O081001a
Fecha: 19960527
Título: En el Tiempo Ordinario contemplamos la obra de Cristo y del Espíritu en nuestras vidas
Original en audio: 6 min. 38 seg.
En este día volvemos al Tiempo Ordinario.
Como comentaba algún liturgista, a este Tiempo Ordinario el nombre no le ayuda mucho. Porque Ordinario significa que no tiene nada de particular, que no se puede esperar mucho de él, que es común, que es repetido. O si no, ordinario también significa que es de calidad apenas mediocre.
Además, ordinario en cierto modo es como lo opuesto a extraordinario. Entonces vendríamos de celebrar tiempos extraordinarios, que a veces se llaman tiempos fuertes; Cuaresma-Pascua, esa son palabras mayores. Pero después de Cuaresma-Pascua, ahora viene el Tiempo Ordinario. Como quien dice, estamos un poco en receso, o se supone que disminuimos el ritmo. Habrá que buscad otro nombre. En latín este tiempo no se llama así, Ordinario, se llama Tiempo Durante el Año, Per Annum, es el Tiempo Durante el Año.
El Adviento y la Navidad forman una pareja, la Cuaresma y la Pascua forman otra pareja. Y en la primera pareja hay como una particular mirada al misterio de la Encarnación y la manifestación del Verbo encarnado. Y en la segunda pareja, en Cuaresma y Pascua, hay una mirada particular al misterio de la Pascua en Cristo y en nosotros; la Pascua y la manifestación de la Pascua.
Entonces podemos decir que en esos tiempos llamados fuertes se celebra, primero, la Encarnación y la manifestación de la Encarnación; y luego, la Pascua y la manifestación de la Pascua. Sólo que ambos misterios, que ciertamente son la manifestación de nuestra fe, van precedidos de una preparación y van acompañados por un número significativo de lecturas de la Sagrada Escritura, las lecturas tomadas de los pasajes quizá más esenciales de nuestra fe, en los que aparece más abiertamente qué es aquello en lo que creemos.
Entonces, durante estos tiempos fuertes tenemos una mirada particular; podemos decir que este no es el Tiempo Ordinario, este es el tiempo general. Porque en los tiempos extraordinarios o tiempos fuertes nos concentramos en determinados misterios, y alrededor de esos dos misterios: la Encarnación y la Pascuas, Belén y Jerusalén, el Pesebre y la Cruz, en torno a esos misterios giran las lecturas, las meditaciones, las predicaciones.
En cambio, en este tiempo general nosotros ya nos nos quedamos mirando un solo misterio de la vida de Cristo, ni un solo misterio de la vida cristiana, de la vida que este Cristo trae en nosotros, sino que miramos, por decirlo así, el conjunto, recorremos el conjunto de lo que significa la vida de Jesucristo y de lo que significa la vida en el Espíritu.
Porque efectivamente, al término del tiempo de Navidad, por decirlo así, la conclusión es que tenemos a Dios con nosotros; manifestado en el Bautismo está Dios con nosotros, la misión del Verbo; y como culminación de Cuaresma y Pascua nos queda que tenemos al Espíritu en nosotros, es decir, la misión del Espíritu. Ese es otro modo de ver las cosas.
En Adviento-Navidad tenemos la misión del Verbo, contemplamos la misión del Verbo, el envío del Verbo; y en Cuaresma Pascua contemplamos el envío del Espíritu, porque el otro protagonista de la Pascua es el Espíritu, es el que resucita a Cristo y es el que permite que nosotros creamos en la Resurrección de Cristo y se realice esa Resurrección en nosotros.
Entonces, en Adviento-Navidad contemplamos el envío, la misión del Verbo; y en Cuaresma-Pascua el envío, la misión del Espíritu, que es la culminación realmente de este tiempo. Pero qué hace este Verbo y qué hace este Espíritu en nosotros, eso es lo que contemplamos en el tiempo general. A ver si no le decimos tanto Tiempo Ordinario.
En ese tiempo de contemplación general de la obra de Cristo y del Espíritu en nuestras vidas. Y así, a lo largo de estas treinta y tres o treinta y cuatro semanas, dependiendo del año, lo que hacemos es mirar qué hacen ese Dios con nosotros, que es Cristo, y ese Dios en nosotros, que es el Espíritu, para que nosotros podamos reconocer a ese Dios para nosotros, que es el Padre.
Reiniciemos entonces este camino del tiempo general el el Tiempo Ordinario, en el Tiempo Durante el Año.
Que Cristo Jesús y que el Santo Espíritu nos permitan mirar en los ojos del corazón lo que Cristo hace, para que nuestro propio corazón sea concorde a la voluntad del Padre.