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Fecha: 19980112

Titulo: Cristo, al asumir nuestra carne, asumio tambien nuestra historia

Original en audio: [21 min. 09 seg.]


Queridos Hermanos:

Con la fiesta del Bautismo del Señor, que celebrábamos ayer, termina el tiempo litúrgico de la Navidad, tal vez no habría que llamarlo de Navidad solamente, porque en realidad lo que se celebra ahí es la Encarnación. Y Dios asume la carne no sólo cuándo tiene un cuerpo, sino cuándo toma sobre sí la historia de ese pueblo al que pertenece.

Asumir nuestra carne no fue solamente tener brazos y piernas como nosotros, sino fue entremezclarse, entretejerse con nuestra historia.

Y así, Él se entremezcló, se entretejió con la historia del pueblo de Israel. De este modo Dios estaba cumpliendo las promesas que había hecho a los patriarcas, y de este modo también se preparaba el camino de la salvación, no sólo para el pueblo de los patriarcas, sino para todos los pueblos, también para nosotros.

Ese asumir nuestra carne tiene su culminación, entonces, con la fiesta del Bautismo. Veíamos a Jesús, en la celebración de ayer, haciendo fila con los pecadores, reunido con ellos para recibir agua de arrepentimiento, no porque hubiera pecados en Él, sino porque esa agua del Jordán era también el agua de la Alianza.

En ese Jordán, Josué había hecho o había renovado la Alianza de Moisés, y esas aguas del Jordán eran un testimonio que gritaba culpa a Israel, por eso los israelitas le dan voz a esas aguas y reconocen sus culpas, con lo cual se disponen a renovar la Alianza.

Así pues, cuando Jesucristo va a bautizarse en el Jordán, lo que está haciendo es asumir plenamente la carne de su pueblo, asumiendo plenamente la necesidad de Dios que hay en la historia de los hombres. Y por eso, ese ciclo de la Encarnación termina precisamente con la fiesta del Bautismo del Señor.

Hoy se inicia el tiempo llamado "Ordinario", nombre que como hemos comentado en otras ocasiones, es muy inapropiado, porque lo ordinario suena como de mala calidad, suena como que no tiene nada en especial, es ordinario, este es un tiempo "Ordinario".

En realidad, a lo que alude la palabra, se expresa mejor con el modo como se anuncia en latín: es el Tiempo Durante el Año. Y durante el año, ¿qué es lo que hace la tierra? Darle la vuelta al sol, ¿y qué es lo que hace la Iglesia? Darle las vueltas a Cristo.

Este es el tiempo para darle la vuelta a los misterios de Jesucristo. Puede decirse que la liturgia anual de la Iglesia Católica tiene como dos Ciclos grandes: uno es el Ciclo de la Encarnación, que comprende el Adviento y Navidad, donde celebramos el misterio de amor y de misericordia por el que el Verbo de Dios asume una carne para luego ofrecerla por nosotros.

Y luego hay otro Ciclo, que es el Ciclo de la Pascua, por el cual nosotros nos unimos a Jesucristo para ofrecernos al Padre.

Estos dos Ciclos los podemos apoyar en aquellas palabras que Jesús dice en el evangelio de Juan, "Salí del Padre y vine al mundo, ahora dejo el mundo y voy al Padre" Juan 16,28.

"Salí del Padre y vengo al mundo" Juan 16,28, es el Ciclo de Navidad, es el Ciclo de la Encarnación; "ahora dejo el mundo y voy al Padre" Juan 16,28, es el ciclo de la Pascua.

Sin embargo hay que recordar la expresión de San Pablo que dice: "Cuando Él sube a los cielos ya no sube solo, sube con todos nosotros" Carta a los Efesios 4,8.

Si vino a nuestra Tierra, si se untó de nosotros, si se tejió, se entretejió en nuestra historia, al levantarse, ya no se levanta solo, sino con todo el tejido, con toda la tela, con todo aquello que se le ha unido a Él, y esos somos nosotros, toda la Iglesia.

Entonces en la liturgia de la Iglesia Católica hay esos dos ciclos: el de la Encarnación y el de la Pascua. El Ciclo de la Pascua palabra comprende el Tiempo de Cuaresma y el Tiempo llamado Pascual.

