O095002a
Fecha: 19960607
Título: La Palabra de Dios esta inquieta por habitar en nuestro corazon hasta la eternidad
Original en audio: 3 min. 30 seg.
Regálenme, por favor, de su oración, pidiendo al Espíritu Santo que inspiró a aquellos santos varones que se escribieran estas palabras, para que Él esté en nuestros corazones, que es el lugar donde debe quedar finalmente escrita esta palabra.
Este papel, amigos, sera destruido, y un día desaparecerán todas las Biblias, pero no desaparecerá aquella Palabra de Dios que está escrita una vez y para siempre en el corazón de los creyente.
Dios escribió un tiempo en piedras, otro tiempo en papiros, otro tiempo en papeles. Donde quiere escribir Él es en tu corazón, allá quiere escribir palabras de salvación.
Que se digne Él enviar desde lo alto su divino Espíritu para que mi palabra pueda hacer de estilo, si es su divina voluntad, y pueda esta palabra, por fin, descansar en su morada, que es tu corazón redimido, anticipo y preludio del cielo. Porque el corazón de cada redimido es un anticipo del cielo.
Y esta Palabra peregrina, esta Palabra que viene de hace dos mil años, de otra cultura, de otra frontera, esta Palabra está intranquila, palpita y se remueve mientras está en papeles o papiros. Esta Palabra está inquieta y no hallará sosiego hasta que, por fin, tú la recibas y la abraces en tu alma y le digas: "Esta es tu casa por la eternidad". En ese momento esa Palabra hablará a ti y tú dirás, y tú estás y estarás en la Casa del Padre por la eternidad.
Recibe esta Palabra para que ella te reciba, acógela para que ella te acoja, dale tú la bienvenida para que ella te dé su propia bienvenida. Y si en ese ministerio, y si en esa labor, y si en esa historia de amor quiere Dios que mi predicación sirva, que lo haga por el poder de su Espíritu.
Roguemos entonces desde lo profundo de nuestra fe, para que este Espíritu habite en mí, habite en ustedes, y declarándose Señor y Dador de vida, convierta nuestro rostro en Rostro de Cristo y nos dé el palpitar del Señor de los siglos.
Roguemos al Divino Espíritu.