O072002a
Fecha: 20020521
Título: Que y como pedir a Dios
Original en audio en audio: 29 min. 5 seg.
Indudablemente, a uno lo puede desconcertar un poco o lo puede desconcertar mucho ese tono tan agresivo que tiene Santiago en este capítulo cuarto. Es un tono muy duro, es como el tono de un regaño, y para los métodos pedagógicas actuales y para la manera como estamos acostumbrados a que nos hablen, pues nos suena casi antipático lo que dice Santiago.
Es un regaño: ”Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia, no alcanzáis nada; os combatís y hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal” Santiago 4,2-3.
Todo esto es regaño, todo es malo, y uno se queda como desconcertado, en dos niveles, uno se queda desconcertado, porque uno dice: "Por qué me habla así tan duro?"
Esto es el Nuevo Testamento y uno como que está acostumbrado a que el Nuevo Testamento se supone que es un lenguaje de pronto como más en la tónica de la misericordia, como en la tónica de la motivación y de mostrar las riquezas de Dios, y no estar señalando y acusando tan duro como hace aquél Apóstol.
Ese es un primer desconcierto, y el segundo desconcierto es: ¿qué clase de comunidad era esta? Porque imagínese el tipo de pecados que describe el Apóstol aquí: ”Codiciáis y no tenéis; matáis, ardís en envidia, os hacéis la guerra, no tenéis" Santiago 4,2, ¿qué clase de comunidad era esa?
Entonces lo primero que queremos hacer en este compartir, es tratar de entender cuál es el género literario, por qué Santiago está hablando así. Resulta que en el modo de enseñanza de los Judíos de la época, existía un estilo, que es lo que se llama la diatriba.
La diatriba es un estilo de enseñanza, es un género literario que a nosotros, que no estamos acostumbrados a esas maneras, nos parece un puro regaño; pero la diatriba no es exactamente un regaño porque no es una manera de aplastar al interlocutor, sino es una manera de desenmascarar el mal. Es lo primero que tenemos que tener claro.
Aquí Santiago no es que esté disgustado, ni es que esté amargado, ni es que quiera destruir, humillar o reprimir a sus lectores o a sus oyentes.
El objetivo de la diatriba no es destruir a la otra persona, sino desnudar, desenmascarar el mal, lo que está diciendo el Apóstol aquí, -y es lo propio de ese género literario- es: “Miren dónde están las causas reales, dónde están los problemas reales, qué es lo que está sucediendo.
Si entendemos esto, pues nos damos cuenta que es un género literario que nosotros también utilizamos, sólo que nosotros no lo hacemos en segunda persona; la diatriba se hacía en segunda persona; segunda persona singular o plural.
Singular es, por ejemplo, si dijera: “¿No será que tus pecados vienen de tus pasiones que luchan en tus miembros? Tu codicias y no tienes". Ese sería en segunda persona singular; segunda plural, lo que hemos oído.
Nosotros también tenemos ése género literario pero no lo utilizamos en segunda persona, sino en primera persona; por ejemplo, cuando decimos: “Nosotros somos un país de egoístas, somos un país de hipócritas". Cuando se hace ése tipo de denuncia, puesto así en primera persona, como que golpea menos, lastima menos los oídos, pero es la misma idea.
De lo que se trata, lo que quiere el Apóstol es desenmascarar el mal, mostrar qué es lo que está funcionando mal; aquí no se trata de atacar personas, sino de desenmascarar el mal, mostrar qué es lo que está funcionando mal.
Aquí no se trata de atacar personas, sino de desenmascarar el mal. Y ese es un gran servicio, porque cada una de estas frases que dice el Apóstol, si uno la toma como un regaño, pues no le pone ni cuidado a las palabras.
Pero cada una de esas frases lo que está respondiendo, lo que está haciendo es responder a una pregunta profunda. Me explico, que esto nos puede servir como método para la lectura de la Biblia, de muchos textos.
Dice aquí: ”¿De dónde proceden guerras y contiendas entre ustedes? ¿No es de sus deseos de placeres que luchan en sus miembros?" Santiago 4,1. Ahí se ve claramente.
Cuando uno ha recibido el mensaje de Cristo, y uno pertenece a una comunidad que cree en Jesucristo, no cabe duda que se escandaliza, y no cabe duda que se desconcierta de ver que se presentan divisiones.
