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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo noveno de San Marcos. Encontramos a Jesucristo dando una enseñanza sobre la radicalidad. Quizá las palabras que resuenan más profundamente en nuestro corazón, son aquellas que dicen: “Si tu mano te hace caer, córtatela” (Mc 9, 43); “Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo” (Mc 9, 47); palabras que indudablemente nos impulsan a tomar decisiones profundas, decisiones radicales.

Conviene tener en cuenta, que este pasaje viene a ser como un complemento de lo que leíamos el día de ayer, pues, ayer veíamos que el cristiano no está llamado a la intolerancia, entendiendo por intolerancia, una especie de impaciencia que no aguanta sino lo que sea perfecto; si una cosa no es perfecta, no me sirve. Así por ejemplo, San Juan en el episodio de ayer, decía: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros” (Mc 9, 38); eso se llama intolerancia. Pero, lo contrario, el otro extremo de la intolerancia, es cuando uno, precisamente, se vuelve muy tolerante, cuando uno se vuelve laxo, cuando uno acepta casi cualquier cosa; en esas circunstancias, tampoco es cristiano. La intolerancia, no es cristiana; pero, la laxitud, es decir, ese estar recibiendo cualquier cosa, tampoco es cristiano, y en esa línea va el pasaje del día de hoy, cuando Cristo dice, que si es necesario, tenemos que tomar decisiones radicales para expulsar el dominio del mal, de nuestras vidas. Ese elemento es bastante visible, y es bastante claro; en cambio, hay otro elemento que está al principio del pasaje de hoy, que quizá puede pasar inadvertido, y por eso quiero hacer un breve comentario sobre él. ¿De qué estoy hablando? Cristo, dice al comienzo del texto de hoy: “Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo” (Mc 9, 41); y luego dice: “Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar” (Mc 9, 42). Es decir, Cristo hace un contraste entre una obra buena, como dar un vaso de agua a un misionero, y dice que eso tendrá una gran recompensa; y, una obra mala, como escandalizar a uno de esos pequeños, y dice que eso tendrá gravísimas consecuencias.

En nuestra época, tenemos una gran sensibilidad con respecto a los niños, y nos damos cuenta de que cualquier forma de abuso, de agresión, o de explotación de los niños, es realmente un crimen. Eso es lo que siente la mayor parte de la gente, por lo menos, si los niños han nacido; porque, tristemente, en nuestra época, también hay muchos que no tienen esa misma sensibilidad, si el niño no ha nacido. Por eso anda por ahí una candidata presidencial en Estados Unidos, que está diciendo, incluso, cosas como que mientras el niño no nazca, no tiene derechos constitucionales; o sea, no es persona, no vale nada.

Pero bueno, quitando el caso de esas personas, realmente hay bastante acuerdo en nuestra época, en que los niños son un tesoro de la sociedad y tienen muchos derechos. En la época de Cristo, no era así; en la época de Cristo, el desprecio o el maltrato hacia los niños, era algo bastante frecuente. O sea, que ante los oídos de los contemporáneos de Cristo, cuando Cristo dice, que el que escandalice, es decir, el que haga tropezar a uno de esos pequeños, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar, pues no les resultaba tan supremamente notorio, tan supremamente prominente, no era de tanto peso para ellos, como puede ser para nosotros. Lo que quiero destacar, es que Cristo, en el comienzo del pasaje de hoy, está comparando dos cosas que para la mentalidad de esa época, eran dos cosas relativamente menores: dar un vaso de agua a un misionero, era algo relativamente menor; darle un mal ejemplo a un niño, era algo relativamente menor, pues los niños no importaban; así sentía la gente de esa época.

Si este análisis es correcto, entonces, lo que Cristo está diciendo es: Ten cuidado, porque ese bien que a ti te parece pequeño, en el fondo, tiene una repercusión muy grande, y tiene una recompensa muy grande; y ese mal que a ti te parece pequeño (pequeño para los oyentes de aquella época), en realidad tiene una gran repercusión, y lleva una gran condena. O sea, que el sentido completo de las palabras del Señor, pareciera ir en esa dirección: que estemos atentos a aquellas cosas que, tal vez, nos parecen pequeñas, pero que si son buenas, en realidad, llevan a grandes resultados; y si son malas, en realidad, llevan a terribles consecuencias. Quiera Dios que esta enseñanza cale en nosotros, para que aprendamos a valorar también los detalles, porque como se ha dicho muchas veces, el amor (y eso incluye el amor a Dios, el amor a su Evangelio) se muestra, finalmente, y sobre todo, en los detalles.