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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020209

Titulo: La sabiduria esta fundada en la gratitud y en la humildad

Original en audio: 14 min. 34 seg.


Queridos Hermanos:

Hace poco escuchábamos sobre el testamento que el rey David le había dejado a su hijo Salomón. Ya próximo a la muerte, David llama a Salomón, y lo invita ante todo a ser fiel a Dios, a unirse de corazón a Dios. Felizmente, la primera lectura que hemos escuchado nos muestra al joven Salomón en una actitud bella de apertura a Dios.

El Señor Dios abre los tesoros de su poder y de su amor, y la suplica que hace Salomón está tan llena de sensatez. "En Gabaón, -nos dice la lectura-, el Señor se le apareció a Salomón y le dijo: “Pídeme lo que quieras”" 1 Reyes 4,5. Esa es la tentación grande que podría llegar seguramente a un corazón como el mío, o tal vez como el tuyo.

¿Qué es lo que tanta gente busca hoy en la magia y en el esoterismo y en todas estas cosas? ¿Qué es lo que está bucando? ¡Eso, tener un gran poder! Y qué tal que le diga a uno el Dios del cielo: “Pídeme lo que quieras”?

Pero el Dios del cielo sabe a quién se lo dice y se lo dijo a Salomón y Salomón, prevenido por la gracia de Dios, primero obrando esa gracia en él, da una respuesta llena de sensatez que no nos cansamos de meditar.

Respondió Salomón: “Señor, tú has hecho que yo suceda a David, mi padre, aunque soy un muchacho y no sé desenvolverme. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, ¿pues quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso" 1 Reyes 3,7-9.

Vamos a meditar por un momento en esta respuesta tan bella que da Salomón y que es modelo especialmente para los jóvenes. ¡Cuánto quisiera yo ver este corazón y este modo de hablar de Salomón en nuestros jóvenes! Detengámonos, reflexionemos un poco en qué es lo que ha hecho Salomón.

Dios le abre los tesoros de su poder y de su amor amor: "Pídeme lo que quieras"1 Reyes 4,5, ¿qué hace Salomón? Salomón, en primer lugar, es agradecido, reconoce lo que Dios ha hecho por David, su padre, y renococe el regalo que significa para él estar en ese trono.

Recordemos que a Salomón, según las costumbres de las dinastías y de los reyes no le correspondía ese trono, Salomón no era el primogénito del David, hasta cierto punto fue lo que en colombia llmamos una "alcaldada", fue en cierto modo la imposición de un capricho de David, pero un capricho que tenia su fuente en el querer de Dios.

Fue la imposición de una opinión de David la que hizo que Salomón quedara de rey, y Salomón es consciente de que ese trono le llega como un regalo a él, es un regalo, es algo que él no merece. Por eso lo primero es la gratitud.

Lo segundo que él tiene no es menos admirable: reconocimiento de lo que él es. Esta traducción dice: “Sólo un muchacho y no sé desenvolverme” 1 Reyes 3,7. Todo lo contrario de esa presunción que tan fácilmente empaña la mente y ensordece el alma.

Si queremos darle oídos al corazón, hay que primero recordarle al corazón cuál es su verdad, y eso es lo que hace Salomón. “Yo no sé desenvolverme, soy un muchacho” 1 Reyes 3,7.

primero, agradece el don que viene de Dios; y segundo, reconoce su limite, esas son las dos puertas amplias para entrar en la sabiduría. Todos sabemos que Salomón es ponderado, es alabado y es recordado especialísimamente por la sabiduría, pus si Salomón es el sabio, aprendamos de dónde le viene esa sabiduría.

Aprendamos cómo obro y cómo recibió esa sabiduría. Las dos puertas amplias que abren sus hojas para que nosotros podamos entrar al templo de la sabiduría, estas puertas son: primero, el agradecimiento; y segundo, el reconocimiento de nosostros mismos. O podemos usar la misma palabra: el reconocimiento de los bienes de Dios y el reconocimiento de nuestros limites.

Esos dos reconocimientos nos conducen al verdadero conocimiento; reconociendo la bondad de Dios y reconociendo lo que yo soy, llego a conocer la sabiduría, porque la sabiduría está fundada en la gratitud y en la humildad, por lo menos eso es lo que nos enseña la lectura de hoy.

Y tiene mucha lógica lo que sigue. Salomón, que agradece bienes y que reconoce sus limites, entonces dice: “Dame un corazón dócil” 1 Reyes 3,9, pero hay otra traducción que me gusta más,una traducción que me encanta y que creo que es fiel al texto hebreo: “Dame un corazón que sepa escuchar” 1 Reyes 3,9.

Sí, ser agradecido es condición, es fundamento; reconocer los propios límites, sí, es condición, es fundamento; pero reconocer los propios limites todavía no es ser sabio, sobre ese fundamento se edifica la sabiduría pero ahí todavía no esta la sabiduría.

Reconocer mis limites todavía no es sabiduría. La sabiduría empieza cuando, desde el reconocimiento de mis limites, me hago discípulo, y eso es lo que tiene esa palabra que dice Salomón: “Dame un corazón que sepa escuchar”1 Reyes 3,9.