"Pero ¿por qué no nos podemos querer?" "¿Por qué no nos podemos aceptar?" "¿Por qué no podemos vivir unidos?" "¿Por qué hay tantas divisiones entre los cristianos?" "¿Por qué hay tantas divisiones en la Iglesia?" Entonces la palabra del Apóstol, en el fondo viene a sanar ese desconcierto, porque lo que viene es a explicar la raíz de un problema.
Cuando uno tiene un problema, cuando uno tiene una pregunta que nadie se la puede responder, uno se siente escandalizado y el escándalo destruye la capacidad de actuar en el ser humano. Se ve muy bien en una comunidad religiosa.
Cuando yo llegué a esta comunidad decían: "Que sí, que la fraternidad, que el amor...", pero eso no es así, pues yo he visto que la una habla mal de la otra, que se atacan, la una quiere y la otra no quiere".
Cuando uno deja que le escándalo se apodere del corazón, entonces uno ya no se esfuerza, uno ya no sueña, uno ya no trabaja, ¿por qué? Porque uno se disculpa en que hay incoherencia, en que hay pecados en la comunidad de uno; esa es una enfermedad gravísima, un alma escandalizada, es un alma que ya no trabaja, es un alma que ya no se entrega.
Yo veo miles y miles de religiosas y religiosos que dicen: “Yo era muy bueno, y yo llegué con una generosidad muy grande" –¡pobre iluso, pobre ilusa¡- para llegar a esto y darme cuenta que en realidad es esto y esta, y esta y esta...".
Ese desengaño, esa frustración, ese dolor, que se vive por dentro cuando no obtiene ninguna respuesta, ¿qué le pasa al corazón? Que el corazón ya no trabaja, ya no se esfuerza, el corazón de repliega egoístamente, ¿y qué dice? "Ah, pues entonces yo me voy a acampar por mis respetos, yo me voy a dedicar a lo mío, y que cada uno haga lo que quiera, y que se pudra el que se pudra, y yo sigo en lo mío".
¿La generosidad y el ardor, y el fuego por Dios? "Ah, eso era por allá en la época en la que era postulante, cuando era novicio, en esa época solía ser fervoroso, pero eso la vida le da a uno muchas vueltas, muchos golpes y ya eso se acabó; qué fervores ni qué nada, si yo ya he visto cómo funciona eso por dentro, y eso no me convence”.
Cuando Santiago nos dice estas frases, que son como flechas encendidas, en realidad ¿qué está haciendo? Está curando el escándalo, nos esta mostrando la explicación, nos esta desenterrando la raíz podrida que causó el problema, y con eso nos está quitando la disculpa. Porque cómo es tan fácil decir: “Ah, es que como aquí todo es tan mediocre, aquí todo el mundo prometió y nadie cumplió”.
Entonces eso se convierte en una cobija que nos cubre a todos, para que todos seamos uno grandes mediocre; pero resulta que Santiago a cada problema le va mostrando su raíz, y va diciendo: "Mire, lo que pasa es que cuando esto sucede, es que se dio esto; y las mismas causas traen las misma consecuencias".
Las cosas no se dan porque sí, el gran mensaje de este texto de Santiago, ¿qué es? Desenmascarar el mal, es mostrarnos que las cosas no se dan porque sí; la podredumbre del alma, la mediocridad del corazón, el relajamiento de las costumbres, la incapacidad apostólica de las comunidades eso no se da porque sí.
No pensemos que es un destino, no pensemos que es una circunstancia ante la cual toca solamente resignarse, las cosas tienen causas y si tú repites las mismas causas, tienes las mismas consecuencia, por eso es que es un texto de una fuerza liberadora muy grande.
Porque en la medida en que nos va desenterrando las raíces del mal, nos esta diciendo: ”Mire, si usted se le apunta a esa raíz, mire el fruto podrido que le sale; si usted se le apunta a esa otra raíz, mire el otro fruto podrido que le sale; es decir, Santiago nos deja sin disculpas, cada una de esas frases rápidas que va diciendo está desenterrando una raíz dañada.
"¡Ah, pero es que hay muchas discusiones, y hay muchas tensiones y hay muchas guerras entre nosotros¡", y pregunta Santiago: “¿Hay muchas guerras entre nosotros? ¿No será que hay muchas guerras dentro de cada uno de nosotros? Santiago 4,1. ¿Ya estás en paz por dentro, para ver si puedes construir la paz por fuera?".
