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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo noveno de San Marcos. Conviene un poco de contexto para ver la breve escena que nos brinda este pasaje. Recordemos, que Cristo tuvo entre sus discípulos dos parejas de hermanos: dos hermanos, eran Pedro y Andrés; los otros dos, eran Santiago, llamado “el mayor”, y Juan. A Santiago y Juan, Cristo los llamó “los hijos del trueno”, “Boanerges”, y esa expresión significa algo así como “los atronados”. Varios pasajes de los Evangelios nos muestran por qué Cristo los llamaba así: ellos eran los hijos del trueno, porque sus reacciones, muchas veces, eran explosivas, casi podríamos decir “iracundas”. Así por ejemplo, en alguna ocasión, no les dieron posada en un pueblo de Samaría, y entonces, dijeron a Cristo: “Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?” (Lc 9,54); ahí se ve la reacción exagerada, impulsiva y demasiado fuerte que tenían estos discípulos del Señor. Sin embargo, Cristo los fue educando y conduciendo, hasta convertirlos, por supuesto, en dos grandes santos: “Santiago el mayor”, es el primero que da su vida por Cristo; y Juan, es nada más, ni nada menos que “Juan el evangelista”. O sea, que ellos, realmente, dieron un testimonio precioso, un testimonio muy grande de lo que significa ser apóstol.

Pues, una reacción de esas, es la que encontramos en el Evangelio de hoy; Juan dice: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros” (Mc 9, 38). Ahí está la diferencia entre la “radicalidad” y la “intolerancia”. Ciertamente, el Evangelio quiere que nosotros seamos radicales, es decir, que seamos claros en nuestras opciones, y que sepamos poner en primer lugar a Dios. Pero, por otro lado, no hay que caer en la intolerancia, porque la intolerancia es como una especie de impaciencia frente a todo lo que sea imperfecto. El intolerante no aguanta la imperfección, quiere las cosas perfectas ¡ya!, y resulta que Dios en su providencia, sabe, como lo sabía, Catalina de Siena, que el corazón humano, primero es imperfecto, y solo después, perfecto.

Así que el mensaje de hoy, es muy claro: sí debemos ser personas con convicciones profundas, con opciones definidas, y en ese sentido, hemos de ser radicales, pero, no estamos llamados y no es propio de nosotros, la intolerancia, en la medida en que eso significa que no aguanto la imperfección. A aquel que está en camino, ayúdale a caminar; todavía no ha llegado, pero, con tu ayuda, él y lo mismo tú, que eres caminante, un día podrán llegar a ser verdaderos discípulos del Señor.