O054001a
Fecha: 19960208
Título: Es necesario evangelizar a los que no tienen fe hablandoles no solo a sus oidos sino tambien a su alma, a su corazon, a su conciencia
Original en audio: 13 min. 54 seg.
Queridos Hermanos:
Tienen su semejanza las dos lecturas que hemos escuchado en la Eucaristía de hoy. Se presenta al rey Salomón, descendiente de David al trono, y se nos presenta a Jesucristo, que con razón fue llamado también "hijo de David", también es de la dinastía de David este Jesús.
Se nos habla de cómo el primer descendiente de David, Salomón, ya se alejó de esa fidelidad, de ese amor a la gracia que tuvo su padre David, y la causa fueron las mujeres extranjeras.
Pues bien, también una mujer extranjera aparece en el Santo Evangelio, incluso geográficamente, se trata de una mujer procedente de la misma región de donde seguramente vinieron algunas o muchas de las concubinas o esposas que tuvo Salomón.
En esto del número de concubinas no debemos de pensar fácilmente que se trata en un asunto de pura hombría, de asunto de machismo. Los matrimonios, en esa cultura y en esa época y también un poco en nuestra propia época, si se trata de hablar del Mediano y el Extremo Oriente, los matrimonios tenían un carácter de alianza política sumamente relevante.
Efectivamente, cuando esos pueblos antiguos se hacían la guerra, el objetivo primordial que había que lograr al principio era que extinguir a la dinastía que estuviera reinando.
Así pues, cuando se lograba emparentar, cuando se lograba mezclar la sangre de una dinastía, de un pueblo con otro, ese exterminio ya no resultaba tan sencillo, porque entonces los vínculos de sangre venían a servir como de colchón o de límite a la agresividad y a la crueldad que siempre podía explotar en cualquier batalla.
Eso explica el elevado número de esposas o de concubinas de las que se habla en el caso de Salomón, especialmente en lo que atañe con las esposas.
El objetivo era emparentar con los pueblos vecinos, porque en ese mutuo parentesco se supone que habría una garantía para la paz. Por eso el texto, en realidad, no reprocha a Salomón el hecho de que tuviera varias esposas o muchas esposas, sino el hecho de que su corazón ya no fue enteramente fiel a Dios.
Y como todo estaba tan unido en la época, los vínculos de sangre, los vínculos de raza, los vínculos nacionales y los vínculos religiosos, vino a resultar que este Salomón, por tratar de asegurar la paz, la misma paz que llevada en su nombre, porque Salomón proviene de la misma raíz de la paz.
Tratando de buscar esa misma paz, Salomón introdujo en el reino la idolatría, es decir, se convirtió ya no en un rey nombrado, ungido por Dios, sino que se convirtió en un hombre que creía más en sus propias fuerzas, que creía más en su sabiduría y en sus alianzas, que creía más en los pactos y en la palabra de sus enemigos que en la misma Palabra de Dios.
Las consecuencias de esta actitud de Salomón fueron evidentes, el reino perdió solidez, y aquello que se había logrado con David, de alguna forma vino a perderse con su primer sucesor, con Salomón.
En el evangelio nos encontramos con una realidad muy distinta, aquí ya no se trata de matrimonios, pero sí se trata de una extranjera que tiene su propio culto, que tiene su propia religión, pero que tiene también algo en común con los israelitas y con todos los seres humanos, el dolor, la preocupación, en el caso de ella, el dolor por la obra del demonio en una de sus hijas.
Se presenta esta mujer ante Jesús, desde luego pueden parecernos muy duras las palabras de Nuestro Señor, hay que hacer un par de anotaciones.
La primera, la región a la que pertenecía esta mujer, cuya hija estaba siendo afligida por el demonio, la región a la que pertenecía esta mujer es una región politeísta, es una región llena de magia, llena de astrología.
Y por consiguiente, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que la primera mirada, la mirada inicial de esta mujer siro-fenicia hacia Jesús, es una mirada como la que ella tendría hacia cualquier curandero.
Podemos incluso suponer que esa mujer ya ha ido a varios brujos, quizá se parezca a esas mujeres que en medio de la preocupación por la enfermedad, por la mala suerte, por el desempleo, por la infidelidad de sus maridos, acuden a todo lo que se les presenta, acuden a todo lo que encuentran por delante, con tal de lograr el resultado.
