O045001a
Fecha: 19980206
Título: El cortejo triunfal de Nuestro Senor Jesucristo son nuestros pecados vencidos por su misericordia
Original en audio: 10 min. 24 seg.
Después de escuchar durante varios días la historia de los orígenes del reinado en Israel, y particularmente como una crónica de la vida de David, ahora la Iglesia nos ofrece una especie de resumen en forma de himno o de poesía.
Es un cántico que encontramos en el libro Eclesiástico, en el capítulo cuarenta y siete, que hace como un resumen de lo que es y lo que significa David en en el pueblo de Dios.
Se presenta, aunque ya de manera discreta, de manera sencilla, su falta, su pecado, y se presenta sólo para decir que está perdonado. Dice aquí: "El Señor perdonó su delito y exaltó su poder para siempre" Eclesiástico 47,13.
Ya no hay necesidad de decir cuál delito, ya se dijo en su momento cuál era el delito, ya ahora sólo hay que decir que el Señor perdonó su delito.
Los textos quehemos escuchado antes son tomados de los libros de Samuel, donde se encuentran los orígenes de la realeza, y ahí se cuenta detenidamente sobre todo ese gran delito; aquí no hay necesidad de decir cuál, solo hay que decirlo, para decir que está perdonado.
si uno compara lo que se dice en los libros de Samuel, con lo que se dice en el Eclesiástico, tiene una idea de lo que significa el perdón para Dios, y tiene una idea de cómo será nuestra vida en los cielos, porque confiamos, por su misericordia, por la Sangre de su divino Hijo, la gloria eterna.
En el segundo libro de Samuel se cuentan las cosas, ahora en el Eclesiástico, cuando ya se está haciendo un himno de alabanza a Dios, ya no hay necesidad de contar esas cosas, sólo se refiere a ellas el autor del Eclesiástico, para decir: "Eso estuvo perdonado". Y de esta manera, el perdón que Dios le otorgó se convierte en una luz más, en una belleza más de la vida de David.
En el fondo este texto, los versículos del dos al trece, del capítulo cuarenta y siete del Eclesiástico, este texto es como una secuencia de alabanzas a Dios por David, y por eso, así como se cuenta que Dios le dio fortaleza, y se cuenta que Dios le dio inspiración, así también se cuenta que le dio perdón.
El perdón no es aquí un insulto para David, sino una alabanza para Dios; el perdón no es para humillar a David, sino para ensalzar a Dios; el perdón no es para recordar un mal pasado de David, sino para proclamar un bien presente, siempre presente de Dios.
En la fiesta de San Esteban protomártir, uno de los Pades de la Iglesia hace esta reflexión: que Saulo, luego el gran Apóstol, guardó, cuidó las capas de quienes iban a a apedrear a Esteban, se solidarizó con esa muerte.
Entonces dice este Padre de la Iglesia que "Esteban subió al cielo por las piedras, -bueno, por el amor de Jesucristo-, pero el lenguaje de este Padre es así, por las piedras de Saulo, y Saulo sube al cielo por las oraciones de Esteban".
Vamos a poner la cosa en términos un poco infantiles. ¿Usted se imagina ese encuentro de Esteban y Saulo en los cielos?: "Usted ayudó a que me mataran". En ese momento, en la gloria de los cielos, no es el tiempo de los reproches, porque también esas faltas y también esos pecados han quedado incorporados en la victoria de Dios.
El mismo Apóstol San Pablo lo dice en la Carta a los Colosenses, dice que "Cristo hizo un cortejo triunfal" Carta a a los Colosense 2,15.
Cuando los generales antiguos de todas estas naciones venían de la guerra, traían en su cortejo a los vencidos, y desde luego, encadenado, apresado, humillado, traían, si tal cosa era posible, al general o al jefe del ejército enemigo.
Ver llegar entre cadenas, sucio, herido, polvoriento al general enemigo, y adelante, en carroza, llena de belleza y de música, al general vencedor. El vencedor y el vencido. Cortejo de prisioneros de guerra y especilamente de capitanes, o centuriones, o generales vencidos; esa es la misma gloria del general vencedoror; la gloria del vencedor es el cortejo de vencidos.
Esta imagen la toma San Pablo para decir que algo así hizo Cristo en la Cruz. Cristo en la Cruz, cuando vence, y luego, cuando asciende a los cielos, ya no va solo, va con un cortejo, incorporó a su cortejo a todos los generales vencidos, empezando, desde luego, por el príncipe de este mundo; ahí va vencido.
Y así como nadie le criticaría al general vencedor que traiga al general vencido, sino al contrario diría: "Ése vencido es gloria tuya", así también, las Llagas de Cristo, en su cuerpo, y los pecados vencidos por Cristo, en su cortejo, no son una humillación de Cristo, sino una gloria de Cristo.
Cuantos más pecados vencidos, más largo, más esplendoroso, más hermoso el cortejo de Nuestro Señor; cuanto más grande ha sido su perdón, cuanto más grande ha sido su piedad, cuanto más grande su misericordia, mayor y mayor y mayor su cortejo, hasta el punto de que llegamos a creer que es el Universo entero el que forma cortejo con Cristo, y Él sube con el Universo entero al Padre Celestial.
Por esta razón, esos pecados ya vencidos, son como generales derrotados que van ahí, haciendo fila detrás de Cristo, sólo para decir, con su misma humillación: "A mí me ganó el Señor Jesús, y Él es el único Rey".
Por eso, los pecados que hubiera cometido Esteban y los pecados que hubiera cometido Pablo, no son afrenta ni de Esteban ni de Pablo, porque esos pecados están metidos en el cortjo de Cristo y son una proclamación de la gloria de Jesucristo; y está la gente tan ocupada bendiciendo a Jesucristo, que no tiene otro oficio, que no tiene otra ocupación como para meterse a ver qué fue lo que pasó.
¿A quién le intersa que el general vencido haya hecho cosas grandes en otro tiempo? Ahora lo ves, ahí, humillado, sucio, polvoriento; ahora ves que ése es el vencido, ¡qué importa lo que haya sido!
¡Qué importa que el pecado alguna vez haya tenido poder! ¿Qué importa que alguna vez haya pretendido adueñarse de mi alma, si ahora, humillado por Jesucristo, tiene que hacerle cortejo a Cristo y tiene que proclamar la gloria de Jesucristo?
La Iglesia primitiva estaba tan convencida de esto, y la Biblia entera está tan convencida de esto, que no tiene dificultad alguna en contarnos los pecados, y por eso nos presenta las faltas de David, y nos presenta la incoherencia de Pedro, y nos presenta la vida pasada de Pablo; no tiene problema en decirlo, todo eso es cortejo triunfal de Nuestro Señor Jesucristo.
Todo eso es adorno de su gloria, todo esto es alabanza suya, ya aquí en la tierra cuando lo cantamos, y luego para la eternidad en los cielos.