O075003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

En el Evangelio del día de hoy se encuentra en el comienzo del capítulo 10 de san Marcos. Es una palabra que tiene gran actualidad por múltiples discusiones que se han presentado con respecto al documento, promulgado por el Papa Francisco como conclusión de los sínodos del año 2014 y 2015, sínodos que trataron del tema de la familia. El documento Amoris Laetitia tiene múltiples recomendaciones útiles y palabras bastante inspiradas sobre lo que significa ser pareja y lo que significa ser familia, pero ha causado un poco de perplejidad y bastante discusión, el hecho de que la palabra de nuestro Papa no es suficientemente clara en lo que tiene que ver con un tema delicado porque toca los sacramentos, es la cuestión de los llamados divorciados vueltos a casar, aquellas personas que se casaron por la Iglesia, están en una nueva relación y la pregunta es si pueden o no acceder a la Eucaristía.

Creemos que las palabras del Evangelio de hoy son bastante claras, en primer lugar nuestro Señor Jesucristo no utiliza ese giro tan extenso, divorciados vueltos a casar, realmente la palabra que utiliza Cristo es adulterio y adúlteros, si un matrimonio es válido, nos enseña Cristo que ninguna autoridad, ni el Papa, ni obispo, ni concilio, ni ningún documento, ninguna autoridad puede disolver un matrimonio válido y que ha sido consumado, allí donde la unión de los cuerpos, ha ratificado esa unión que Dios declaró, ahí hay un matrimonio y nadie lo puede disolver, esto no es que lo diga o no lo diga el Papa, que lo diga un teólogo o un cardenal, esto está suficientemente claro en la Sagrada Escritura.

La primera recomendación al tratar estos temas es no disimulemos las palabras y no las cambiemos, si la palabra que utiliza Cristo es “adulterio”, esa es la palabra que hay que utilizar, eso no quita nada del drama, de los múltiples dramas que pueden vivir personas que se encuentran en una situación sumamente difícil, porque tal vez las cosas en su matrimonio no marcharon bien o porque tal vez en medio de ese abandono en que se encontraban buscaron una nueva pareja, esos son verdaderos dolores, pero hay una pregunta que nos tenemos que hacer siempre, ¿Quién es referencia de misericordia? ¿Quién es referencia de amor para nosotros los cristianos? Y entendemos que el espejo de perfectísima misericordia es Cristo cuando se habla, por ejemplo de ¿Quién conoce el corazón humano?, el profeta Jeremías dice: “Nadie conoce el corazón humano, sino solamente Dios” (Jr 17,9-10). Pero el capítulo 2 del Evangelio según San Juan, dice que Cristo conocía tanto a las personas que ni siquiera necesitaba que nadie le diera referencia de nadie, es decir que hay un atributo que no puede ser de otra manera, hay un atributo Divino en la persona de Nuestro Señor Jesucristo y la razón es muy sencilla, Él es verdadero Dios y verdadero hombre. Siendo así las cosas no cabe la menor duda de que Cristo sabe cómo es el corazón humano, conoce los dramas del corazón humano y conoce esos dramas. Manifiesta una dulcísima compasión por el corazón humano, lo ha mostrado muchas veces pues bien, si este Cristo que conoce el corazón humano dijo las palabras que dijo, nosotros no tenemos porque cambiarlas, de hecho el Papa Francisco varias veces advirtió y en su mismo documento lo dice, él no pretende cambiar la doctrina de la Iglesia, hay ciertas interpretaciones de Amoris Laetitia que presentan las cosas, como si la Iglesia hubiera cambiado y que las cosas son de otro modo, pero el Papa dice: “no voy a cambiar la doctrina”.

Cristo conoce el corazón humano, es compasivo con el corazón humano y habló muy claro sobre este tema, entonces la única conclusión que podemos sacar es lo que la Iglesia ha enseñado con mayor claridad en otras oportunidades, eso es lo que sigue plenamente vigente. Hay otros sacerdotes que van a decir otras cosas, ha habido obispos o cardenales que han dicho cosas diferentes, pero resulta que la fe católica no es lo que diga una persona u otra, gracias a Dios, tenemos esos pilares firmes, tenemos esta claridad tan grande que nos da la Sagrada Escritura y tenemos una enseñanza que no es de una exhortación apostólica, que no es de un documento de un Papa, sino que son veinte siglos de historia, desde esa claridad hay que permanecer fieles a nuestros sacramentos y hay que entender que los caminos de la misericordia son muchos pero en ningún caso significa tolerancia o complicidad con el pecado. Con ese gozo, con esa claridad de la verdad y con esa caridad de la verdad, sigamos en nuestra vida cristiana dando testimonio del gozo del Evangelio.