O026001a
Fecha: 19960120
Título: Contemplando la soledad de Jesucristo
Original en audio: 2 min. 52 seg.
"No estaba en sus cabales" San Marcos 3,21, decían los parientes. Venían a protegerlo y sin embargo se sentaba tantísima gente a su alrededor.
Esta brevísima lectura del evangelio de Marcos, pertenece a ese itinerario que este Evangelista hace con Jesucristo, un itinerario que va hacia la soledad.
Alcanzará su culminación cuando en el relato de la Pasión se hable de aquel muchacho, -algunos aventuran que es el mismo Evangelista-, quien huyendo, dejó la capa de la ropa en manos de los que lo agarraron y se fue desnudo o medio desnudo en medio de la noche, allá, en Getsemaní. Comenta el mismo Evangelista: "Y Jesús se quedó solo" San Marcos 14,50.
Está solo Jesucristo aquí, porque sus parientes ya no creen en Él. Y se irá quedando solo Jesucristo, porque esos nuevos parientes que son los que escuchan la Palabra de Dios, la cumplen y que tenían que ser en primer lugar los Apóstoles, desfallecen en el camino y no pueden ser verdaderamente amigos con Él.
Se trata entonces de una invitación a contemplar la soledad de Jesucristo, a entender que su misterio nos sobrepasa, a entender que también nosotros lo dejamos solo muchas veces, y además, a saber que el verdadero Cristo siempre tendrá alguna locura para proponernos.
Si todo lo que nos propone Cristo nos parece demasiado razonable, probablemente no nos hemos encontrado todavía con Él. Pero, cuando Él nos dice: "Bueno, ahora que somos amigos, hazme el favor de perdonar a tu enemigo", y uno responde: "Estás loco", en ese momento ése sí es Cristo.
O cuando Cristo dice: "-Ahora que todo te sale bien, haz penitencia". "-Señor, estás loco; este no es el momento", ése es Cristo.
O en el instante en el que Él en lo profundo de la tristeza o de la depresión te pide: "Bueno, ahora vamos a bendecir a nuestro Dios", y tú le dices: "Estás loco", ése es Jesucristo.
Que su Espíritu que puede parecer locura ante los ojos del mundo pero que cuida la locura del mundo, que su Espíritu transforme nuestro ser en oración, y nos haga por fin cristianos.
Amén.