Pero además de esos dos Ciclos, hay muchos otros domingos y mucho otro Tiempo Durante el Año. En todo ese Tiempo Durante el Año, ¿nosotros qué hacemos? Lo mismo que hace la Tierra alrededor del Sol.

La palabra "año" viene de una palabra en latín que significa círculo, o anillo, o vuelta, "annus". Entonces, el tiempo Durante el Año, es mientras le damos la vuelta al Sol.

Pues durante este tiempo nosotros nos vamos a dedicar a recorrer los misterios de Jesucristo, que es nuestro Sol. ¿Y cómo le damos la vuelta a los misterios de Cristo? Pues, fundamentalmente, con el Evangelio.

Entonces, ¿qué es lo que se hace durante el Tiempo llamado Ordinario, o Tiempo Durante el Año? Leer el Evangelio, eso es lo que se hace.

El texto tomado de hoy es, precisamente, el comienzo del evangelio según San Marcos, capítulo primero,versículos del catorce al al veinte.

Leer el Evangelio, meditar el Evangelio. El Evangelio es el camino que la Iglesia recorre dándole la vuelta al misterio de Jesucristo, ¿por qué empieza en el versículo catorce? Porque los primeros trece versículos lo que nos cuentan la predicación de Juan el Bautista y el Bautismo del Señor, que ya dijimos por qué sirve para culminar el Ciclo de la Encarnación.

De modo pues, que lo que vamos a hacer durante el año es darle vueltas al misterio de Jesucristo. Aquí pasa como las mamás con los niños: mira al niño, y mira al niño, y mira al niño, y lo mira por una parte y por otra parte, y no se cansa de mirarlo; le da vueltas.

O como la amada con su amado,como la madre con su hijo, así también la Iglesia le da vueltas a Jesucristo, y lo mira por todos los aspectos, y lo mira en todos sus misterios, y lo escucha en todas sus enseñanzas, y lo alaba en todos sus milagros. Eso es lo que nosotros haremos.

Bueno, eso explica la lectura del Evangelio. Si hacemos propósito de asistir a la Santa Misa, no sólo los domingos, los domingos tienen su propio ritmo, porque es que la liturgia de la Iglesia es muy bonita, y cada elemento de la liturgia tiene su propio ritmo. La iglesia es como esas melodías maravillosas que tienen muchos instrumentos y que tienen muchos ritmos.

Así también es la liturgia. La liturgia tiene ritmos diarios, como Laudes y Vísperas; tiene ritmos semanales, fundamentalmente en los domingos, tienen ritmos anuales, como estos tiempos litúrgicos.

Entonces, ya entendemos por qué en el rítmo anual se lee este evangelio y hacemos un propósito: "Si yo asisto con atención, con provecho, con amor a la Santa Misa todos los días, le voy a dar un recorrido grande a todos los misterios de mi Señor y Salvador Jesucristo".

Y la primera lectura, ¿de dónde sale la primera lectura? Últimamente, tal vez algunos se han dado cuenta, yo procuro comentar estas cosas litúrgicas en la homilía, porque estoy aburrido de ver cómo la gente asiste a la Misa como a ver qué sale: "Ahora, ¡quién sabe qué nos irán a leer!; ¡Ah, mira, Primer libro de Samuel!"

Pero da la impresión de que les hubiera dado lo mismo que fuera la Carta de Santiago, o el libro de Job, o hubiera sido el Apocalipsis.

No. Cada cosa en la liturgia tiene una historia, y en ese sentido, tiene un significado, tiene un por qué. Mira, la liturgia se parece a una casa, y en las casas las cosas tienen su lugar, porque tienen una historia.

Si uno llega, por ejemplo, a la casa de alguien y dice: "-Hola, esta porquería de porcelana ¿qué hace aquí? Quitemos esto, botémoslo", "¡nooo, un momento! usted no sabe que esta fue la porcelana que le regaló el abuelito Manuel a la abuelita Josefa cuando estaban todavía de novios y cuando le propuso matrimonio?"

"-¡Pero si es un mamarracho de porcelana!","-no; aquí no se le quita nada a nadie; sí es un mamarracho de porcelana, pero tiene mucho significado para nosotros"; "-¡y ese cuadro?... "-¡ah! ese cuadro lo conseguimos cuando se hizo la consagración al Sagrado Corazón de Jesús""; "-¡y esas flores?" Así cada cosa.