¿Sabe qué modo bello hay de traducir esa súplica? Es como si Salomón dijera: “Recíbeme como discípulo”, ¡qué lindo¡ “Recíbeme como discípulo, admíteme en tu escuela, sé mi maestro”.

Un maestro, que me puede enseñar de tantas maneras, y que me puede enseñar en horarios tan diversos, y que puede convertir todo acontecimiento de mi vida en un aula, por lo cual yo no le pondré condiciones a este maestro y únicamente le digo: “Señor, dame un corazón que sepa escuchar, un corazón que sea dócil” 1 Reyes 3,9.

Porque la obstinación,porque la cerrazón, porque la terquedad no es compatible con la sabiduría y por eso salomón pide: “Dame un corazón que sepa escuchar" 1 Reyes 3,9, "recíbeme como discípulo tuyo”. Ahí firmó la matricula.

Y luego, cuarto punto,último quemeditamos hoy, dice: “Un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien” 1 Reyes 3,9. Para discernir, para separar, necesito discernir, necesito separar.

¿y esto qué está indicando? Pues obvio, que la separación entre lo malo y lo bueno, a veces no es sencilla, porque a veces el bien parece un mal, y a veces el mal parece un bien.

Veamos por qué. A veces un bien parece un mal cuando es un bien arduo. Para nuestro cuerpo, a veces mal acostumbrado, cuando el medico le dice: "Oye, no puedes comer más grasas ni carnes rojas, y tienes que bajar la sal al mínimo, y olvídate del azúcar", ahh, el cuerpo protesta, el paladar protesta, y eso le parece un mal.

"Esta comida esta fea, qué vida aburrida, para qué esto, por qué esto, me siento castigado; cuando el bien es arduo, que hay muchísimos bienes que son arduos, a veces el bien nos parece un mal, la lucha por la virtud siempre supone victorias que son duras, y que suponen sacrificio, y que suponen abnegación, y que suponen perseverancia, y ahí muchas veces el bien parece un mal.

Pregúntale al atleta que se levanta todos los días en la madrugada para correr diez, quince kilómetros, si todas las veces se siente feliz de salir con sol, con lluvia, con frío, con calor a hacer su recorrido, y muchas veces te dira: “Me cuesta trabajo, es difícil”.

El bien a veces parece un mal, lo que parece bueno es la camita tibia, caliente que me arropa, y lo que parece mal es el frío de la madrugada. Pero tengo que escoger eso que parece mal, porque es mi verdadero bien.

Y lo contrario también sucede: a veces el mal parece bueno, parece atrayente, y en esto creo que no hay que dar muchos ejemplos porque todos sabemos que la tentación tiene precisamente esa cualidad, parecer buena.

Así se le da cimiento a una vida en la sabiduría. Primero: agradecimiento por los bienes recibidos. Segundo: reconocimiento de lo que uno es y de sus limites. Tercero: deseo sincero de matricularse en la escuela, deseo sincero de ser discípulo. Cuarto: una clara conciencia de que el bien se viste de mal y que el mal a veces se viste de bien, que la cosa es confusa y que necesitamos auxilio de Dios para que nuestra conciencia pueda distinguir muy bien una cosa de la otra.

Pero no puedo terminar sin hacer una pequeña propaganda, algo en lo que el Papa Juan Pablo ha insistido muchas veces: la diferencia entre la autenticidad y la verdad.

Me explico: hay gente que considera que simplemente cuando es coherente consigo misma, es decir: "Yo hago lo que a mí me parece correcto, yo hago lo que a mí me gusta, yo no muestro una cosa y soy otra", es decir, consideran que porque son coherentes consigo mismos, ya eso es bueno.

"A mí me parece que esto es lo que es, y yo las cosas las hago así, y yo soy muy honesto en lo que hago". Pero la honestidad y la sinceridad ahí significan simplenmente: acuerdo conmigo mismo, yo estoy de acuerdo conmigo: "Yo soy así y obro así porque así me parece bien".

Esa postura, que sirve para legitimar cualquier cosa, pregúntele a los novios, pregúntele al que rompe su matrimonio, pregúntele al que hace todo tipo de negocios en la empresa, esa manera de pensar es pavorosamente ingenua, mis amigos.

¿En el fondo qué está diciendo ese modo de hablar? Está diciendo: "Sí, a mí el bien se me aparece con este rostro, pues eso es lo bueno”. Esa es una gran ingenuidad, y de esa ingenuidad tendría que salvarnos Salomón con su ejemplo, particularmente del día de hoy.

El bien a veces parece mal, y el mal sabe disfrazarse de bien. No seamos ingenuos, que "porque yo creo en eso y esos son mis criterios, y eso es lo que a mí me gusta, y yo con eso soy coherente conmigo, y ya eso basta".

No, señor, el bien moral no se puede encontrar solamente en la coherencia con uno mismo, es necesaria la formación de la conciencia, es necesario saber si eso que a mí me gusta y me parece bueno, excelente y maravilloso, si eso es verdaderamente así o no, y para eso necesitamos ayuda, necesitamos escuela, necesitamos educación y necesitamos acción del Espíritu Santo en nuestra vida.

Amén.