O093001a
Fecha: 20020605
Título: No hay que tener miedo de dar la cara por Cristo y por la Iglesia
Original en audio: 10 min. 52 seg.
En el texto que nos presenta la Iglesia para este día, el texto del Apóstol San Pablo en su Primera Carta a Timoteo, hay un contraste muy grande entre la noticia que anuncia Pablo y el Pablo que anuncia la noticia. Vamos a explicarnos.
Resulta que la noticia que se presenta, la noticia que nos ofrece este Apóstol, este Evangelizador es la noticia más grande de todos los tiempos; y así la presenta, diríamos descaradamente, el Apóstol. Nos habla de una gracia, de un regalo, de una dignación de amor, que viene desde antes de la creación del mundo, desde antes de la creación del mundo.
Hay un designio de amor y de gracia. Ese designio es de Dios Padre y se ha manifestado en este tiempo en Nuestro Señor Jesucristo. Es decir, es la manifestación de un designio que es anterior incluso a la Creación. Misterio profundo que no alcanzamos a abarcar completamente, y misterio que nos desborda. En todo caso algo muy, muy grande. Ese es el anuncio.
Pero aquí viene el contraste: ¿quién hace ese anuncio? ¿Quién nos está contando de esa grandeza de amor y de ese regalo inconmensurable? ¿Quién nos habla de esto? Él se describe a sí mismo: es un prisionero, está encarcelado, desechado por su propio pueblo y tratado como un loco por los representantes del Imperio, un traidor según los judíos, un loco según los no judíos.
Un traidor porque desfigura, piensan ellos, la religión, porque destruye la religión; y un loco, piensan los gentiles, porque predica cosas como las de un tal Jesús que murió y que Pablo dice que vive. Eso es lo que encontramos en ese prisionero.
De manera que el anuncio más grande está unido a la humillación más grande; el amor más grande es pronunciado desde una mazmorra, ¿no nos hace pensar esto? Lo primero que se nos ocurre es, realmente, realmente tiene el mismo estilo, tiene el mismo aroma, tiene la misma forma de la Cruz.
Hay una semejanza entre Jesucristo Crucificado y la evangelización de Pablo. Porque Cristo en la Cruz está ofreciendo el regalo del perdón, está manifestando el amor más grande desde la humillación pésima, desde el dolor y el oprobio más grandes.
Allí está Él, allí se une lo más sublime y lo más abyecto en la Cruz de Cristo, y esa es la condición que ahora vemos heredada en el Apóstol de Jesucristo, en Pablo.
Pablo presenta la noticia de este designio de amor, pero la presenta desde una cárcel. ¿Qué podemos aprender nosotros de aquí? Saquemos unas tres enseñanzas.
Primera: la condición de Jesucristo es participada por los cristianos, y especialmente por aquellos que evangelizan el Nombre de Jesucristo, aquellos que predican el Nombre de Cristo. Pertenece al designio de Dios este contraste impresionante entre aquello que anunciamos y las miserias exteriores y también interiores de los evangelizadores.
San Pablo en algún lugar da una explicación de ese contraste en el evangelizador y dice: "Es necesario que se vea que el tesoro es distinto de la vasija de barro" 2 Corintios 4,7.
Esto pertenece al designio de Dios. De algún modo, podemos decir, Dios ha querido ese contraste, porque ese contraste es la memoria viva del regalo de la Cruz, "para que nadie se gloría" Carta a los Efesios 2,9, como dice Pablo en otro lugar. Hay ese contraste.
Y ese contraste lo tiene que conocer el pueblo de Dios, y no tiene que dejarse escandalizar cuando vea humillados por los poderes de esta tierra, o cuando vea humillados incluso por sus miserias interiores a los pastores, a los sacerdotes, a los Papas, a los obispos.
El misterio de la Cruz, ese cruce -cruce y cruz son de la misma familia- ese cruce entre la grandeza y la miseria, ese cruce, mis hermanos, está en el designio de Dios, y así se manifiesta quién es el que está salvando.
Una segunda enseñanza es: no nos dejemos acomplejar. Desde el fondo de su mazmorra, desde su encadenamiento, desde su prisión, fíjate lo que nos dice Pablo: "No tengas miedo de dar la cara por Nuestro Señor y por mí, su prisionero" 2 Timoteo 1,8.
Bueno, pues yo aplico eso también a la Santa Iglesia, que hereda la vida, la savia, la fuerza y la gracia, que la tiene y que la reparte. No tengas miedo de poner la cara por Cristo, por su Iglesia.
Es muy cómoda la posición de algunos grupos religiosos cristianos no católicos, especialmente es muy cómoda, porque se presentan cono sin pasado, ¿no? "Yo únicamente vengo a predicarte la Biblia, yo no tengo nada que ver con veinte siglos de historia, yo no tengo nada que ver; yo simplemente te presento la Biblia.
Y ven y reúnete con nosotros, y nosotros no tenemos escándalos, y nosotros no tenemos pecados, y en nosotros sí obra la gracia de Dios".
Ah, pero el tiempo pasa. Y todas esas fundaciones, y todas esas sectas, finalmente sectas, todas esas agrupaciones y ramas, denominaciones, sectas o como las quieras llamar, todas ellas, pasa el tiempo, y con el tiempo pues van llegando también las cosas.
Entonces si tú revisas qué es lo que han hecho los luteranos y qué es lo que han hecho los calvinistas, entonces encontrarás que errores y pecados ha habido por todas partes.
Es muy cómodo presentarse como un protestante inmaculado y decir: "Nosotros no tenemos esos pecados horribles de esos sacerdotes que son escándalo y que son vergüenza de la Iglesia". ¡Es muy fácil presentarse así! Pero el tiempo pasa y en todo grupo humano asoma la miseria que hay en el ser humano.
Pero Pablo nos dice: "No te avergüences" 2 timoteo 1,8, y por eso no nos debemos avergonzar ni cambiar de religión por vergüenza, como algunos han hecho; no hay que cambiar de religión, no hay que traicionar a Dios por ver las miserias, por ver las cadenas, por ver las cárceles en las que a veces incurren los hijos de la Iglesia.
Y la tercera enseñanza que podemos sacar de aquí es: si nosotros miramos nuestra propia vida, independientemente del encargo de evangelización que tengamos, pues a veces pensamos que el tiempo de la humillación, el tiempo del pecado es un tiempo que se sustrae de las manos de Dios, un tiempo que no le pertenece a Dios, y no es cierto. Dios mismo está mostrando que a Él le pertenecen todos los tiempos. Dios mismo nos está mostrando que también esos tiempos son tiempos de manifestación de quién es Él.
Pablo no perdió el tiempo en la cárcel. No pierdas el tiempo de la humillación, no lo pierdas. No pierdas el tiempo de la enfermedad, de la contradicción, de la confusión. No pierdas el tiempo en el que parece que no das ningún fruto, ese tiempo no lo pierdas, ni pienses que ese tiempo está por fuera de las manos de Dios.
Muchas veces en ese tiempo que parece tan inútil, como pareció inútil la Cruz de Cristo, es en ese tiempo donde más se va a mostrar el Señor.
Una enseñanza que pienso que muchos de nosotros necesitamos para nuestra vida.