Es decir, esta mujer, en principio lo que quiere es un resultado y lo quiere en aquel que para ella es como un brujo más, se acerca a Jesucristo, buscando no a Jesucristo sino a su poder, se acerca a Jesucristo no con verdadera fe, sino como quien se acerca a un mago o a un brujo.
Jesús hace ver entonces que su mensaje, que su palabra, que su vida misma son para otra clase de personas, Jesús le hace ver que Él ha sido enviado para las ovejas de la casa de Israel. Más que una distinción de raza, de lo que se trata aquí es de fe o de no fe.
Aquellos israelitas que buscaban a Jesús, fuera por causa de las aflicciones que les causaba el demonio, fuera por la enfermedad o por cualquiera otra razón, aquellos israelitas podían ver en Jesús, el mesías, el prometido por Dios a través de los profetas.
Ellos podían ver en Jesús la respuesta de Dios, y por eso esos israelitas podían verdaderamente tener fe, en cambio, esta mujer así tuviera el mismo mal del que se quejaron y del que sufrían tantos israelitas, esta mujer está buscando magia, y Jesús por eso tiene que hacerle una especie de rapidísima catequesis para que ella no busque el poder solamente sino busque la fe.
Y efectivamente lo logra, aquí es donde tiene su lugar la segunda anotación. Cuando Jesús habla de los perros, esa palabra no tenía, en la época, el tinte tan claramente peyorativo que puede tener en nuestro momento, y más bien sirve de ocasión para que la mujer se exprese de otra manera, para que ya no busque el poder.
Cuando ella habla de las migajas, cuando ella se refiere a las migajas que caen de la mesa, está admitiendo para sí misma la misma comida de los niños o de los hijos, por decirlo sin comparación, está admitiendo el mismo alimento, la misma alianza, la misma esperanza de Israel, en ese momento esa mujer está siendo adoptada en Israel, por decirlo de esa manera, está siendo adoptada en Israel
Y así, la que era una pagana, por vía de la predicación de Jesús, por vía de su testimonio, por vía de su predicación, se convierte en una creyente, en una israelita por adopción.
¿Qué podemos sacar como conclusión de la comparación de estas dos lecturas? Salomón pretende hacer alianza, pretende defenderse, en realidad pretende defenderse de los otros pueblos creando alianzas de paz, a base de multiplicación de matrimonios, a base de matrimonios, matrimonios sólo diplomáticos, y a base de la permisión de culto de todas las religiones. Ese es el intento de Salomón.
En el fondo él no adopta a los otros pueblos, parece pacífico, pero no les está prestando ningún servicio y sí está envenenando con idolatría a su propio pueblo. En cambio en Jesús, el verdadero Salomón, el verdadero Príncipe de paz, ¿qué es lo que nos encontramos? Nos encontramos con un hombre que puede parecer duro, que puede parecer osco al principio para los que no somos judíos de nacimiento.
Porque es necesario para nosotros dejar la soberbia de nuestra supuesta ciencia, o riqueza, o todo lo demás, es necesario despojarse de todo eso y entrar con humildad siguiendo el camino de esta sirio-fenicia.
Pero aunque Jesús parezca duro, es Él el que está abriendo realmente la puerta de la salvación para todos los pueblos, y lo que hizo en esa mujer, es decir, expulsar el dominio de Satanás, será lo que después haga, por el don del Espíritu Santo, por la predicación de los Apóstoles y por la misión que se reparte a lo largo y ancho de toda la tierra.
Este Jesús es una verdadera respuesta, es el verdadero Salomón y nos muestra de qué manera hemos de tratar a aquellos, a aquellas que no tienen todavía nuestra fe.
Es necesario acompañarlos en ese itinerario para que no se apoyen en sí mismos, para que sean humildes. Es necesario presentarles la salvación, pero con tal discreción que no se confunda con la magia y es necesario, sobre todo, hablar no sólo a sus oídos sino también a su alma, a su corazón, a su conciencia.
Porque es evidente que este Cristo, mientras le estaba hablando de viva voz a la mujer, este Cristo también estaba sugiriéndole al corazón de ella, la fe, la salud, la salvación; le hablaba con palabras y hablaba por dentro con su amor, con su mirada, con la gracia de su Espíritu.
Así se logran las conversiones, así obra nuestro Padre Dios, así va adoptando nuevos y nuevos pueblos para su gloria.
Bendito sea su Santo Nombre. Y que Él nos haga predicadores de su salvación.
Amén.