Es muy fácil decir, que como hay tantos problemas y tantas tensiones, entonces eso da como lo mismo ser del uno o ser del otro, ¡bonita la cobija, bonita la disculpa suya, muy bonita¡, pero de poco le sirve frente a la mirada de Dios, usted ya no puede simplemente disculparse diciendo: “No es que aquí hay muchas divisiones”, y ¿usted está unida por dentro? ¿La guerra no será que comienza por dentro?
Es un mensaje profundo, un mensaje penetrante, porque cuando uno se examina, uno dice: “Claro, el problema no está en que haya discusiones afuera, el problema está en que yo mismo estoy dividido por dentro.
"Si yo estuviera unido y en paz por dentro, y yo me encuentro en un campo de batalla o en un terreno de discusión, eso no me quita la paz interior sino que seguramente, muy al contrario, será la paz que hay en mí, la verdad, la transparencia y la pureza que hay en mí la que puede ayudar a que las cosas adquieran su verdadero rumbo”.
Este es un texto liberador. Santiago toma aquí el oficio de un agricultor y se dedica a desenterrar raíces y una muy interesante es esa, ¡qué yo veo que hay muchos problemas! ¿Miraste ya cómo andan tus pasiones? ¿Seguro que tú tiendes a Dios con todo tu amor, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas? ¿Seguro que sí? ¿O tal vez no? ¿No será que la división que llevas por dentro es lo que te produce el desconcierto que encuentras afuera?
Y dice Santiago: “Ardéis en envidia y no alcanzáis nada; no tenéis, porque no pedís” Santiago 4,2 ¡qué frase tan corta, pero qué importante¡, “No tenéis, porque no pedís” Santiago 4,2, tan sencillo como eso, ¿seguro que usted pide? ¿Seguro que usted sí pide lo que realmente le hace falta?
Yo les cuento como un testimonio personal, debe ser por mi experiencia, por la experiencia que está viviendo mi comunidad, que apenas empieza en esta ciudad; yo estoy aprendiendo un poco lo que significa esa frase. Santiago nos dice: ”No tenéis, porque no pedís” Santiago 4,2.
Uno nunca se imagina la cantidad de cosas que no tiene porque nunca le ha pedido a Dios, ¿cosas como cuáles? como por ejemplo: cuáles han sido sus últimos problemas y dolores, hablemos del caso de un religioso o sacerdote: “-Es que yo me he sentido como sin amigos, me he sentido como solo”, "-¿y usted le ha pedido a Dios que le dé amigos, y que le dé los amigos que Él quiera darle?" "-No, no se me había ocurrido pedirle eso".
“-Me siento como triste, me siento como deprimido”, dice alguien, "-¿tú le has pedido a Dios, dame de tu alegría, la tuya? ¿Eso se lo has pedido a Dios, se lo has pedido?" "-No, yo no le he pedido eso".
Aterrémonos de la cantidad de cosas que nunca le hemos pedido a Dios, nunca. El caso de la familia: "-Es que entre nosotros nunca hemos podido hablar", "-¿alguna vez le han pedido al Señor que les conceda el poder hablar?"
Parece una tontería, pero nunca le han pedido a Dios eso; le han pedido a Dios por le dinero, le han pedido a Dios oportunidades de trabajo, pero eso no le han pedido, hay una cantidad de cosas que nunca le hemos pedido a Dios.
Cómo es de profunda la palabra de Santiago, nunca le hemos pedido a Dios eso. "-¡Es que me siento tan sensible, soy una persona hipersensible, "-¿realmente eso se lo has entregado al Señor? ¿Le has pedido a Dios que te permita sentir a las otras personas y conocerlas como Él las conoce, cómo Él siente por ellas? ¿Alguna vez le has pedido eso a Dios?"
“Señor, dame tu manera de conocer y de sentir a las otras personas”. Por eso digo: esa frase parece un regaño, pero está llena de sabiduría, y luego dice: “Pedís y no recibís, porque pedís mal” Santiago 4,3. Entonces uno se pregunta: "¿Y yo cómo pido?" La mayoría de nosotros no nos hemos hecho esa pregunta: "¿Qué es pedir bien y qué es pedir mal?"
