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Hay una historia famosa de un hombre que era extraordinariamente avaro, verdaderamente su ídolo era el dinero, este hombre tenía dos hijos, pero en el momento de su muerte él puso en su testamento que quería ser enterrado con todo su dinero. La historia viene de muchos siglos atrás, pero de todas maneras en aquella época se tomaban muy en serio los testamentos, lo cual significa que si este hombre dijo: “quiero que me entierren con todo mi dinero”, pues había que hacer caso a ese testamento, eso por lo menos era lo que decía la ley, era algo absurdo, de qué sirve enterrar una persona con su dinero, de qué sirve sepultar ese dinero ahí, no tiene sentido, pero eso fue lo que él dijo, entonces el abogado que tenía que hacer cumplir ese testamento, se puso de acuerdo con los hijos de este señor, los cuales resulataban dolorosamente afectados por semejante disposición tan absurda, si van a enterrar todo el dinero del papá ahí, ¿pues que sigue?, o profanar la tumba, que es algo repugnante a los ojos de esos hombres o perder ese dinero para siempre, ¿qué van a ser todos esos billetes? ¿qué va a ser toda esa plata allá metida?, pues se va a perder para siempre; entonces llegaron a una estrategia, cuando el inspector del gobierno quiso averiguar si se había cumplido el testamento puntualmente y a la letra dijo: “¿ustedes han sepultado a ese hombre con todo su dinero?”, y el abogado dijo: “así lo hicimos”, el otro se quedó asombrado, ¿cómo iban a perder todo ese dinero?, y les pregunta: “¿y cómo lo hicieron? ¿han metido ahí todo ese dinero, todos esos billetes, los han metido en el ataúd del hombre?”, y responde el abogado: “bueno no exactamente, los billetes los dejamos por fuera, pero le metimos en el ataúd un cheque por la suma total”; fijáte cómo de esa manera supuestamente se ha cumplido el testamento, pero a la vez el abogado se ha quedado con su dinero, y también los hijos, los potenciales herederos han ganado una buena suma. Por eso existe un refrán que dice: “hecha la ley, hecha la trampa”, “ese quiere que lo sepulten con todo su dinero pues ahí le dejamos un cheque y verá él cuando lo cobra”. Esto tiene que ver con el Evangelio del día de hoy que fue tomado del capítulo séptimo de san Marcos, porque gente que era experta en eso de darle vueltas y vueltas a la ley para que termine diciendo lo que queremos que diga, esa gente, esos eran exactamente los fariseos, eran expertos en eso, y Cristo da un ejemplo: “hay un precepto de Dios, honra a tu padre y a tu madre” (cf. Mc 7,10), pero entonces ya los fariseos habían encontrado una vueltecita: “Dios es más padre que mis papás, entonces si yo ofrezco todos mis bienes al templo, entonces pues ya con eso no estoy incumpliendo un precepto porque estoy cumpliendo otro precepto todavía superior, porque Dios es más importante. Ahora bien, como los bienes quedaron ofrecidos al templo, entonces mientras tanto, yo tengo la administración, el usufructo de esos bienes, es decir que mi papá y mi mamá pueden estar muriendo en extrema necesidad, y yo no estoy incumpliendo el mandamiento de Dios, no lo estoy incumpliendo porque los bienes mios, yo los ofrecí al templo, sólo que mientras tanto yo los administro” (cf. Mc 7,11-13). Te das cuenta las vueltas, los malabarismos que se hacen con tal de no obedecer a Dios, eso lo denuncia Cristo a los fariseos, y es una denuncia interesante también para nosotros, porque existe en el ser humano una capacidad de racionalización, una capacidad de jugar con las palabras, por ejemplo encontramos en la Biblia que dice expresamente san Pablo: “los que tienen comportamientos afeminados, comportamientos homosexuales, no heredarán el Reino de Dios” (cf. 1Co 6,9-10); pero ya entran los intérpretes y le dan la vuelta, le dan tres, cuatro vueltas al texto, ponen el contexto cultural: “es que san Pablo estaba marcado por esto, pero finalmente lo que quería decir san Pablo es que en realidad todo el mundo puede portarse, puede vivir como quiera”. Dice Jesús: “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” (Mt 19,6), pero luego vienen algunos, interpretan las cosas y entonces dicen: “bueno pero si hay amor, pero si hay respeto, finalmente si se pueden casar otra vez”, es decir si se puede separar lo que Dios ha unido.
No nos dejemos hacer trampa por los que así piensan, en su sencillez, en su hermosa simplicidad, Dios tiene cosas grandes para nosotros, no las dejemos perder.