O025001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19960119

Título: Que solamente la uncion de Dios reine en nosotros para encontrar verdadera paz

Original en audio: 9 min. 3 seg.


Hoy vemos a David que reconoce a Saúl como rey, a pesar de que Saúl perseguía por envidia, por celos a David, a pesar de que Saúl busca la muerte de David, y a pesar de que David sabe muy bien matar.

Y así lo confesará. Cuando se despida de Salomón, su hijo, le dirá éso: "Yo he derramado mucha sangre" 1 Crónicas 22,8.

A pesar de que David sabe muy bien matar, esta vez no ha levantado su mano contra Saúl. ¡Y son enemigos! ¡Y David sabe matar!

Pero, en esta ocasión no ha causado la muerte de su enemigo. No la ha causado por una sóla razón: por respeto a la unción de Dios. Es decir, David, por encima de las diferencias personales, por encima de la enemistad que le está saliendo tan cara, por encima del odio recibido, reconoce la unción de Dios.

Por respeto a esta unción, se sigue reconociendo vasallo y continúa llamando "padre" 1 Samuel 24,11 a Saúl. Lo interesante es que cuando David reconoce a Saúl, así, como rey, en virtud de la unción, Saúl tiene que reconocer también que el reino será de David.

En el momento en el que David deja el juicio a Dios, Saúl reconoce que ha recibido el favor más grande, agradece a David, y admite que el reino será de David.

Desafortunadamente para Saúl, estos buenos propósitos no le duraron demasiado. El corazón de Saúl se vuelve voluble, oscuro: en un momento está en calma y al poco tiempo está en tormenta; pasa rápidamente de la depresión a la euforia, de la paz a la animadversión, del odio a la tranquilidad.

Y aquí tenemos dos modelos. David aparece como aquel hombre que quiere guiarse por el Espíritu de Dios, que quiere guiarse por la unción del Señor. Y si va a ser rey, es por respeto a esa unción que él reconoce, incluso en su enemigo.

Saúl es también un ungido de Dios, pero por decirlo de alguna forma, Saúl es una especie de ungido a medias. Y por eso, es un loco. La vida de Saúl acaba como la vida de un orate.

Y ése puede ser de Dios a medias. Porque, uno se chifla, uno se enloquece. Porque, el tamaño de los amores y de los favores de Dios nos deja desarmados.

Puede que haga incluso brotar lágrimas de gratitud en nuestros ojos como hoy en los ojos de Saúl, y en un momento así diremos: "Señor, sólo tú eres mi Señor". Pero, luego, cuando esos favores no sean tan evidentes, muy fácilmente pasaremos al otro extremo, nos olvidaremos de Dios y obraremos en su contra.

La enseñanza para nosotros, entonces, es, o mejor dicho, son varias. Aquí se cumple, desde luego, aquel principio evangélico: "El que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado" San Lucas 14,11.

Aquí se cumple también aquel principio paulino: "No toméis la justicia por vuestra mano; dejad que obre el Señor" Carta a los Romanos 12,19.

Pero, sobre todo, aquí se cumple aquello de que: "Sed santos como yo soy santo" Levítico 11,44;Levítico 11,45, y aquello de: "Que vuestro corazón sea todo para el Señor, como lo es hoy" Deuteronomio 4,39, que leemos en el libro del Deuteronomio.

Si el corazón no está del todo en Dios, esas ráfagas de Dios lo que van a ocasionar en nuestra vida es inestabilidad, la sensación a veces de que nos da demasiado y de que no podemos agradecerle, y la sensación otras veces de que nos exige demasiado y de que no podemos responderle.

En esa doble sensación, esa alternancia de que es demasiado bueno y nosotros demasiado malos, pero luego, que es demasiado exigente y nosotros demasiado débiles, esa alternancia de exigencias termina por desquiciar la mente, termina por hacerle sentir a uno, que uno es demasiado ingrato y que uno es demasiado impotente.

Esto produce amargura en el corazón, esto produce desesperación en el alma, esto produce finalmente el buscar otros poderes sobrehumanos que nos auxilien contra Dios.

Lamentablemente, ése será el desenlace en la vida de Saúl. Saúl terminará desobedeciendo descaradamente a Dios, para buscar a una espiritista, a una médium o medio que le invoque a Samuel, porque necesita por lo menos ese poder: la vida se le ha vuelto intolerable.

Que el ejemplo de David nos haga recordar que sólo la unción de Dios puede reinar en nosotros y nos invite a ser totalmente de Él, porque sólo así encontramos verdadera paz.

Por favor, nadie apueste a ser de Dios a su arbitrio. Todo para Él: esto significa, toda nuestra inteligencia, todo nuestro pasado, todos nuestros proyectos, todos nuestros miedos, toda nuestra imaginación, todos nuestros afectos.

No nos quedemos guardando pedacitos de afectos, pedacitos de recuerdos, unas tres recriminaciones que tengo ahí que no se las he entregado a Dios, unos dos remordimientos que los tengo ahí en remojo para el año entrante.

No hagan esos experimentos, por favor, porque sale demasiado caro para la mente, porque sale demasiado pesado para el corazón.

De todo éso nos libre Dios y por la gracia de su Espíritu nos una a su Reino prefigurado en David, realizado en Jesucristo.

Amén.