O012001a
Fecha: 19960109
Título: El poder de gracia de Cristo y el Reino de Dios
Original en audio: [6 min. 20 seg.]
Podemos hacernos una pregunta. Con Samuel se divide la historia entre jueces y monarcas. Samuel abre la historia de la monarquía en Israel, ¿por qué empezar con Samuel? Bueno, ya es una razón que él es un punto y aparte en la historia de Israel, pero ¿por qué precisamente él?
Hay otros momentos en Israel que también son como punto y aparte, la razón es ésta: la predicación fundamental de Nuestro Señor Jesucristo en sus inicios es: "se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios, convertíos y creed la buena noticia" San Marcos 1,15.
Jesús, en el evangelio de Marcos que hemos empezado a escuchar en este Tiempo Ordinario, lo que anuncia fundamentalmente es: "Ha llegado el Reinado de Dios; ahora Dios va a reinar".
Pues bien, eso tiene su correspondencia en el Antiguo Testamento, fundamentalmente con la monarquía y específicamente nuestra atención se va a dirigir, en la primera lectura de la Santa Misa durante estos días, a la llegada, nuestros ojos están buscando la llegada de David.
Porque en el reinado de David, el pueblo de Israel experimentó más cercanamente que nunca, tan cerca como le fue posible, qué significa el Reino de Dios.
De manera que el vínculo entre la Primera Lectura del Libro de Samuel y el texto del Evangelio, es el Reino de Dios, Jesús predica el Reino de Dios al comienzo del evangelio.
Samuel, de una manera polémica y de una manera difícil, a veces casi en contra de su propia voluntad, abre la etapa de la monarquía y prepara la llegada de ese rey David.
En el reinado de David tendremos una imagen, la más clara del Antiguo Testamento, sobre qué significa que Dios reine, Reino de Dios, que Dios reine, este es el tema fundamental de estas primeras lecturas, de estas primeras semanas del Tiempo Ordinario; que Dios reine, ese es el mensaje para el cual ha sido bautizado Cristo.
Cristo ha recibido la unción del Espíritu para que ya no reine el pecado, para que ya no reine el mal, para que ya no reine ni el César ni Herodes, para que ahora pueda reinar Dios.
Cristo ha nacido de María Virgen, Cristo ha tenido su preparación, por así decirlo, en la vida oculta. Cristo ha crecido en obediencia a la Palabra de Dios y a sus padres, fundamentalmente, para poder anunciar el verdadero Reino de Dios; ese Reino que, en los Libros de Samuel, aparece prefigurada en el reinado de David.
De modo que el paralelo no es evidente. Si a uno no le cuentan esto, yo creo que no lo ve evidente y patentemente; pero en el fondo, el paralelo que está detrás de estas lecturas es: David y Jesús, el Reinado de Dios presente y prefigurado en el reinado de David, y el Reinado de Dios anunciado y realizado en Cristo, en nuestro Mesías, y Cristo va dando señales de ese Reinado.
Estas son las lecturas que estamos escuchando en estos días, hoy, por ejemplo, aparece una señal muy clara: "Él enseña con autoridad" San Marcos 1,22.
Quisiera terminar diciendo una palabra sobre lo que realiza Cristo aquí, en el Evangelio que hemos escuchado. Se trata de la expulsión de un demonio.
Algunos teólogos y otros predicadores prefieren o no, pronunciarse sobre el asunto del demonio, o reducir todo lo demoníaco a enfermedades mentales y a problemas psiquiátricos de la época del Señor.
Pues hay que decir que los Santos Evangelios distinguen entre lo que es una enfermedad y lo que es una posesión demoníaca, de manera que la presencia del demonio y la capacidad de afectar la vida humana, es parte de la enseñanza de la Iglesia, y así lo han dicho expresamente los Pontífices.
Pero si aparece aquí el demonio en el Evangelio, no es para que nos asustemos, sino es para que reconozcamos en el poder con el que Cristo vence al demonio, un poder que trae, efectivamente, libertad para nosotros; un poder de amor; poder de gracia que está por encima de todo otro poder.
Si se tratara simplemente de una enfermedad psiquiátrica, o de un problema neurológico, Jesús no tenía que haberle dicho: "¡cállate y sal de él!" San Marcos 1,25, Jesús no tenía por qué hacer ese juego.
Si la persona simplemente estaba sugestionada o si se trataba de un problema psiquiátrico, ¿por qué Jesús sigue esa pantomima? poder tenía y gracia de Dios tenía para sanar. Si se trataba de una enfermedad, no tenía por qué haber dicho estas palabras.
Reconozcamos nosotros, junto con las personas que rodeaban al Señor, ese poder de amor, ese poder de gracia de Cristo, y que la enseñanza que Él nos da con autoridad, nos haga discípulos suyos, de modo que Dios reine en nosotros y haga su obra en nosotros.
Amén.