O076001a
Fecha: 20020525
Título: El que corrige a un pecador de su pecado, cubre la multitud de de sus culpas
Original en audio: 5 min. 31 seg.
Bueno, llegamos así al final de esta Carta del Apóstol Santiago. Y podemos decir que en este final lo que aparece es como un cuadro, como un modelo de la comunidad creyente.
Podemos decir que Santiago termina sus exhortaciones en un tono un poco menos duro, en un tono un poco más fraterno, más cariñoso, podríamos decir. Termina sus exhortaciones invitándonos a contemplar un modelo de lo que puede ser, de lo que debe ser la comunidad cristiana.
Y por eso, todas estas recomendaciones del final de la Carta tiene que ver precisamente con eso, con un modelo de Iglesia, podríamos decir. ¿Qué rasgos tiene esta Iglesia? Es una Iglesia acompañada por la oración, es una Iglesia a ritmo de oración, en tres situaciones particulares, ¿no? Destaca él: en el sufrimiento, en la alegría, en la enfermedad.
En el sufrimiento, como consuelo de todo el que sufre; en la alegría, como expresión de alabanza de todo el que está feliz; y en la enfermedad, como momento de solidaridad, momento de cercanía, de misericordia mutua.
Es una Iglesia orante. ¿Qué otros rasgo vemos ahí? Es un Iglesia que está marcada también por la humildad, expresada particularmente en el reconocimiento de las propias culpas. Una Iglesia humilde en la cual es posible vivir esto que recomienda él: "Confesáos mutuamente vuestros pecados" Santiago 5,16.
La iglesia Católica ha tomado este texto, entre otras cosas, para hablar del sacramento de la Confesión. En realidad, el Apóstol Santiago no dice: "Confesad al sacerdote vuestros pecados" ¿Quiere decir entonces que hace mal la Iglesia en aplicar este texto para la Confesión? No. Sino al contrario.
Es que la Iglesia está llamada a ser un lugar donde el pecado se reconoce. Lo que quiere decir es esto: una comunidad cristiana donde se reconoce con facilidad la miseria que cada uno de nosotros tiene dentro, es una comunidad cristiana que no tiene problemas en admitir el sacramento de la Confesión, más bien le parece natural el sacramento de la Confesión.
Es que el sacramento de la Confesión, en cierto sentido, es una condensación de una característica que debe tener toda la Iglesia en cuanto tal. Es una Iglesia que confiesa las maravillas de Dios, que confiesa las misericordias de Dios y que confiesa sus propias miserias.
Una Iglesia que es así no tiene problema en admitir, en reconocer, en celebrar y en agradecer el sacramento de la Confesión. De manera que es una Iglesia orante, es una Iglesia humilde y es una Iglesia en estado de continua purificación.
Por otra parte, es una Iglesia habitada por la salvación de Dios. La salvación está siempre a las puertas, y creo que el versículo que mejor lo describe es aquel que está ala final: "Si alguno de vosotros se desvía de la verdad,y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador le salvará de la muerte" Santiago 5,20.
Es decir, es una Iglesia que habita en la salvación, es una Iglesia que vive en la salvación, la salvación del que se desvió y la salvación del que lo convirtió.
De manera que si en el resto de la Carta parece que el pecado, el error, el mal están a la puerta, la Carta termina diciéndonos: "La salvación está a la puertas", incluso el que se ha desviado puede volver, y el que recupera al que se ha desviado, trae salvación sobre si propia vida.
Yo personalmente creo, casi sería como una especie de testimonio personal, que este texto es muy liberador. Tomémoslo en serio. "El que corrige a un pecador de su camino, cubre sus propios pecados" Santiago 5,20.
Esto es muy liberador, especialmente cuando tenemos cosas en nuestro pasado que nos acongojan, que nos deprimen, cosas que, "yo por que fui a hacer eso", "eso ya es irreparable".
Tomemos en serio la Palabra de Dios, tomemos en serio la fuerza liberadora que tiene ese texto: "El que corrige a un pecador de su pecado, cubre la multitud de sus propias culpas" Santiago 5,20.
Pensemos en lo que eso significa, pensemos en la fuerza que eso tiene para darle paz a nuestro corazón y para enfocar de una manera mucho más constructiva la culpa.
Porque los psicólogos se quejan de que nosotros en la Iglesia Católica no sabemos manejar el tema de la culpa, la culpa se convierte en autodestrucción. Aquí Santiago nos abre una perspectiva muy diferente: que tu culpa sea ocasión de construcción del otro y de construcción de ti mismo.
Como decíamos hace unos minutos, que mires incluso en el pecador, una ocasión de salvación para tu propia vida.