O044001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20000203

Título: Un evangelizador debe aprender a depender completamente de la Providencia de Dios, y aprender a no depender de la gente a la que le predica. Es decir, debe actuar con plena libertad

Original en audio: 26 min. 3 seg.


Queridos Hermanos:

Nosotros hemos visto muchas veces a Jesús sanando a los enfermos, le hemos visto expulsando a los demonios, le hemos visto predicando a las multitudes. Todo eso es admirable, es muy admirable.

Pero hoy se nos presenta, de alguna manera, algo que es más admirable, y es que esas maravillas realizadas por Jesucristo, no se quedan sólo en el cuerpo de Cristo, no se quedan sólo en ese espacio a donde llegan sus manos o a donde llega su voz.

Lo que vemos en esta misión de los discípulos es la prolongación de la obra de Cristo a través de la Palabra, de las oraciones, del cuerpo de estos discípulos enviados.

Cristo se está prolongando, por así decirlo, a través de ellos, y a mí me parece que esto es todavía más admirable que las mismas obras realizadas por Él.

Porque al fin y al cabo, su Cuerpo es un vaso santísimo, tomado de las entrañas de la Virgen, tejido por el Espíritu Santo, consagrado por el amor de Dios; es habitación de la divinidad.

Que de ese Cuerpo salgan palabras elocuentes, órdenes imperiosas contra los demonios, milagros estupendos, es cosa que hasta cierto punto nos resulta lógica.

Él es santo, Él es bueno; pero aquí, en este pasaje del evangelio, comienza algo que es más admirable que esas obras. Cristo envía con su palabra poderosa a los discípulos y entonces, actuando a través del cuerpo de ellos, actuandpo a través de la palabras de ellos y a través de la oración de ellos, repite sus mismas obras.

Cristo fue concebido por obra del Espíritu de las entrañas de la Virgen; los Apóstoles no fueron concebidos así, fueron hombres concebidos como todos nosotros, de unión de hombre y mujer.

Y seguramente, el Cuerpo de Cristo es perfecto, inmaculado y santo; pero el cuerpo de estos apóstoles no es perfecto, ni inmaculado, ni santo. Y sin embargo, Cristo toma ese cuerpo y lo hace verdaderamente instrumento suyo.

Es cosa de admirarse, es cosa de agradecer soberanamente a Dios, ¿qué es este prodigio? Que Dios haga del Cuerpo de Cristo, de la mirada de Cristo, de la palabra de Cristo instrumento suyo, hasta normal parece, con esa santidad desde el nacimiento, desde la infancia, desde la juventud, normal.

Pero ahora estamos hablando de la santidad transmitida a hombres como nosotros, marcados por el pecado, atravesados por la duda, heridos en su pureza, en su sinceridad, en su fe, no son inmaculados, no son un ejército de inmaculados, eso es lo admirable, y sin embargo, mira las obras que realizan, las mismas obras de Cristo, no lo podemos negar.

“Salieron a predicar la conversión” San Marcos 6,12, dice el texto de hoy, como lo hizo Cristo; echaban muchos demonios, como lo hizo Cristo; ungían a los enfermos y los curaban, como lo hizo Cristo.

Las tres obras principales de Cristo según el evangelio de Marcos, aquí están realizadas por hombres que no tienen el alto origen de Cristo, que no tienen la infancia santa de Cristo, que no tienen la oración de Cristo, esto para mí es simplemente admirable.

Y de aquí podemos tomar una primera enseñanza para nuestra vida: el pecado ya no me sirve de disculpa para decir que las obras de Dios estarán lejos de mi o que ya no las puedo realizar; yo ya no puedo decir que el pecado, mi pecado, me distancia de Dios, me separa de Dios, yo ya no puedo decir eso.

Claro que el pecado sí es una distancia con Dios, obviamente; pero ¿eso le deja atadas las manos a Dios? No, señor, Dios es más grande que las ataduras del pecado, de modo que esa disculpita se nos tiene que acabar.

"-Pero es que yo he sido un gran pecador, ¿cómo va a tomar Dios mis manos si yo he pecado con estas manos?" "-¿Y con estas manos de los Apóstoles qué había pasado por esas manos? Probablemente todos los pecados, todos los pecados estaban ahí".

