O095001a
Fecha: 19960607
Título: A Cristo lo descubrimos por la puerta de nuestra fragilidad
Original en audio: 5 min. 51 seg
Esta breve lectura del evangelio según San Marcos nos puede tomar un poco por sorpresa.
Es una intervención casi humorística de Jesucristo,una pregunta capciosa que Él hace sobre la relación entre David y el Mesías: ¿Cómo así que es al mismo tiempo el hijo de David pero David lo llama Señor suyo? Esta pregunta de Jesús tiene sentido especialmente si lo relacionamos con las lecturas que la Iglesia ha presentado en los días anteriores durante la Misa.
Lo que sucede es que durante toda esta semana le han estado haciendo preguntas a Jesús otras personas. Entonces, llega el viernes, y ahora es Jesús el que pregunta. ¿Quiénes se han acercado a preguntarle? Los fariseos y los herodianos.
Se acercaron y le dijeron: "Bueno, ¿pagamos impuestos o no?" San Marcos 12,14. Era una pregunta para ponerlo en aprietos.
Luego se acercaron los saduceos y le preguntaron: "Bueno, al fin, ¿hay resurrección de los muertos o no?" Y le echaron la historia de una mujer que estuvo casada con varios hombres, porque iba muriendo el esposo y entonces, al fin, si hay resurrección, ¿con quién va a quedar casada?
Y luego vinieron los escribas y le preguntaron: "Bueno, si hay tantos mandamientos, ¿cuál es el primero de los mandamientos?" San Marcos 12,28.
Esas han sido las lecturas de la Misa durante esta semana, y Jesús les ha ido respondiendo a cada uno de ellos.
Ahora es Jesús el que pregunta, y dice la lectura que acabamos de escuchar: "La gente disfrutaba escuchándolo" San Marcos 12,37, se ve que tenía facilidad y gracia para hablar. Pero no la simple gracia del que es elocuente sino de aquel que sabe comunicar gracia cuando está hablando, ese el Jesús Nuestro Señor.
Y en verdad, con esa pregunta, Jesús muestra que el verdadero misterio sobre su propia persona no o habían logrado entender ni los fariseos, ni los herodianos, ni los saduceos,, ni los escribas. Todos estos escribas y todos los demás no disfrutaban oyendo a Cristo, pero dice el Evangelista: "La gente, la gente gente, esa sí disfrutaba" San Marcos 12,37.
¿Qué se necesita para disfrutar oyendo a Jesús? ¿Qué era lo que tenía esta gente que ha aparecido hoy viernes en las lecturas de la Misa y qué era lo que no tenían los otros? Pues los fariseos se sentían muy seguros de sí mismos porque cumplían la Ley.
Los herodianos se sentían muy felices de sí mismos y muy seguros porque eran amigos del rey; los saduceos estaban convencidos de que nada les podría pasar porque eran de familias sacerdotales; los escribas eran muy seguros y muy presuntuosos porque habían estudiado mucho.
Esta gente, la que hoy se alegra de asomarse al misterio de Cristo, que es Hijo y Señor de David, esta gente de la que se nos habla hoy, es la gente que no tiene en qué apoyarse, es la gente que encuentra, finalmente, en Jesús, cómo hay alguien, cómo hay una fortaleza, cómo hay un lugar para ellos, cómo Jesús es verdaderamente ese amigo que hermosamente cantábamos al principio de la Eucaristía, cómo en Él realmente está el apoyo, está la fuerza, está el cimiento de una vida verdadera.
Pero fíjate, eso lo descubre el que no pretende apoyarse demasiado en sus propias fuerzas. El que se siente muy seguro porque sabe, porque tiene amigos, o porque se cree bueno, ese no descubre fácilmente a Cristo. Eso quiere decir que a Cristo lo descubrimos sobre todo por la puerta de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad y de nuestros problemas.
Cristo no suele entrar por la gran fachada de nuestras virtudes y de aquellas cosas en las que nos sentimos sólidos; Cristo parece preferir la puerta de la basura, la puerta de atrás, allá donde hay dificultad, allá donde hay crisis, allá donde no estamos tan seguros de nosotros mismos. Allá, sobre todo allá, Cristo tiene un lugar y una entrada en nuestra vida. Y una vez que entra, pues pues se convierte en Señor de nuestra existencia. Pero eso trae mucho dolor, y eso nos lo ha recordado la Carta a Timoteo.
Creo que vale la pena, teniendo en frente a mí a un grupo selecto de docentes, creo que vale la pena repetir las palabras de Pablo: "Tú, permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién aprendiste, sabiendo que conoces la Sagrada Escritura. La Escritura puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación" 2 Timoteo 3,14-15.
Hermanos y amigos, que esta Palabra se realice en nuestra vida, que Cristo sea nuestro cimiento, nuestra fortaleza, nuestro alimento y nuestra alegría.
Amén.