O043005a
Fecha: 20120201
Título: Nunca creamos que ya conocemos tanto a Cristo que no tenga algo muy importante que ensenarnos.
Original en audio: 4 min. 50 seg.
Durante el tiempo Ordinario, en los días de entre semana, días que litúrgicamente llamamos las "ferias", esos días de entre semana van siendo guiados por la lectura del Evangelio. Nosotros tomamos primero el evangelio de Marcos, y vamos escuchando de una manera secuencial una lectura continua de ese evangelio. Por ejemplo, ya estamos en la semana cuarta de este tiempo Ordinario y estamos oyendo el capítulo sexto de San Marcos, y ahí vamos poco a poco.
Cuando terminemos con la lectura de los principales pasajes de Marcos, pasaremos a San Mateo, vamos a oír aquellos textos que son más propios de Mateo y que no los hemos oído en Marcos; y luego, finalmente, escucharemos a San Lucas.
Las treinta y cuatro semanas del tiempo Ordinario están así distribuidas con esos evangelios: primero Marcos, luego Mateo y luego Lucas. Esta secuencia se repite cada año en los evangelios, ya la primera lectura tiene un ciclo diferente, la primera lectura este año, por ejemplo, empezó con el Primer libro de Samuel, porque este año es un año par; los años impares se empieza leyendo la Carta a los Hebreos. Eso es la primera lectura; pero, repito, en lo evangelios siempre llevamos esta secuencia especial que va de Marcos a Mateo y luego a Lucas.
O sea que quienes tenemos el privilegio, quienes tenemos la alegría de participar de la Santa Misa cada día, es bueno que sepamos que existe esa secuencia y es bueno que la aprovechemos, porque cuanto más completa y balanceada sea nuestra alimentación espiritual, mejor nutridos vamos a estar, para repeler los ataques del enemigo y también para afianzarnos en nuestros buenos propósitos.
¿Qué nos trae este capítulo sexto de Marcos en el pasaje de hoy? Pues es una demostración de aquel dicho que Jesús repitió más de una vez: "Un profeta no es bien recibido en su tierra" San Lucas 4,24. Estaba Cristo predicando en Nazaret, en su sinagoga, pero parece que la gente de Nazaret sentía que lo conocía demasiado bien. Recordemos que Nazaret era en aquella época una aldea relativamente pequeña, no tenemos un censo específico, pero los distintos autores creen que serían si acaso unas cuantas docenas de hogares que allí estaban,por decir algo, unas cuarenta casas.
Además, estas casas, en su mayoría, habían sido hechas de modo muy primitivo, excavando en la roca, es una una roca de tipo sedimentoso y no es demasiado difícil de excavar, pero eso forma especies de cuevas, es un modo de vivienda bastante incómodo, bastante primitivo,lo cual significa que la gente pasaba la mayor parte de su tiempo afuera; la casa es sobre todo, o era sobre todo para comer algo, por ejemplo, o para descansar. Pero en general la gente está fuera de casa.
¿Y esto qué quiere decir? Que Jesús, siendo quien era, seguramente creció, más bien, junto con otros niños y niñas, ahí, a la vista de todos, en distintos hogares, en la calle diríamos. Ese modo de eser tan humilde de Cristo, esa manera de mezclarse, como de formar una familia, por eso hablan de los hermanos y las hermanas de Jesús, esa manera de formar una familia sirvió, sin embargo, para que lo despreciaran.
Nunca creamos que ya conocemos tanto a Cristo que no tenga algo muy importante que enseñarnos.