"-Mis ojos, yo he ofendido a Dios con mi mirada, ¿qué puede hacer Dios con mis ojos?" "-¿Y con estos ojos que están aquí, ¿qué pudo hacer Dios con esos ojos? "-¿Y cuántos pecados tengo en mis palabras? Yo todas las mentiras que he dicho, las calumnias, las exageraciones, yo he sido más exagerado que todos los hombres juntos".

"-Pues si hay pecado en su boca, en su palabra, eso no significa que Dios no pueda limpiar esa boca, Él no puede limpira esa boca, que Él no pueda utilizarla para Él".

De modo muy claro dice esto San Pablo en su Carta a los Romanos: "Si antes los miembros de su cuerpo fueron herramienta para el pecado, que ahora sean armas de justicia" Carta a los Romanos 6,13.

La manera de darle la gloria a Dios no es poniendo inactivos los miembros de nuestro cuerpo, como quien dice, "sirvieron para el pecado, pero no sirven para Dios"; la manera de darle la gloria a Dios es poniendo a su servicio todo lo que antes le sirvió al pecado, y eso es lo que nos encontramos precisamente en la Sagrada Escritura, eso es lo que vemos.

¿San Pablo con qué ofendió a Dios? Utilizó toda su inteligencia, sus influencias y su palabras para perseguir a la Iglesia, y después de que se convirtió, utilizó toda su inteligencia, todas sus influencias y sus palabras para predicar a Cristo.

Cualquiera que lo hubiera visto, lo hubiera señalado y le hubiera dicho: “-Pedazo de incoherente, ¡cómo se le ocurre! Si usted, con esa misma boca, nos estaba diciendo que persiguiéramos a Cristo”, y Pablo le hubiera respondido "-¡Y qué! ¿Debo callarme entonces? La boca que sirvió para perseguir a Cristo, ¿no va a servir para predicarlo?"

De aquí tenemos que sacar una idea de la redención que es muy distinta de lo que a veces pensamos; porque nosotros somos unos redimidos acomplejados, una cosa que yo no encuentro en la Biblia, ese es un espécimen que no existe en la Biblia, pero que sí existe en la vida nuestra.

Unos redimidos, "sí, Dios me amó intensamente, me salvó; pero yo mejor me quedo por aquí donde nadie se meta conmigo, porque yo he sido una persona que he ofendido mucho a Dios; que nadie me mire, que nadie se fije en mi".

Eso no lo encontramos en la Biblia, lo que encontramos en la Biblia es, que cuanto más vergonzosa haya sido la vida de una persona, cuanto más inicua, cuanto más sucia haya sido la vida de una persona, más esa persona debe tener la preocupación, el amor, el deseo de poner al servicio de Dios todo lo suyo.

Porque nosotros, como he dicho en otra ocasión, nosotros no predicamos, mis hermanos, nosotros no evangelizamos porque seamos buenos, sino porque somos mejorados, porque somos gente redimida, por eso predicamos; nosotros predicamos porque somos gente redimida, porque somos gente salvada.

En esto hay una comparación muy hermosa. Ustedes saben que todo pordiosero, todo limosnero cuando va a pedir esa dádiva, esa limosna, muestra precisamente la enfermedad de su cuerpo, su pierna deforme o su brazo torcido, lo muestra, para mover a compasión a las personas.

El capítulo tercero de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta de un pordiosero que se sentaba a la puerta del templo, la puerta llamada "Hermosa" del templo de Jerusalén, se sentaba este hombre.

Seguramente él, como tantos otros pordioseros, mostraba sus piernas secas, torcidas tullidas, todo el mundo sabía que era un tullido, todo el mundo sabia que él era un tullido y que era tullido desde nacimiento.

Le había mostrado a todos, toda Jerusalén sabia: "Soy un tullido, ¿sí saben todos que soy un tullido? sí, es necesario que lo sepan para que me den limosna". Todo el mundo sabía.

Resulta que un día, como ustedes seguramente lo han leído en la Sagrada Escritura, se encuentra con Pedro y Juan, se les queda mirando esperando una monedita, por el amor de Dios.

