O064001a
Fecha: 20040219
Título: Aprender de las denuncias del Apostol Santiago
Original en audio: 4 min. 7 seg.
Hermanos:
Tal vez nos puede chocar un poco el estilo del Apóstol Santiago. Nos puede dejar la sensación de un regaño continuo, de un reproche continuo, porque está a cada momento señalando un problema, señalando un pecado, señalando un exceso, o una injusticia.
Está el problema de la concupiscencia. Está el problema del mal uso de las palabras. Está el problema de las falsas excusas que nos damos. Está el problema que hemos oído en la primera lectura de hoy, las discriminaciones, la parcialidad en medio de las comunidades cristianas.
Es un poco desagradable escuchar tantas quejas y tantas denuncias. Pero yo creo que ese desagrado, o esa sensación, la podemos transformar un poco, si nosotros descubrimos que detrás de esas denuncias, hay tres cosas que son muy bellas.
Primero, hay una conciencia muy grande del verdadero ser de la Iglesia. La Iglesia no es un juego. La Iglesia costó Sangre de Cristo. La Iglesia costó dolor del Hijo de Dios. Por la Iglesia han muerto los mártires. Por amor al Evangelio y por propagar la presencia de la Iglesia, se han desgastado los misioneros y han entregado la vida entera. La Iglesia no es un juego. La Iglesia vale. La comunidad cristiana merece mirarse en un espejo y reconocer a qué está llamada.
En segundo lugar, todas estas denuncias son una lucha contra la mediocridad, contra el moho que se nos va pegando, el óxido que se nos va pegando en el camino de la vida.
Es muy fácil empezar con entusiasmo. Pero como que está en la naturaleza humana, que a medida que estamos avanzando por el camino de la vida, se nos va entrando la herrumbre, el óxido, la mediocridad, y necesitamos actos vigorosos, actos de cierta radicalidad.
Necesitamos desprendernos de esas mediocridades, lo que no es tan fácil. Porque muchas veces estamos ya muy cómodos en nuestra situación mediocre, en nuestra situación adaptada y transigente con el pecado.
En tercer lugar, todas estas denuncias, todas estas quejas del Apóstol, nos están marcando un camino, nos están abriendo un futuro.
Ser cristiano no es lo que pasó en mi vida, así haya habido maravillosas conversiones, o milagros, o cosas fantásticas en el pasado. Hay un futuro, y ese futuro implica resolución, implica avance, implica esperanza, implica empeño. El regaño no es tanto una lamentación por el pasado, es un camino que se abre hacia el futuro.
Por eso tomemos con seriedad las palabras del Apóstol. Reconozcamos que en nuestras comunidades hay mucho que corregir. Reconozcamos que en nuestros corazones hay mucho que corregir, y con la ayuda del Señor, con el poder de su Espíritu, vamos a avanzar.
Vamos a avanzar, y vamos a vivir a plenitud la fuerza del Espíritu y de la gracia que Cristo nos trajo.
Amén.