O014002a
Fecha: 19980115
Título: Una relacion viva con Dios, le abre la puerta a su obra
Original en audio: 16 min. 10 seg.
Este episodio del arca de la alianza en medio de los ejércitos israelitas, es uno de los primeros ejemplos, tal vez el primero de todos, de cómo Dios no soporta ser tratado supersticiosamente.
Me parece que se puede relacionar este pasaje con la manera como hablaban del templo los judíos en tiempos de Jeremías. "No andéis diciendo", -predica Jeremías-, "es el templo del Señor, es el templo del Señor" Jeremías 7,4. Le parecía imposible a mucha gente, que Jerusalén fuera tomada por Nabucodonosor, porque ahí estaba el templo del Señor.
También les parecía imposible a estos israelitas, que los fueran a vencer los filisteos, si tenían en medio el arca de la alianza.
Pero la segunda derrota que tuvieron, según la narración de hoy, fue peor, mucho peor que la primera, no sólo por haber perdido el arca, sino porque junto con el arca, se perdieron muchas más vidas, treinta mil, -primero habían sido cuatro mil-; junto con el arca y con esas vidas, se perdieron dos sacerdotes, los principales sacerdotes de Siló: Hofní y Finees.
Dios no soporta, Dios no admite ser tratado como un talismán, como un seguro de vida. Eso es volver a Dios una cosa, y Dios no es una cosa, ni una fuerza, ni una energía, ni un seguro como los seguros de vida.
Cuando empezamos a tratar a Dios como un seguro, como un talismán, entonces estamos en el terreno de la magia y no en el terreno de la fe; estamos en el terreno de la superstición y no en el terreno de la alianza; estamos pretendiendo que Dios esté en nuestras manos, y no estamos poniéndonos en las manos de Dios.
Seguramente nosotros diremos: "Bueno, pero esas supersticiones se daban sólo en el Antiguo Testamento, por la continua tentación de idolatría de aquella pobre gente". ¡No! El Nuevo Testamento también nos habla de las falsas seguridades, y son también seguridades religiosas.
Jesús dice: "No todo el que me diga "Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos" San Mateo 7,21. O sea que también el nombre de Dios puede convertirse en una falsa seguridad, así como lo ha sido el templo de Dios, o el arca de la alianza de Dios.
También el nombre de Dios puede ser una falsa seguridad. No es decirle: "Señor, Señor"; hay que hacer la voluntad del Padre. Hacer la voluntad del Padre no es obedecer servilmente, ciegamente, es entrar en la alianza. Es que lo que hay de fondo aquí, parece que es eso. Repito: Dios no quiere ser tratado como una superstición, sino como un Dios vivo. ¡Un Dios vivo!
Todavía hay otro ejemplo en el Nuevo Testamento. Jesús dice, que algunos que tocarán, no podrán entrar al Reino de los Cielos; tocarán a la puerta, pero no pasarán de la puerta. Serán de aquellos que habrán hecho milagros: "En tu Nombre expulsamos demonios" San Mateo 7,22.
¡Sí! Pero no son esas obras maravillosas, no es eso. Ni es tampoco tener las ideas claras: "¡Ah! Yo sí tengo las ideas claras, porque yo soy ortodoxo y claro en mis pensamientos; yo tengo la fe de la Iglesia".
Uno puede tener la fe muy clara y muy muerta. Nos advierte efectivamente la Carta de Santiago, que "la fe sin obras está muerta" Carta de Santiago 2,17; Carta de Santiago 2,26.
Entonces este acontecimiento no es un simple accidente, no es una simple anécdota del pueblo de Israel; es como una especie de, llamémoslo así, ley en nuestro trato o amistad con Dios, una especie de ley.
Claro que uno se queda como despistado, porque dice: "Bueno, si le atiendo a Santiago, no son sólo la fe, sino las obras. Pero resulta que luego miro el Evangelio, y gente que hizo obras, como predicar en su Nombre y expulsar demonios, tampoco".
"¡Ah! Entonces se trata de proclamar al Señor. Pero los que dicen "Señor, Señor", tampoco". Luego, ¿en qué puede apoyarse uno? ¿En qué puede tener uno una cierta seguridad?
Estos pasajes y estas predicaciones, parece que están como para alborotarle los escrúpulos a cualquiera que se sienta tentado de ese mal espiritual. Cualquiera que sea medio nervioso y esté oyendo esto, dirá: "¡No! ¿Ve? ¡Lo que yo dije! ¡Estoy perdido! Lo que yo dije, yo sí lo presentía: estoy perdido. Ya debe estar caliente esa paila que me espera para sofreírme por la eternidad".
¿Será ese el propósito de estas lecturas? ¿Que uno vaya viendo en su imaginación, cómo se calienta por uno y otro lado la paila, por algunos llamada paila mocha? El propósito de estas predicaciones, entonces, ¿cuál es? Porque para acabar de completar las cosas, los israelitas no obraron apresuradamente.