Pedro le dice, después de hundir la mirada en él, le dice: “Oro ni plata yo tengo; lo que tengo, te doy. En nombre de Jesucristo, levántate y anda”.

Acontece el milagro, ¿y qué nos dice la Escritura? Que este señor "entró saltando" Hechos de los Apóstoles 3,8, se volvió carismático, y entró saltando y danzando. Eso es lo que le hace falta a la gente que no es carismática, que les pase un milagro, cuando les pasa el milagro, entonces ahí sí aprenden.

Al que no le ha pasado ese milagro, permanece circunspecto, la gente permanece circunspecta. Yo también era circunspecto, yo era de los circusnpectos: yo alabo a Dios en mi corazón. Señor, te alabo y te bendigo, me concentro y de adoro, Señor".

Pero el día que a uno lo sanan “de las bases”, como decía un padre de nuestra comunidad, entonces uno ahí uno ya muestra piernas: "Miren, me sanaron, estoy sanando". Y así era este paralítico, y saltaba, la Biblia dice que "él saltaba", volvía y caía, volvía y se levantaba; le habían echo un milagro.

¿Qué pasó ahí? Que todo el mundo que había visto las piernas tullidas, luego tuvo que ver esas piernas que podían saltar, ¿ve? Y por eso todo el pueblo supo que había pasado el milagro, y por eso se extendió el Evangelio por todo Jerusalén.

Tanto, que llegó a ser motivo de escándalo público, ¿y qué pasó? Pues que apresaron a Pedro y a Juan, lo demás de la historia, ustedes o lo saben o, mejor, lo pueden leer ahí en la Biblia.

Eso es lo que pasa con nosotros: ya todo el mundo le ha visto a uno la miseria, todo el mundo le ha visto las miserias a uno,todo el mundo sabe lo que uno es.

Todo Jerusalén sabe lo que tú eres: se te nota que te falta alegría, se te nota que te falta generosidad, se te nota que te falta amor, se te nota que vives asustado del pecado, del demonio, de la muerte, de la enfermedad, de la vejez, se te nota de que vives acomplejado, que vives asustado, eso ya lo sabe todo el mundo, todo Jerusalén ha visto de que tú eres un tullido.

Lo que ahora tiene que ver todo Jerusalén es que el Señor te ha levantado, que el Señor te ha dado poder, que el Señor te ha robustecido. Y ahí es donde uno entiende qué significa la Renovación Carismática, ahí es donde uno entiende. Claro, si no hay milagros de esos, pues no, todos seguiremos circunspectos.

La circunspección también es bonita; pero yo quisiera ver a un circunspecto de esos sanado de su parálisis, a ver seguía todo circunspecto: "¡Mirá, qué maravilla, ala, ¡qué maravilla! Mirá, puedo caminar!" Te aseguro que monta un baile, que todo el mundo vea que tira paso; organiza un baile, algo hace.

¡Eso es lo que Dios quiere hacer de nosotros! Todo el mundo se ha dado cuenta de quien eres tú. Los que viven con nosotros nos han visto y nos conocen.

Y sobre todo, repito, se han dado cuenta de lo que no tenemos: toda la alegría que no tenemos, todo el amor que no tenemos, toda la fuerza y la vida que no tenemos, quizá saben que somos católicos, quizá lo saben, pero les falta encontrar eso en nosotros.

Y saben que lo han buscado y que no lo han encontrado, eso lo saben. Todo el mundo ha visto que tú eres un tullido, que todo el mundo vea que el Señor te ha sanado, que lo vean, que lo sientan, como este paralítico que saltaba, luego volvía y caía. Así tiene que verse, y eso es lo que hace Cristo en el texto del evangelio que hemos escuchado hoy.

Pero nos falta reflexionar sobre esas instrucciones que les da Cristo a los Apóstoles, instrucciones que en algunas épocas de la Iglesia hay gente que las ha tomado al pie de la letra: "Un bastón y nada más" San Marcos 6,8, no tengo yo el bastón.

