo, ¿pero sabe qué impresión tengo? Que ella volverá aquí, perdón por lo que voy a decir, por un garrotazo, porque esa es la Iglesia y usted no está aquí por bueno, ni yo estoy aquí por bueno.
"Ya que llevo una vida santa, ahora me dedicaré los viernes a bendecir a Dios por la noche". Esa no ha sido su vida, por lo menos de las que yo medio conozco, comenzando por la mía, no han sido así, más bien ha sido: "Mire, yo tenía la cabeza hastiada de garrotes y entré aquí y aquí me pegaban menos y entonces me quedé un rato.
Uno llega por interés. Mire, la gente que está bien en la vida, esa gente no está rezando a estas horas, la gente que está bien en la vida, la gente que está contenta, esa gente no está por aquí.
Usted debe ser una emproblemada desde que está ahí sentada, me imagino yo, o por lo menos empezó como emproblemada. Ya después uno va entendiendo muchas cosas y uno se va dando cuenta de que hay que seguir a Dios no sólo en los momentos de crisis; pero como nosotros empezamos, siempre fue así
¿Por qué Dios quiere que nosotros seamos perseguidos? Lean en capitulo quince del evangelio de San Juan: “Yo soy la vid verdadera, y mi padre es el viñador. A toda rama que no da fruto la corta y a la que da fruto la poda" San juan 15,1-2.
Entre podar y cortar no hay demasiada diferencia. Entonces, si Dios poda, es porque eres rama que da fruto. Y la Carta a los Hebreos también nos anima diciendo: “Dios corrige a los que ama” Carta a los Hebreos 12,6, si se hubiera desentendido de ti ya dejaría de corregirte.
Hermanos y amigos, la persecución es útil por cuatro razones y es necesaria por cuatro razones. Primera, para que busquemos a Dios por Dios y no nos contentemos con ninguna idolatría; para que busquemos al Señor, al Señor y sólo a Él, es decir, para desprendernos de la idolatría.
Segunda razón, la persecución es útil y es saludable porque nos pone en camino; la persecución es útil porque uno se convierte, ¡ahí se va sentando, uno se convierte y se sienta y dice: “Bueno, me he convertido, ahora toca conservar la paz, tratar de que Dios no me quite la paz, esta paz que yo tengo", y entonces uno se dedica a cuidar la paz.
¿Y saben cómo cuidan la paz los buenos? Volviéndose egoístas. Hay tanto cristiano que se convirtió en el “Minuto de Dios”, tanto cristiano que se convirtió en “María Santificadora”, tanto cristiano que se convirtió en congresos de sanación y que después de que se convirtió, “bueno, vamos a conservar la paz”.
"¿Te acuerdas cuando Dios nos convirtió? A tiempos aquellos, pero ya felizmente estamos convertidos, ya es momento de echarle seguro a la puerta, es momento de acostarnos temprano, no se nos olvide el Rosario, tratemos de que no se nos olvide, ¿y qué es lo que están dando en el otro canal?"
Uno se estaciona, hermanos, y uno se dedica a la conservación de lo poco que tiene, pero cuando este señor está así sentado mirando la televisión y se le acerca la hija y le dice: “-Papi, ¿verdad que el aborto…?” "-¿y por qué me preguntas eso, niña?” “-No, es una pregunta suelta, una inquietud que tenía”.
La tentación y la persecución nos ponen en camino, en ese sentido es buena. En tercer lugar la persecución nos ayuda a no confiar demasiado en nosotros mismos, en la virtud pasada, porque uno confía mucho, sobre todo si hay algunos carismas.
“Ah, un tipo como yo, a mí", “yo ya no me cuezo en dos aguas, "yo, imagínese...”, "yo he sido curtido, yo he sido toreado en muchas plazas”, “yo he orado con el padre Dario, y el padre Emiliano Tardif rezó por mi”.
Y ya hizo el tour: "No, yo estuve en las apariciones de no sé donde", "qué día me senté y estuve almorzando con un obispo… ya a mi qué me puede entrar", y uno entra a confiar demasiado en sí mismo.
Finalmente, la persecución es buena ¿sabe por qué? Porque nos une a la redención de la Cruz. Hay tres tipos de santidad: la santidad de engorde, la santidad de obrero y la santidad de crucificado.
Al principio uno quiere la santidad de engorde, aquí yo creo que hay varios que tienen la santidad de engorde, por lo que veo, la santidad de engorde es llenarse de experiencias: “-Ahora, ¿a dónde no hemos ido? Ya sé, a donde Fray Nelson; bueno, ¿y allá que?” "Allá hay..." "-No, allá primero hay que revestirse de paciencia…".
La santidad de engorde es hacer vueltas y vueltas y tener experiencias y sensaciones: "¿Y ahora qué mas me va a pasar a mí? ¿Y ahora de aquí qué sigue?".
Luego viene la santidad del activista, es el que se matricula en un poco de cursos, pertenece a cuatro fundaciones, miembro honorario de cinco cofradías, amigo de seis párrocos, se inscribe con siete videntes y así sucesivamente en progresión aritmética, y la persona esta así, sube y baja.
¿Cuál es el límite de la santidad del activista? Que empieza a llenarse de vacío, de orgullo, de murmuración, entonces trabaja y trabaja y cuando para: “¡Porquería de Iglesia! Aquí nadie se convierte, nadie hace nada, a trabajar, sigamos...”.
Un día la persona descubre que hay otra santidad, ustedes descubrirán aquí las tres generaciones de las que venimos hablando. Entonces viene la santidad de la Cruz, llega un momento en que la persona descubre que no se adelanta nada mientras uno no se muera, es decir, el asunto es muy sencillo, es como el famoso negocio de huevos con jamón, el problema es que a uno le toca poner el jamón.
Cuando uno cae en la cuenta que esa es la santidad y que esa es la verdadera santidad, entonces uno dice: “Bendita la persecución”, “gloria en la tentación”; "y hasta me glorío en las tentaciones, dice Pablo-, hasta me glorío, porque cuando soy débil entonces soy fuerte” 2 Corintios 12,10; ese es el cristiano maduro.
El que está huyendo y diciendo: "No, ese Dios es sádico; Dios debería, habiendo tanto colchón rosado, Dios debería repartir colchones rosados, perfectamente, unos colchoncitos que tuvieran una tela lavable, unos colchoncitos para todos".
No, Dios quiere que Cristo se realice en tu vida; y por eso, todo el que se disponga para ser buen cristiano sufrirá persecución.
¡Gloria a Dios!.