Entonces, a ver si es que vamos a asistir a la Misa como extraños o como familiares. Nosotros somos familia de Dios. ¿Cómo asistimos nosotros a la liturgia? ¿Como extraños? Porque cuando yo llego a una casa que no conozco, como cuando soy un extraño, ni sé, y probablemente ni me importa, por qué pusieron cada cosa en su sitio.

Pero si es mi casa, si es mi familia, yo tengo que saber por qué ponen las cosas donde las ponen y qué significado tienen y qué historia hay detrás.

Por eso ahí va la segunda propaganda: no sólo asistir a la Santa Misa diariamente, sino buscar con provecho las lecturas.

Yo he podido comprobar que cuando le pasan a uno los años, y uno no le pone cuidado a estas cosas, uno empieza a tener la sensación de que le están leyendo cualquier cosa.

"-La Misa ¿en qué consiste?" "-En que dicen unas oraciones, sacan un libro, leen de alguna parte, repiten lo mismo, consagran, comulgamos y nos vamos".

Con esa idea de Misa uno empieza a sentir que las lecturas se repiten y uno empieza a sentir que siempre se dice lo mismo, y ahí empieza a cogerle a uno el sueño en ese momento, ¿por qué? Porque la repetición causa sueño.

¿Qué hay que hacer para dormir a un niño? Se busca una melodía que se va repitiendo, y así se arrulla. Para arrullar a una persona hay que hacerle repetir lo mismo; se arrulla y se arrulla a la persona hasta que al fin se queda plácidamente dormida.

La persona que no entiende la liturgia está condenada a dormir, bueno, que no es grave condena, después de todo, no es la peor de las condenas. Está condenada a aburrirse, a no entender y a dormir, a eso está condenada.

Con todas estas propagandas, volvamos a nuestro texto. Ya sabemos por qué el Evangelio, aunque no hemos predicado sobre el evangelio sino sobre la liturgia, y ahora queremos saber por qué esa primera lectura.

Resulta que desde el Concilio Vaticano II hubo un propósito muy claro en la Iglesia: "Vamos a leer más Biblia, vamos a escuchar más la Palabra de Dios". Más, en comparación con lo que se escuchaba antes de este Concilio, no quiere decir que antes no se conociera la Biblia, como a veces se dice atropelladamente, injustamente.

y por eso las lecturas del Tiempo Ordinario se dividieron en dos: las primeras lecturas, hay lecturas para el año par, y hay lecturas para el año impar, es decir, hay dos ciclos de lecturas, un ciclo para años impares, y hay otro ciclo para años pares.

En este año que es par, 1998, se empieza por leer el Primer libro de Samuel, todavía no decimos por qué ese libro. Si estuviéramos en año impar, entonces se empezaría por leer la Carta a los Hebreos, en el Tiempo Ordinario, en los años impares, la Carta a los Hebreos. Y en los años pares se empieza por el Priemr libro de Samuel.

¿Por qué eso? ¿Qué introduce el primer libro de Samuel? ¿Quién fue ese Samuel? ¿Qué tendrá de importante ese señor? Resulta que Samuel representa un comienzo dentro de la historia de Israel, y resulta que la Carta a los Hebreos representa también como un comienzo en la meditación sobre Jesucristo.

¿Quién fue ese Samuel? Ahí se nos va a ir contando en las lecturas de estos días. Samuel es un personaje que se encuentra entre los Jueces y los Reyes.

La historia del pueblo de Israel viene con esta secuencia: hay unos patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob; luego viene toda la epopeya del éxodo, Moisés y Josué; después de Josué entran una serie de personajes carismáticos, movidos por el Espíritu de Dios, para liberar al pueblo de las guerrillas, de la oposición, de los problemas con los filisteos, estos son los Jueces.

Pero si miramos unos años después, se dio un gran cambio, apareció una institución que se llama la Monarquía. Aparecieron los Reyes, el primero de los cuales fue Saúl, luego David, en fin.

Estos reyes ocupan una buena porción de la historia de Israel hasta que sucede el acontecimiento terrible del destierro a Babilonia, no se recuperan del destierro, no se recupera la realeza, aunque sí vuelven a su tierra.

