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De Wiki de FrayNelson
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Hay dos palabras que llaman la atención en el evangelio de hoy, tomado del capítulo cuarto de San Marcos. La palabra “importa” y la palabra “cobardes”. La primera palabra se encuentra en una frase que los discípulos en pánico le disparan a Cristo para despertarlo:” No te importa que nos hundamos?” (Mr 4,38). Y digo que esa palabra es bien importante porque creemos que es la palabra que muchas personas quisieran decirle a Dios: “¿No te importa lo que me está pasando?” “Estoy muy enfermo, ¿No te importa que esté enfermo?”, “me he quedado sin trabajo, hay injusticias que se cometen contra mí, estoy siendo discriminado por pobre o por extranjero”; esa palabra describe, o por lo menos nos pone en la ruta de describir el drama que muchísima gente vive, y que todo ser humano en algún momento padece. Es la gran pregunta: “¿A Dios le importa lo que a mí me acontezca?”. De hecho es la pregunta que también marca la diferencia entre ciertas formas, ciertas filosofías y la fe cristiana. Por ejemplo la escuela filosófica llamada estoica a la que pertenecieron hombres indudablemente muy destacados, como Séneca o como el emperador Marco Aurelio, esos filósofos estoicos, tenían la idea de que había un orden en el cosmos, un orden en la naturaleza, y que ese orden podía ser descubierto por nuestra inteligencia, a ese orden a esa racionalidad última del mundo ellos la llamaban “logos”. Hay una palabra fundamental, ley fundamental, en eso se parecen a nosotros, porque nosotros incluso utilizamos la palabra “logos”, la palabra “Verbum” para referirnos a esa racionalidad última del universo, como dice hermosamente el prefacio de la solemnidad de Cristo Rey: “en Cristo que es la Palabra del Padre, encuentra su razón de ser todas las cosas”. O sea que lo mismo que los estoicos, también nosotros creemos que hay un logos ultimo y logos que marca la racionalidad, la posibilidad de comprender la historia humana y la naturaleza misma, pero la gran diferencia es que para nosotros ese logos, no es una especie de ley inexorable, impersonal, distante, ajena si no que ese logos es el que se ha hecho carne en las entrañas de María, la Palabra se hizo carne, ósea que nosotros creemos en un Dios al que nosotros le importamos, somos importantes para Él, y lo sabemos fundamentalmente en la persona de Cristo y sobre todo en su sacrificio, en el sacrificio de su sangre, ahí lo conocemos.

La otra palabra, es la palabra “cobardes”, dice Jesús a sus discípulos: “¿Por qué están con tanto miedo? ¿Cómo no tienen fe?” (Mc 4,39). Nos llama la atención, el regaño de Cristo, porque nos cae a nosotros, cuando estamos en situaciones tan terribles, como la que estaban pasando ahí esos apóstoles, en medio de ese mar embravecido, pues realmente lo que podemos sentir es que es trágico y es el final de nuestras vidas, ¿realmente se puede hablar de cobardía ahí? Pues resulta que si se puede hablar de cobardía y la razón por la que se puede hablar de cobardía es porque el que sabe que está en Dios, sabe que ni siquiera la muerte es verdadera tragedia, yo sé que eso suena absolutamente exagerado, yo sé que eso suena mucho más allá del alcance de nuestra mente, pero es la pura realidad, si somos de verdad cristianos, es decir también nuestra muerte, se inscribe dentro del conjunto de las providencias del amor de Dios para nosotros, también nuestra muerte, también eso tiene que ver con el plan de Dios en nuestra vida, y por eso si Cristo quiere que nosotros no seamos cobardes, es fundamentalmente para que entendamos que no importa cuales sean los peligros que nos estén asechando, no importa que esté sucediendo en nuestra vida, si estamos con Dios, eso que nos está sucediendo, tiene sentido es parte del logos de Dios, finalmente llegaremos a descubrir para qué sucede y mientras llegamos a ese descubrimiento, no dejemos que el pánico nos gobierne, no dejemos que la tristeza nos arrastre, no dejemos que la desesperación nos hunda, no lo permitamos, porque sabemos que estamos junto Aquel que de verdad nos ama y ahí es donde está nuestra victoria,

Así que dos palabras que se responden la una a la otra, nosotros le preguntamos a Dios: “¿De verdad te importa lo que a mí me pasa? Y Dios nos responde: “No te dejes asustar por nada, aquí estoy y estaré contigo”. Y dice el capítulo 28 de San Mateo: “Todos los días, hasta el fin del mundo”.