Que no llevaran pan ni alforja ni dinero suelto, sandalias sí; pero túnica de repuesto, no,San Marcos 6,8-9.¿Por qué esas instrucciones? Es nuestra pregunta. Y luego otra pregunta; ¿qué validez tienen esas instrucciones? ¿Cuál es la mejor manera de evangelizar?

Algunas comunidades se toman esto a pecho y entonces dicen: "Hay que evangelizar asícomo dice ahí, así es como hay que evangelizar. Si ahí dice que uno no puede llevar túnica de repuesto, pues no llevo túnica de repuesto; si ahí dice que no lleve pan ni alforja, no llevo pan ni alforja".

Ha habido comunidades así, precisamente cuando fue fundada nuestra comunidad, la Orden Dominicana, estaba en furor ese estilo que tiene un nombre, eso se llama evangelismo, el evangelismo es la interpretación inmediata y literal de la Palabra superando todo tiempo y todo espacio: "Si ahí dice yo lo hago, punto".

El evangelismo tiene muchas cualidades, tiene mucha fuerza, pero también tiene muchas limitaciones, el evangelismo se llama. Resulta que ha habido gente que ha practicado ese evangelismo evangelismo en la Iglesia, y entonces ha organizado misiones de esa manera, y no contentos con esto, han tratado de vivir eso así.

Aquí, por ejemplo en nuestra patria, ha habido grupos así un poco radicales en eso de la pobreza, digamos, grupos radicales, unos más que otros. Hay unos que son pobres, pobres, pobres, pero tienen imprenta, tienen Internet, tienen computadores, para la evangelización, pero ahí los tienen.

Otros, vendieron el computador también, cancelaron la cuenta, no publican nada, se quitaron los zapatos, son descalzos, hay frailes así en nuestro país, frailes de pie al suelo, y andan así por todas partes en una pobreza que impacta.

Las preguntas son: ¿por qué esas instrucciones? y: ¿que validez tienen esas instrucciones hoy o en otros tiempos? Esas son las preguntas que hacemos en este momento.

Resulta que, con respecto a lo primero, esas instrucciones ¿qué indicaban? Una dependencia absoluta de la Providencia de Dios, y una dependencia absoluta de la palabra de Cristo, y una independencia absoluta de la gente a la que iban a predicar.

Fíjate, la idea es: depender completamente de la Providencia de Dios y del mensaje que se predica, y, no depender de ninguna manera de la gente a la que se le predica, no depender de ellos y sí depender completamente de Dios, así interpreto yo estas instrucciones.

La esencia del mandato de Jesucristo está en eso, aprender aprender completamente de la Providencia de Dios, y aprender a no depender de la gente a la que hablamos.

Yo creo que ese núcleo conserva su valor en todos los tiempos, yo creo que un evangelizador tiene que aprender a depender completamente de los ritmos de Dios, de la Providencia, de Dios, de la manera de Dios, del estilo de Dios; tiene que aprender a depender de Dios, y que son los caminos de Dios por los que él tiene que transitar, no los caminos que a él le interesa.

En los Hechos de los Apóstoles nos encontramos con eso precisamente. En los Hechos de los Apóstoles nos encontramos con que más de una vez se dice: "El Espíritu Santo nos prohibió entrar en tal parte y nos condujo a tal otra parte", así escribe Lucas en los Hechos de los Apóstoles.

Un evangelizador puede que tenga sus ideas, sus planes, sus anhelos, pero tiene que tener una disponibilidad absoluta a la voluntad de Dios, a la Providencia de Dios, desde las cosas más sencillas, como son el alimento y el vestido, hasta las cosas más grandes, como es a dónde vamos a ir y a quiénes le vamos a hablar, eso tiene validez en todos los tiempos.

También tiene validez en todos los tiempos, el que una persona que es así, pobre, y que permanece pobre, no se amarra a ninguna persona, porque recibir favores no amarra, lo que amarra es acumular favores, es decir, lo que uno acumula de los favores que recibe, y eso sí que es una realidad en la historia de la Iglesia.

Fíjese que nosotros, nosotros refiriéndome a las comunidades religiosas, hemos perdido mucha libertad y mucho impulso cuando ya nos hemos sentido en deuda con la gente, en deuda con el país, en deuda con la sociedad, ¿en qué sentido? En el sentido de que ya las personas tienen expectativas determinadas sobre lo que tendríamos que hacer o decir.

