O056001a
Fecha: 20060211
Título: No hacerle el juego a los que quieren controlar la religion
Original en audio: 10 min. 55 seg.
Hermanos:
Existe la ilusión en algunas personas, la ilusión de que se puede separar completamente la religión del resto de la vida humana. Y esta ilusión se expresa de muchas maneras.
Hay gente que cree que, por ejemplo, el mundo se puede dividir entre las personas que son religiosas y las personas que no son religiosas.
Aquí en Europa, por poner el caso, es tan fácil, es tan frecuente que una persona, para desligarse de toda discusión trascendente, diga: "Bueno, yo realmente no soy religioso".
"No soy religioso" significa: "Éso que llaman religión no tiene que ver con mi vida, está separado de mí".
Y también significa que según esa suposición, habría dentro de la sociedad humana algunas personas que son "religiosas", entre comillas. Es decir, que les interesa este mundillo de la oración: que si el Papa, y que si la Iglesia, y que si los mandamientos.
Esas son personas que tienen como ese gusto, o tienen esa afición. Mientras la guarden para ellos mismos, mientras la guarden en su cabeza y la guarden para su vida privada, no importa mucho más que cualquier otra opción que tuvieran.
Como decía un filósofo que se manifiesta ateo, Fernando Savater, es lo mismo que si alguien es aficionado a las carreras de caballo. Seguramente, si voy a hablar con él, me contará qué fue lo que sucedió en la última carrera, me dirá quiénes son los mejores jinetes, quiénes son los mejores ejemplares y dónde están los mejores caballos.
Y yo lo escucho con paciencia, lo mismo que oigo con alguna paciencia a la gente que me cuenta cuál es el santo para curarse de la vista, o cuál es el santo que me puede guiar en esto, o cuáles son los intríngulis de la política vaticana.
Según ese sentido pobre de la palabra religión, la religión es como la afición, o la tara, o el trauma, o el atavismo que tienen unas cuantas personas.
Y esas personas, mientras mantengan su obsesión, o su afición, mientras la mantengan en su ámbito privado, pues, hasta tienen el derecho de participar de los bienes de esta sociedad multicultural y de esta sociedad secular en que estamos.
Esa es la lógica que se aplica en Europa, esa es la lógica que se aplica en buena parte de los Estados Unidos y que poco a poco se va difundiendo a toda esa área de nuestra tierra que llamamos el Occidente: la religión como una cosa que es accesoria y separada de la vida humana.
Pero, se trata de un engaño; la religión no es éso. Y las preguntas religiosas no son equivalentes a las preguntas por cuál es el jinete que mejor corre, o cuál es el caballo más veloz.
Las preguntas religiosas tienen que ver con la vida humana. Por eso, todo aquel que tenga vida humana, de alguna u otra forma se hace preguntas, se hace esas preguntas que nosotros llamamos religiosas.
Son las preguntas que tienen que ver con el sentido último de nuestra existencia, son las preguntas que tienen que ver con cuál es el lugar verdadero de la felicidad.
Son las preguntas que tienen que ver con cuáles son las convicciones que primero, de manera más profunda y mejor, deben quedar en los niños. Son también las convicciones que tienen que ver con el futuro de nuestra especie sobre esta tierra.
Porque, es evidente que cualquier cosa que se diga sobre la familia, cualquier cosa que se diga sobre la mujer, cualquier cosa que se diga sobre el amor, va a afectar el conjunto de la especie humana en el futuro.
Cualquier cosa que se diga sobre la mujer, porque de ella, de la mujer, saldrá toda la especie humana que conozcamos. Y todo lo que se diga de la familia, por la misma razón; todo lo que se diga del amor, por la misma razón.
Y de ahí que las preguntas que atañen al futuro de la especie, no son preguntas como cuál es el caballo que corre más rápido, o a qué jinete le puedo apostar más dinero.
Separar la religión del conjunto de la vida humana, es una tentación, sin embargo, muy antigua, y la encontramos ya en la primera lectura del día de hoy.
Tenemos aquí a un rey de nombre Jeroboam, un hombre que actúa con un sentido práctico, con un gran sentido práctico: él se da cuenta de lo que está sucediendo.
