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La Biblia nos ha dejado un retrato bastante amplio y bastante completo del rey David, en sus aspectos más nobles, y dignos de imitación y también en algunas escenas des obligantes que por supuesto han de seguir de escarmiento para nosotros, la Biblia es sumamente honesta, al hacer la presentación de cualquier personaje, así por ejemplo, cuando se trata de San Pablo, no oculta que en su momento fue perseguidor de los cristianos, cuando se trata de Pedro no esconde el hecho de que él puso a Dios como testigo de una mentira para tratar de salvar su propio pellejo, cuando llegó la hora la Pasión Pedro negó a Cristo varias veces, y así sucesivamente.
Es decir que una de las bendiciones que trae la Biblia es que nos acostumbre el corazón y los oídos a un rito de lo verdadero, a no decirnos mentiras, y a encontrar como en medio de esa miseria nuestra, también Dios sabe escribir palabras de misericordia. Siendo así las cosas, es bueno recordar que en el primer libro de Samuel capítulo 24 y también en otros pasajes asoma uno de los rasgos más típicos, más característicos del rey David, una característica que es tan suya que realmente me cuesta trabajo recordar otro ejemplo por lo menos tan elocuente, la historia es que Saúl, que era el rey en funciones en ese momento, odiaba y detestaba a David, por quien tenía una gran envidia y Saúl no se quedaba solamente en sentimientos, s no que había organizado todo un operativo con las fuerzas del Estado diríamos hoy para perseguir y capturar y seguramente para ejecutar a David, hasta ese nivel estaban las cosas y en esas circunstancias, aparece la escena de hoy, una escena en la que vemos que David tiene todo servido como se suele decir en bandeja de plata, y David tiene la oportunidad perfecta para vengarse de Saúl, pero David no hizo eso, y este es el rasgo característico que teniendo la ocasión de destruir a su enemigo no lo hace y la única razón por la que no lo destruyó es porque David dijo que Saúl es un ungido de Dios, ese respeto que corresponde a lo que llamamos el Santo temor ese respeto de David hacia Saúl, no porque Saúl mereciera ese respeto como persona, no porque Saúl hubiera tratado bien a David, fue solo porque Saúl es un ungido de Dios y David creía en la unción de Dios, ese respeto entra dentro de un Don del Espíritu Santo, que es el don del Temor de Dios, es propio del don del Temor de Dios el saber que finalmente si Dios ha concedido su don y su unción a una persona, nosotros no podemos destruir a esa persona sin meternos con los intereses de Dios, por eso también dice un Salmo: “Por ellos castigue a reyes, no toquéis a mis ungidos”. (Sal 105,15).
Pidamos al Señor entonces, como enseñanza, como aplicación de este pasaje, pidamos al Señor que nos del santo Temor de Dios, que nos de esa hermosa capacidad de descubrir que los seres humanos no nos podemos mirar simplemente como enemigos nuestros, en todos particularmente en los bautizados, aún más en los que han recibido la unción sacerdotal, hay un don de Dios, hay un don permanente que imprime carácter, habrá maneras de buscar la corrección fraterna, frente a aquella persona, frente a aquel ungido, frente a aquel sacerdote por ejemplo, que con su enseñanza o con su vida nos desorienta, habrá manera de hacer las cosas, pero lo que no es permitido, es que nosotros pretendamos tomarnos la justicia por nuestra propia mano, porque eso significa desatender la fuerza de la Unción que Dios le ha otorgado a esa persona, es un ejemplo muy noble, muy espiritual y muy alto que nos regala el rey David en el pasaje de hoy.