Santo Domingo de Guzmán pertenece a esa etapa maravillosa del evangelismo del siglo XIII, Santo Domingo de Guzmán, nuestro Fundador, pensó verdaderamente en una comunidad que permaneciera siempre libre, algo así como una comunidad que estuviera en una especie de tienda de campaña, como los nómadas del desierto.

Y que tuviera, por lo tanto, oportunidad de irse en cualquier momento, cargar con todo e irse; es decir, que fuera independiente de la gente.

Esta actitud pobre, esta actitud mendicante está indicando en el fondo eso, que recibo lo que necesito para comer, pero como no acumulo nada, nunca te podré pagar nada; si yo no acumulo nada, nunca te puedo pagar nada.

Esa es la libertad del mendicante, y como tú sabes que nunca te puedo pagar nada, de mí no esperes nada, solamente espera lo que yo te puedo dar, que es la palabra de Cristo y el testimonio sobre Cristo.

¡Qué hermosa es la mendicancia! ¡Qué maravilla! En todas sus formas, pero especialmente en esta forma radical. Es una manera gentil, discreta, pero eficacísima de decirle al resto del mundo: "De mí lo único que puedes esperar es Evangelio, no esperes nada más". ¡Esa es una mararavilla!

Un evangelizador, que alcance eso, es maravilloso, porque depende completamente de Dios, está en manos e la Providencia de Dios, está en el poder del Évangelio que predica, pero no depende de nadie.

¿Y por qué no dependede nadie? Porque nadie puede hacerse expectativas con él, ¿y por qué nadie puede hacerse expectativas con él? Porque como no acumula nada, porque como nunca tiene nada, pues no puede pagar nada, no puede devolver nada, no puede entregar nada, lo único que tiene es el Evangelio de Cristo.

Ese ideal maravilloso de la mendicancia conserva, pues, en su esencia, valor en todos los tiempos de la Iglesia. Pero también hay que ser realistas, ¿en qué sentido? En que muchas veces esa mendicancia, así querida, no se puede practicar con esa radicalidad.

¿Por que no se puede practicar con esa radicalidad? Porque resulta que los Apóstoles tenían a Jesucristo que los había instruido, pero uno necesita instruirse en alguna parte, ¿y en dónde se instruye uno? Ah, entonces se necesitan unos profesores, unas clases, un período de formación institucional, es decir, lo que ofrece un seminario o un convento.

¿Cómo puedo yo actualizar lo que Cristo hace por la Iglesia, ¿Cómo lo puedo actualizar sin eso? No, necesito por lo menos eso.

Y luego, Cristo los mandó a que recorrieran los caminos de ese tiempo, pero si vamos a recorrer los caminos de este tiempo, hoy la gente no está sólo en las veredas y en los campos, hoy hay muchos espacios, existe el espacio físico, pero también existe el ciberespacio, existe el mundo de la cultura, existe el mundode la ciencia, existe el mundo de la filosofía.

y por esos mundos también transita mucha gente, y también ahí tiene que llegar el Evangelio, y para llegar ahí hay que tener cierta cohesión interna, cierta formación.

Por eso yo creo que lo más sensato es: démosle gracias a Dios cuando sucita, cuando renueva ese espíritu de mendicancia radical; démosle gracias a Dios, y cada uno de nosotros, viviéndolo espiritualmente desde su propio campo, piense que allí donde se encuentra está, no para perder la unión con Dios, sino para evangelizar ese lugar.

No nos pongamos a discutir si evangeliza más el que está con los ricos, o con los pobres, con los sabios, con los ignorantes, yo creo que Dios necesita propagar su Evangelio en todas partes.

Lo que tenemos que pedir es que ese espíritu de radical dependencia de Dios y de verdadera independencia de las condiciones de las personas, esté siempre en el corazón de los evangelizadores; y desde luego, que Dios nos haga evangelizadores a nosotros, para que estas palabras recobren su fuerza, su brillo y su belleza también en nosotros.

Amén.,