Luego tenemos el tiempo de los Macabeos, en que se lucha contra la dominación Helénica, y luego, finalmente, la dominación de los Romanos, el emperador Augusto y el Nacimiento de Cristo.

Samuel es importante porque Samuel fue el que hizo el puente entre los Jueces y los Reyes. Samuel fue el que ungió al primer rey, a Saúl, y Samuel fue contado entre los Jueces.

A Samuel se le llama Juez, el último de los Jueces. Estos Jueces no era que tuvieran juzgados, se les llamaban jueces era porque hacían justicia, porque ponían las cosas en orden, las ponían de acuerdo con el orden querido por Dios.

Entonces Samuel fue uno de estos personajes, a los que llamaban Jueces, es decir, gente que era tomada por el Espíritu de Dios, que tenía palabras proféticas y que tenía como el poder del Señor para poner en orden las cosas; estos eran los Jueces.

Pues Samuel fue uno de estos Jueces, con una característica muy especial, que fue un juez al que le tocó ungir al primer rey.

O sea que sacamos esta conclusión: ¿Por qué se lee, por qué se empieza la lectura del primer libro de Samuel en los años pares? Respuesta: porque Samuel introduce toda una secuencia, que la vamos a seguir en este año, en la primera lectura, que es la secuencia de la realeza, de los Reyes.

Como quien dice, vamos a iniciar dos lecturas: la lectura del evangelio según San Marcos, lo vamos a leer de a sorbitos, y vamos a tomar la lectura de la realeza, la historia de los Reyes de Judá y de Israel.

Entonces ahora sabemos mejor qué es lo que vamos a escuchar en la Santa Misa. Si yo voy a asistir a Misa entre semana, dice uno, -esas se llaman las ferias en la nomenclatura litúrgica-, lo que me voy a encontrar es una lectura a sorbos del evangelio de Marcos, para darle la vuelta a Cristo; y una historia de los Reyes de Israel.

¿Por qué los Reyes? Porque los reyes son una porción muy importante en el Antiguo Testamento; todo lo que pasó con los Reyes y las enseñanzas que vienen de ahí, además, Cristo es Rey, Cristo es el gran descendiente de David.

O sea que la línea de lectura fundamental, por lo menos al principio, la línea de lectura al pricipio del del año par es el libro de los Reyes. Y los reyes y la realeza nos van a ayudar a comprender a Cristo como Rey y como Señor. Bueno, ese es el año par.

Y en el año impar, ¿por qué se empieza con la Carta a los Hebreos? Estoy tentado de decirles: "Asistan a Misa el próximo año y escucharán una predicación sobre por qué la Carta a los Hebreos, pero como no estoy seguro de que nos encontremos otra vez todos, entonces voy a comentar por qué esto.

Resulta que la Carta a los Hebreos se lee en el año impar, haciendo una presentación de Cristo como Sacerdote. Este es el gran tema de la Carta a los Hebreos. O sea que fíjate cuál es la belleza que está en esto: uno empieza a leer el evangelio de Marcos, el evangelio de Marcos siempre que comienza el año, siempre.

Y nos lo van a leer enterito o casi completico; luego leeremos unos pasajes de Mateo, y luego unos pasajes de Lucas.

Los Evangelios se leen casi completos en los días de entre semana en la Santa Misa y esto es así todos los años, pero la primera lectura sí cambia, en los años impares, empezamos haciendo énfasis en Cristo Sacerdote, y en los años pares, hacemos énfasis en Cristo Rey, valiéndonos para esto en las lecturas que nos hablan de los Reyes de Israel.

Bueno, este es el propósito que tiene la Iglesia con estas lecturas: que nosotros le demos la vuelta a Cristo, "que nos saciemos de los bienes de su casa" Salmo 65,5, como dice el salmo, que conozcamos a Cristo como Rey, y a Cristo como Sacerdote.

El mismo Cristo, que obra en el Evangelio como Buen Pastor, nos aparece en las lecturas, en las primeras lecturas de los años pares e impares, como Rey y como Sacerdote.

Entonces, ¿sabe usted qué es lo que vamos a recibir? Grandes dosis de Cristo, dosis de Cristo Rey, Cristo Sacerdote, Cristo Pastor, Cristo Sol de nuestras vidas.

A El honor, alabanza, poder, por los siglos eternos.

Amén.