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El 16 de Julio nuestra Iglesia Católica celebra a Nuestra Señora la Virgen María en la advocación del monte Carmelo.
Es conveniente recordar el ¿Por qué? De esta advocación es importante para el conjunto del pueblo cristiano. El monte Carmelo fue el lugar donde un gran profeta de la antigüedad llamado Elías convocó a todo el pueblo de Dios, básicamente para hacerle una pregunta: “definan y decídanse a quien van a servir”; porque en la época de Elías, había tomado mucha fuerza una forma de idolatría que era el culto a Baal, y entonces Elías llamó a los profetas de Baal que eran muchos y se presentó como único profeta de Yahvé, que de hecho no quedaban más y como único profeta de Yahvé, Elías dijo: “pues vamos a presentar dos ofrendas, una a Baal y otra a Yahvé y vamos a ver cuál es el Dios que responde por el fuego, es decir cuál es el Dios que acepta la ofrenda”; y cuando ofrecieron el sacrificio a Baal pues realmente no hubo ninguna respuesta, pero cuando Elías al final del día ofreció sacrificio a Yahvé, bajó fuego del cielo que consumió la ofrenda (cf. 1Re 18,21-39). Es decir que el monte Carmelo es el monte de la definición, es el monte de la proclamación de la fe en el Dios verdadero. Ya muchos siglos después ya en tiempos cristianos, algunos piadosos ermitaños escogieron esa montaña para habitar e hicieron su monasterio, empezaron a vivir ahí y a santificar con su oración ese lugar, el lugar de la fe verdadera.
Esa relación profunda entre esta montaña y la fe va unida a la tierna devoción que aquellos ermitaños tenían precisamente por la Santísima Virgen María, porque veían en ella aquella que ha permanecido fiel a Dios, bien dice la Escritura por boca de Santa Isabel: “Feliz de ti por haber creído” (Lc 1,45). María es quien ha conservado intacta la fe, así como es virgen su cuerpo, así también es virgen su corazón y ha permanecido solamente para Dios, por esa razón con gran devoción aquellos ermitaños empezaron a celebrar la grandeza de la fe de María, en esa montaña. Es de ahí de donde surge la devoción que luego acompañaría a los peregrinos que iban a la Tierra Santa, para llegar a Tierra Santa se hacía por barco y al devolverse a sus tierras sabían que tenían que afrontar la braveza de ese mar Mediterráneo; hemos conocido algo de la dificultad de atravesar el Mediterráneo, tristemente por aquellas personas que han naufragado en esas aguas. Entonces estos navegantes se encomendaban a esa advocación de la Virgen, se encomendaban a María la del Monte Carmelo y por eso fueron los navegantes los que empezaron a difundir la devoción a la Virgen del Carmen como la conocemos hoy en tanto sitios de Europa, por ese mismo camino la devoción a la Virgen llegó después a muchos otros lugares se convirtió así ella en patrona de los peregrinos y caminantes, transportadores y como suele suceder quien no necesita de esa protección si es que el fondo todos somos peregrinos, si es que en el fondo como decía San Juan de la Cruz: “Todos tenemos que ascender al monte Carmelo para encontrarnos con el amor verdadero”.
Que el amor a María Santísima, que la devoción a ésta la que conservó la fe verdadera preserve al pueblo de Dios hoy y siempre. Amen.