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El libro llamado Eclesiástico, un libro que nosotros los católicos debemos apreciar mucho, porque ese no se encuentra en las Biblias protestantes y esos libros que nosotros tenemos y que otros cristianos no tienen han de ser para nosotros motivos de gratitud, no de presunción ni de arrogancia, sino de gratitud porque el único motivo por el que los protestantes sacaron de sus Biblias, libros como el Eclesiástico, Sabiduría, el único criterio fue apoyarse en un sínodo de Judíos, que sucedió en el primer milenio, cuando ese grupo de judíos rechazó algunos textos de la escritura, entonces los protestantes siguieron el criterio de rechazar lo que habían rechazado los judíos, es decir que ya podremos imaginarnos que tan cristiana es esa manera de decidir las cosas, oremos siempre por los protestantes, lo nuestro siempre ha de ser amar la Palabra de Dios. Y dentro de esa Palabra hay libros que lamentablemente perdieron los protestantes, como libros de los Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico.
El texto concreto de hoy viene a ser como una especie de sumario, como una especie de resumen de lo que fue la vida, la grandeza del rey David, recordemos que los libros primero y segundo de Samuel, contienen básicamente la historia de éste profeta Samuel y luego la historia del rey Saúl y luego una larga historia, narración bastante amplia del rey David, su familia, sus hijos, sus errores, pero también su búsqueda permanente del Señor, esa es la razón por la que tenemos este texto del Eclesiástico, es algo así como cerrar el ciclo de lecturas sobre David, por eso tenemos capítulo 47 del Eclesiástico el día de hoy. Queremos referirnos a ese pasaje que hemos tenido en la primera lectura, para destacar algo muy interesante y es que en esos versículos que no son tan numerosos tampoco, se habla de David en tres claves diferentes, primero se le presenta lo que podríamos llamar un héroe, es decir aquella persona que logra cosas muy difíciles, cosas arduas con gran valentía y con gran fortaleza. Este David en la primera parte de la lectura de hoy, es el que vence a leones, osos y sobre todo el que venció a Goliat, es un héroe. La segunda parte del elogio de David, que aparece en la primera lectura es David, como el místico, David el enamorado de Dios, David el que compuso tantísimos salmos, David el que se extasiaba proclamando con toda la fuerza de su voz, con toda la belleza de su alma, proclamando la gloria del Dios Altísimo, eso es lo que se destaca en la segunda parte. Y en la última parte que es la más breve se recuerda discretamente que si cometió pecados, pero se le presenta como aquel que fue perdonado, aquel que tuvo un proceso, un camino de conversión, eso es lo que aparece al final. Entonces las tres partes del elogio de David, son: El héroe, el místico y el converso.
Estas tres maneras de presentar a David son como tres capas que nos invitan a penetrar en la historia del amor de Dios en la vida de este hombre, digamos que la etapa más exterior son las cosas más espectaculares: que peleo contra un león y lo venció, que fue capaz de derrotar a Goliat, eso es interesante y llama la atención, pero eso es lo más externo, ¿Que había detrás de esto, para que este hombre pudiera realizar semejantes prodigios? Porque ya se sabe que David no tenía la contextura y la fuerza ni la altura de los más grandes guerreros, de hecho, Saúl el rey anterior a David era mucho más alto que David, entonces David no tenía la estructura física para ser el guerrero que fue, así que tenemos que buscar una explicación, ¿Cómo logró lo que logró? Porque está sostenido en un amor profundísimo a Dios, porque tenía una experiencia profunda de Dios, y es donde aparece la capa del místico, el enamorado de Dios, ¿Esa experiencia de que se alimenta? Se alimenta de una experiencia de conversión, de una experiencia de gracia, esto no es cronológico por supuesto, pero sí nos indica cómo las capas, los estratos más profundos del corazón de este hombre, como en lo más profundo de su ser y de su vida, ¿David quién es? David es aquel que ha conocido el amor perdonador de Dios, que ha conocido la gracia redentora, que se ha sentido levantado por Dios, ese es el que se enamora de Dios y el que es capaz de vencer a Goliat.
Es decir que la enseñanza es clara para nosotros, procesos de conversión, amor lleno de celo por la causa de Dios, y entonces sí, seremos los verdaderos guerreros que le dan gloria a su Nombre.