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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo noveno de San Marcos. Después de las grandes celebraciones de la Pascua que tuvieron su culminación con la celebración de Pentecostés el día de ayer, ahora volvemos a esa segunda etapa del tiempo litúrgico llamado Ordinario. Recordemos que la liturgia cubre todo el año, ¿De qué manera? Hay dos celebraciones que son realmente grandes, la celebración de la llegada de Cristo a nuestra tierra, que va precedida por el Adviento y que tiene su celebración en Navidad y luego, la otra gran celebración es la salida de Cristo victorioso del sepulcro y de esta tierra conduciendonos a todos a la gloria del Padre, esa es la Pascua que va precedida por la Cuaresma y que va a ser el centro del tiempo llamado Pascual. Tenemos cuatro tiempos litúrgicos que llamamos fuertes, Tiempo de Adviento que va seguido de Navidad, Tiempo de Cuaresma que va seguido de Pascua; Adviento y Navidad se refieren a la llegada de Cristo a nuestra historia, a nuestra tierra; y Cuaresma y Pascua se refieren a la salida de Cristo, el retorno victorioso al Padre que es el motivo de nuestra alegría en el tiempo llamado Pascual.
Luego hay otras semanas en número de 33 ó de 34 que son a lo que corresponde al tiempo llamado Ordinario. Cuando termina el Tiempo de Navidad y antes de que empiece la Cuaresma, ahí hay unas cuantas semanas, éstas son Tiempo Ordinario; y cuando termina Pentecostés y el Tiempo Pascual, y antes del Adviento del siguiente Año Litúrgico, ahí hay muchos meses que son los que estamos empezando ahora, desde ahora hasta el próximo Adviento vamos a tener nuevamente Tiempo Ordinario; es decir que este tiempo se vive en dos fases: entre Navidad y Cuaresma; y entre el Tiempo Pascual cuando acaba con Pentecostés y el nuevo Adviento que ya vendrá muchos meses después, normalmente hacia fines de noviembre tenemos el Tiempo de Adviento.
Llamamos al Tiempo Ordinario porque es el tiempo en el que vamos llevando un orden, esto de “tiempo ordinario” no es que no tenga calidad, como cuando decimos que una cosa es muy ordinaria, sino que el Tiempo Ordinario es el tiempo que lleva un orden porque es el tiempo en que vamos recorriendo los Evangelios, vamos leyendo por orden los Evangelios, para contemplar también por orden la vida de Cristo. Hoy por ejemplo tenemos un texto del capítulo noveno de San Marcos, estamos en este capítulo porque en la primera fase del Tiempo Ordinario ya leímos varios capítulos de San Marcos y ahora retomamos la lectura de este evangelista hasta prácticamente completar el ministerio público de Cristo en San Marcos. Después de Marcos empezaremos con San Mateo y después vamos con San Lucas y luego terminará el nuevo Año Litúrgico. Estas cosas es bueno conocerlas para apreciar la hermosura que tiene nuestra Iglesia Católica, para apreciar la manera como la Iglesia quiere enseñarnos, cómo quiere que estemos bien alimentados, es una verdadera madre y quiere que nosotros, sus hijos estemos muy bien alimentados.
Destaca en el pasaje de hoy esa frase que dice ese hombre: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe” (Mc 9,24). Podemos decir que la fe que él tenía era una convicción en su cabeza y la duda que tenía era una herida en su corazón. Y es notable como Cristo tratando con tanta misericordia a este papá que tenía un hijo enfermo y además poseso (cf. Mc 9,17); tratando Cristo con tanta misericordia, con tanta dulzura a este hombre hace que, por una parte sus pensamientos y sus afectos se unifiquen, y por otra parte le ayuda para que sane esta herida en su corazón, esa especie de desconfianza.
Pidamos al Señor que nuestros pensamientos y nuestras convicciones vayan siempre juntos y que Él sane las heridas que quizás tenemos en nuestra fe. Amen.