O052002a
Fecha: 20000208
Título: De como hacer oracion
Original en audio: 5 min. 29 seg.
Yo creo que uno de los días más grandes para el pueblo de Israel, fue ése que nos aparece referido en la primera lectura del libro de los Reyes. Está en el primer libro de los Reyes, capítulo octavo, cuando ya Salomón terminó el Templo, llevó el Arca al Templo.
Y él fue el primero en hacer una oración. Hizo una larga oración que está, ahí, en la Sagrada Escritura, que es una joya preciosa por la humildad, por la alabanza.
Esa oración de Salomón nos invita hoy a reflexionar sobre la realidad del templo. Cuánto bien puede hacer un templo, es cosa que uno puede imaginarse oyendo a Salomón en su oración al decir: "Cuando te invoquen desde este lugar, cuando te pidan perdón desde este lugar, cuando te ofrezcan sacrificios en este lugar" 1 Reyes 8,30.
¡Cómo es de importante tener lugares, lugares de oración! Pero, luego resulta que Jesús nos muestra que esos lugares exteriores y esas prácticas exteriores, de nada valen si el altar del corazón y si el templo del alma no están dispuestos para Dios.
Y por eso, nosotros, católicos, tenemos una posición, llamémosla así, intermedia con esto del templo. No podemos invalidar los templos, no podemos hacer caso omiso de los templos.
Y cuando digo templo, no me refiero sólo a las paredes, sino a todas las circunstancias exteriores que nos invitan a acercarnos a Dios. Esto significa que necesitamos lugares de oración, tiempos de oración, actitudes, posturas corporales, disposición de almas. ¡Todo éso lo necesitamos!
Pero, por otra parte, tampoco podemos absolutizar esas circunstancias exteriores: ni poniendo demasiada confianza en lo externo, ni tampoco creyendo que cuando lo externo falte, no podemos nosotros ofrecer un verdadero sacrificio de alabanza en el altar del corazón.
Por lo tanto, de aquí tenemos que sacar dos series de enseñanzas. Una serie es: acostumbrémonos a disponernos para el encuentro con Dios. Mientras vayamos como peregrinos en esta tierra, necesitamos circunstancias exteriores, necesitamos lugares, calendarios; tiempos necesitamos.
Y cada uno tiene que tratar de conocerse. A ver: "¿Cuáles son los lugares donde mejor puedo hacer oración? ¿Cuáles son los tiempos en los que mejor puedo hacer oración? ¿Cuáles son las maneras de hacer oración que más me alimentan, me transforman, me convierten, me ayudan?"
Cada uno tiene el deber de conocerse en ese sentido, pero por otra parte, estar abiertos. Si Dios me lleva a otras circunstancias, yo por eso no me voy a oponer, ni le voy a decir: "No, aquí no puedo orar, porque esto no se parece al lugar que yo quería".
No podemos idolatrar lo nuestro, pero sí tenemos con humildad que reconocer que necesitamos algunas circunstancias externas. Catalina de Siena tuvo un tiempo en que era muy perseguida por ataques, insidias del demonio. Y ella tomó la costumbre en esa época de ir mucho al templo.
Decía: "En el templo es mucho menor el ataque del demonio". O sea que tenía la experiencia de sentirse como custodiada, como amada, como protegida en el templo.
Pidámosle a Dios que nos dé como esa sabiduría y ese tino para distribuir nuestros espacios, nuestro cuarto, nuestra casa, de manera que haya el lugar para Él; distribuir nuestros horarios, de modo que haya el tiempo para Él; distribuir nuestras ocupaciones y nuestro ánimo, de manera que esté lo de Él.
Sin embargo, todo eso no puede ser el último requisito; sino, después de que tengamos todo listo, dejémoslo en manos de Dios y digámosle: "Señor, cuando tú quieras y como tú quieras, a mí me agradaría encontrarme contigo, recibir tu visita, tu bendición, tu amor".
No vayamos a pensar que porque nosotros le hemos arreglado todas las cosas, ya Él tiene que obrar como nosotros pensamos. Sino, arreglemos las cosas y digámosle con humildad: "Visítame con tu salvación, ven a tu morada, glorifícate, Señor, haz tu obra en mi vida, mírame con misericordia, mírame con piedad".
¡Así obró Salomón y fue escuchado!