Después de la primera derrota, dice aquí: "Se reunieron; los ancianos de Israel se reunieron y deliberaron: ¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos?" 1 Samuel 4,3. ¿Por qué? Deliberaron.
Pero parece que por ahí empieza a desenredarse la madeja de nuestra inquietud. Tal vez podemos dejar de lado la imagen de la paila mocha, y podemos mirar más bien, en vez de nuestra imaginación, la Palabra de Dios.
Porque todo escrupuloso se la pasa mirando su imaginación: cómo cree él que es y cómo cree que Dios es. Esa es la necedad del escrupuloso: mirar más a sus ideas y a su imaginación, que a lo que Dios le muestra en la Palabra; atender más a sus presentimientos, a los fantasmas de su mente, que a lo que Dios dice.
¿Y qué dice? "Los ancianos deliberaron: ¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos?" 1 Samuel 4,3. En el mismo renglón sigue: "Vamos a Siló a traer el arca de la alianza del Señor" 1 Samuel 4,3.
Si no me engañan mis ojos, aquí dice: "¿Por qué hoy el Señor nos ha hecho sufrir una derrota a manos de los filisteos?" 1 Samuel 4,3; aparece un signo de interrogación. Después hay un pequeño espacio, el espacio que hay entre palabra y palabra, y sigue: "Vamos a Siló a traer el arca de la alianza del Señor" 1 Samuel 4,3. O sea que ellos se preguntaron, y ellos se respondieron.
Ellos deliberaron entre ellos. Hablan del Señor, pero no hablan con el Señor. Fíjate: "¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy?" 1 Samuel 4,3; ese "el Señor nos ha hecho...", si no nos falla la gramática, eso se llama tercera persona. "El Señor nos ha hecho sufrir..."; allá está el Señor.
"El Señor nos ha hecho sufrir una derrota". "¿Por qué?" 1 Samuel 4,3. Pero no responden, no se responden, ni tampoco le buscan una respuesta en Dios, sino que inmediatamente toman una decisión: "Vamos a Siló a traer el arca de la alianza del Señor, para que esté entre nosotros" 1 Samuel 4,3.
Ellos se preguntaron y ellos se respondieron. Hablaron del Señor, pero no hablaron con el Señor. No tenían una relación viva con Dios. En una relación viva con Dios, el corazón se humilla, habla y calla, atiende y confía, escucha y obedece. Una relación viva con Dios, una realidad llena de luz, es una realidad en la que Dios obra.
Dice el himno de laudes en el breviario latino, el himno de laudes para el miércoles de la primera semana en una de sus estrofas: "Nec teste quisquam potest lumine constanter peccare", -algunas palabras cambian en su orden, pero ésas son-: "No se puede pecar de continuo ante la luz".
La luz disipa el pecado. "Caminar como hijos de la luz" Carta a los Efesios 5,8, nos pide San Pablo .
¡Una relación viva con Dios! ¿Qué es una relación viva con Dios? Damos tres sugerencias. Primera, deje de imaginarse a Dios. Ejemplos de imaginaciones de Dios: "Dios debe estar bravo conmigo". "¿Mandó decir quién?" "No, yo que sé; yo sé". "¡Ah! El profeta o la profetisa sabe que Dios está bravo con usted". "¿Por qué en vez de imaginarse la rabia de Dios, no averigua si eso es así?"
Claro que hay imaginaciones de todo género. Esta gente se imaginó, que con el arca de la alianza iban a entrar en batalla y que Dios les tenía que dar automáticamente la victoria. Dios puede ser todo lo que tú quieras, pero Dios no es automático. Dios no cabe dentro de tu cabeza.
El que dice: "No, Dios es misericordioso, Dios es amor. Por consiguiente, si el amor es puro, lo demás no importa. Conclusión: cambiemos de parejas, forniquemos, gocemos la vida, porque Dios es amor".
Hay gente que ha predicado así, hay sectas que han obrado así. Se imaginan a Dios, tienen un Dios automático. "Puesto que Dios es amor, Dios tiene que aprobarnos este comportamiento". Es un Dios automático, y Dios no es automático.
Pero en el otro extremo, la gente miedosa y escrupulosa también tiene un Dios automático. "Dios es justo, yo no tengo nada de justicia. Garrote es lo que me viene, y ya por ahí suena, por ahí viene". Dios es automático para el libertino y para el escrupuloso, y resulta que Dios no es así.
"Ah, pues si el arca está aquí, nosotros tenemos que vencer". "¡No!¡No se lo imagine! Tómese el tiempo para oírlo a Él".
"Deje de oír sus pensamientos. Sean pensamientos libertinos o pensamientos escrupulosos, deje de oír sus pensamientos". "Es que Dios debe estar..."; "es que yo creo que Dios...".
¿Y por qué no esperar a ver si Dios es así, o no es así?