Para los que estén un poco desconectados de noticias, permítanme que les resuma qué fue lo que sucedió con Jeroboam. Resulta que ha muerto el rey Salomón y ha quedado en el trono el hijo de Salomón, un muchachito caprichoso, egoísta, codicioso más bien; apegado a su barrita de amigos.
Ese muchacho, el hijo de Salomón, se llamaba Roboam, y éste otro del que estamos hablando, se llamaba Jeroboam. Y Jeroboam vio una oportunidad, una oportunidad para sus propias ansias de poder cuando el hijo de Salomón, es decir, Roboam, no supo manejar una situación tensa con la gente del norte de su país, lo que después se convirtió en el reino del Norte.
Había protestas por los altos impuestos, y Roboam manejó la cosa de la peor manera posible, de modo que había un espíritu de rebelión, había un espíritu indispuesto contra el rey.
Jeroboam aprovechó éso. Causó la división, y él mismo quedó como rey de esas tribus del Norte. Ese reino del Norte tomó el nombre de Israel, y el reino del Sur tomó el nombre de Judá: reino de Israel al norte, reino de Judá al sur.
Jeroboam quedó de rey en el norte. Pero, resulta que en el sur, en el reino de Judá, estaba Jerusalén y el centro del culto.
Jeroboam no era un hombre que estuviera metido en los asuntos de la religión. No obstante, él se dio cuenta de que si no hacía algo práctico con la religión, si no eliminaba ese aspecto, si no controlaba ese aspecto, digo mejor, si no controlaba la religión de su gente, quedaba siempre la posibilidad de que se reunificara el trono.
Y si se reunificaba el trono, pues, él perdía lo poco que había hecho en su vida. Porque, lo único que hizo en su vida fue éso: buscar y conseguir ese poder.
Y acá es donde yo quiero llegar. Cuando el poder quiere idolatrarse, o quiere ser idolatrado, cuando el poder quiere endiosarse, necesita controlar la religión.
Controlar la religión es mantenerla en un perfil bajo. Controlar la religión es impedir que se convierta en una fuerza social que despierte las conciencias de las personas. Controlar la religión es lo que está sucediendo ahora en Europa, sobre todo, pero igual en muchos otros lados de lo que llamamos el Occidente.
Controlar la religión es mantener la religión en éso que Fernando Savater llamaba una afición: "Claro, mientras la gente piense, mientras la opinión pública sienta que la religión sólo puede ser una afición como observar carreras de caballos, esa religión no tiene nada que ver, esa religión no influirá en el conjunto de la vida social, no influirá en el conjunto de la vida pública, no se meterá en las discusiones sobre la educación, sobre la salud".
Esa religión, reducida al aspecto individual, solitario, aislado, esa religión poco o nada puede hacer frente a los grandes problemas de la sociedad y que son los problemas que quieren manejar los políticos. Porque, en el manejo de esos problemas, está también su única oportunidad de lograr el capital que quieren, es decir, los votos de un electorado.
Jeroboam se dio cuenta de que necesitaba controlar la religión. Y obviamente lo que hizo fue producir idolatría: que ese sentimiento que tenía que existir se fuera hacia otras cosas, y lo dirigió hacia "los becerros de oro" 1 Reyes 12,28.
También hoy hay muchos ídolos, también hoy hay muchos becerros de oro. Detrás de ellos corre la gente y se olvida del Dios verdadero. Consideran que en la antigua religión de sus padres, éso quedó allá en el pasado y es un asunto solamente individual, un asunto que no tiene mayor trascendencia.
No se dan cuenta de que al pensar así, le están haciendo el juego a los que son como Jeroboam hoy, a los que quieren que nos olvidemos del Dios vivo y de su Alianza, a los que pretenden que nosotros reduzcamos la religión solamente a un asunto privado para controlar nuestros votos y para mantener nuestro dinero.
Pidamos al Señor que nuestra conciencia esté siempre despierta y que en Él esté siempre nuestra alegría, incluso si esto significa ser descalificados o tal vez ser perseguidos.