Si en este momento yo suspendiera la predicación y comenzara a preguntar a uno por uno: ”A ver, diga qué es una petición mal hecha y qué es una petición bien hecha”, yo les apuesto que la mayoría no nos hemos hecho esa pregunta. Santiago dice: ”Pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones” Santiago 4,3.
¿Yo para qué pido lo que pido? Uno puede hacer todo un retiro espiritual con éste texto, ¿yo para qué pido lo que pido?
Y luego esa otra frase: ”No sabéis que amar el mundo es odiar a Dios?” Santiago 4,4, ¿qué querrá decir esa frase? Evidentemente no quiere decir que tenga una actitud de condenación o de amargura, ni una actitud de desprecio hacia el mundo; no, esto tiene que ser algo mucho más profundo.
¿Qué es lo que quiere decirnos Santiago con amar el mundo? Recordemos que son tres los grandes enemigos del alma: el demonio, el mundo y la carne.
Aquí Santiago nos está hablando de uno de ellos, aquí se habla del mundo en cuanto a enemigo del alma, no se habla del mundo como planeta tierra, ni se habla del mundo como creación de Dios, ni siquiera se habla del mundo como conjunto de países o naciones o sociedades humanas.
Aquí tiene que haber algo, aquí tiene que haber un secreto, ¿qué será lo que nos quiere decir Santiago con esa expresión: “¿No sabéis que amar el mundo es odiar a Dios?" Santiago 4,4.
Pero luego él nos ayuda a entenderlo: “El que quiere ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios” Santiago 4,4.
¿Qué es querer ser amigo del mundo? eso sí lo podemos entender un poco mejor. En este mundo hay, evidentemente, sus jefes, los que tiene el poder, los que tiene la honra, los que tienen la fama.
El mundo tiene su organización, el mundo tiene su lógica, el mundo tiene sus líderes y ellos son los que reciben el amor y el reconocimiento, ellos son los que reciben la honra. Y uno empieza a sentir que como que se le aclara el pensamiento, poquito a poco.
Vamos a tratar de explicarlo, con la ayuda del Espíritu Santo. Nos dice Santiago: ”Amar al mundo es odiar a Dios” Santiago 4,4, y luego nos explica: “El que quiera ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios” Santiago 4,4.
Con esas frases, y con la ayuda del Espíritu, empezamos a entender: ¿quiénes son los amigos del mundo? ¿Quiénes reciben amor del mundo? ¿El que trabaja con honradez, con perseverancia, con humildad? ¿Ese recibe mucho amor? Mas bien no.
Si miramos, por ejemplo, a los medios de comunicación, una ayuda honrada, una vida buena, una vida pura, no recibe ningún reconocimiento, no recibe ninguna honra.
Lo digo pensando, por ejemplo, en el caso de los sacerdotes. ¡Por Dios, cuántos sacerdotes, verdaderamente generosos, humildes, perseverantes, entregados a su pueblo he conocido yo! Y nunca son noticia. Si un sacerdote por desgracia comete un escándalo y se roba una plata, comete un escándalo por un problema sexual, inmediatamente ahí está la denuncia.
Entonces, ¿quiénes son los amigos del mundo? Los amigos del mundo son los que reciben el amor del mundo, el reconocimiento del mundo, el aplauso del mundo; ¿quiénes son los que reciben eso? Pues entonces yo me puedo guiar por los medio de comunicación o por los centros de poder que conozco, que es la única manera como se hacen las cosas en esta tierra.
Recibe mayor reconocimiento, ¿quién? ¿El que hizo un mayor bien? No; ¿el que vivió con mayor sinceridad? No; ¿el que vivió con mayor coherencia? No. ¿Quién es el que recibe mayor reconocimiento, el que recibe mayor amor, el que recibe importancia? ¿Quién es el que recibe todo eso?
Pues ese es un mercado que Jesucristo lo denunció de muchas maneras, por ejemplo dijo: ”¿Ustedes cómo van a buscar la gloria de Dios, sí cada uno está buscando la gloria de los hombres?” San Juan 5,44.
Es un mercado, es un mercado implacable de favores, es un mercado que no se sacia nunca, el mundo en ese sentido teológico, no en el sentido de la creación de la tierra ni nada de eso, sino el mundo en ese sentido que estamos explicando.
El mundo es ese mercado insaciable de novedades, ese mercado de intercambio de favores, es esa búsqueda perpetua de honras, placeres y novedades, curiosidades, es la idolatría de lo que puede ofrecer la creación separada de Dios, ¡eso es el mundo! ¡La idolatría de la creación separada de Dios!
Entonces todo lo que sea una explosión de placer, todo lo que sea un desfile de oropel, todo lo que sea honra humana elevada a su máxima potencia, eso es mundo.
Y por eso el mundo, en este sentido que estamos hablando, el mundo festeja y aplaude y aprueba todo lo que signifique nuevos caminos de placer, nuevos caminos de honra, nuevos caminos que lleven a mantener vivo el mercado insaciable de los apetitos desordenados, esas pasiones de las que habló Santiago, ese es el mundo.
Por eso ustedes pueden hacer memoria: ¿cuándo los medios de comunicación denuncian, o dan un juicio moral en cuestiones como el homosexualismo? No. Todo lo contrario: "¡Uniones homosexuales!" Ahí tiene su buena noticia.
Otro país que aprobó matrimonios de homosexuales, eso se aprueba, eso se aplaude, ¿por qué? Porque en el mercado insaciable de placeres, deshonras y novedades, siempre se necesita carne fresca, noticia nueva.
Ahí entonces entendemos lo que nos dice Santiago. Si yo quiero eso, si yo me entro a ese mercado, si yo quiero también recibir ese mismo reconocimiento, ¿qué precio me va a cobrar el mundo? El precio que me va a cobrar: "Tienes que venderte, tienes que convertirte en un objeto de uso, que pronto será desechado porque llegará otro ídolo otra figura".
Y así como nos puede tentar el demonio, y así como nos puede tentar la carne, también nos puede tentar el mundo; el mundo también tienta.
Y ustedes conocen el caso de sacerdotes que llevados por el éxito en sus libros, como pasó con un sacerdote aquí en Colombia, que dejó el sacerdocio, el éxito en sus libros, el éxito en sus conferencias, el éxito. el éxito, la importancia; finalmente siente que no puede traicionar el cariño de sus seguidores.
Claro, claro que eso pasa cuando ya la popularidad alcanza ciertos límites; enseñar las verdades de nuestra fe católica, ya se vuelve imposible; entonces ese sacerdote ya sintió que no podía hablar de problemas como la indisolubilidad del matrimonio, como el aborto, o como todas estas cuestiones, unas sociales, otras sexuales, ya no podía hablar de estas cosa, porque eso le quitaba honra, eso le quitaba aplauso, eso le quitaba público, eso le quitaba mundo.
Por eso la importancia de este texto de Santiago: “El que quiere hacerse amigo del mundo, termina haciéndose enemigo de Dios” Santiago 4,4. El mundo es un mercado idolatra, un mercado insaciable, de placeres, de honras y de novedades y en ese mercado insaciable, si uno entra, sólo entra como mercancía, mercancía que pronto será desechada porque ya pasó de moda.
Yo creo que no se puede hacer una homilía de este texto de Santiago, hay que hacer muchas homilías; creo que me he detenido en dos o tres versículos y miren cuánto tiempo llevamos, dejemos el resto del texto así para no agotarnos y también porque el Espíritu Santo está obrando en ustedes, pero démonos cuenta de la profundidad infinita de esta enseñanza.
Cuánto quisiera yo, será en otra oportunidad, hablar de ese secreto que nos da Santiago donde dice: ”Enfrentáos con el diablo que huirá de vosotros” Santiago 4,7.
Es una actitud tan libre, es una actitud tan madura, es una actitud tan valiente la de este Apóstol, una actitud tan convencida del poder de Cristo, no es otro cosa que lo mismo que dice el Apóstol San Juan hacia el final: “El que está en vosotros, es más fuerte, que el que está en el mundo” 1 Juan 4,4.
El cristianismo que nace de aquí es un cristianismo robusto, fervoroso, ¿saben cómo lo describo yo? Es un cristianismo que no se achica por el pecado, no es ese cristiano que dice que en una época era fervoroso, pero que ya se desengaño, no; lo que nace de aquí es un cristiano que arde de amor por Dios y que no se deja desalentar, ni por las tentaciones que le lleguen a él, ni por las tentaciones los problemas que vea afuera..