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Fecha: 20091017
Título: Hagamos que el Santo Rosario sea vida en nuestros hogares
Original en audio: 17 min. 5 seg.
Hermanos Queridos:
El mes de octubre tiene el color y el perfume del Santo Rosario, la razón está por supuesto en la fiesta del día 7.
Los musulmanes querían invadir a Europa entera y fue a través del Rosario y fue con la protección de la Santísima Virgen como se logró esa victoria, la batalla de Lepanto, la misma batalla en la cual el gran escritor español, Miguel de Cervantes Saavedra, quedó herido, quedó manco, por eso se le llama a el “el manco de Lepanto”.
Entonces el Papa, después de esa victoria, dijo que la Virgen era “Nuestra Señora de la Victorias” y que a través de Ella podíamos lograr la victoria, incluso en circunstancias muy difíciles.
Como esa batalla sucedió un 7 de octubre, él quiso que hubiera una fiesta que se llamara “Nuestra Señora de las Victorias” para que se celebrarse cada 7 de octubre; después se le cambió el nombre a esa celebración y se llamó "la fiesta de Nuestra Señora del Rosario", ese es el origen de esta fiesta.
Y ese instrumento maravilloso de oración y de evangelización que es el Rosario, nos ha acompañado durante todo este tiempo aquí en nuestra América. Los misioneros que llegaron a toda esa zona, llevaban el santo Rosario; a través del Rosario, ellos, podemos decir, infundieron los principios de la vida cristiana y el conocimiento del Evangelio de Jesús en muchos, muchos lugares.
Nuestros campos, nuestras ciudades, nuestras veredas, recibieron muy pronto ese beneficio del Evangelio a través de la propagación del Santo Rosario.
Mi propia comunidad, nosotros los Dominicos tuvimos una parte quizás importante en esa propagación del Rosario; en lugares como Eccehomo, que corresponde al municipio de Sutamarchán, entiendo yo, y en muchos otros había conventos misioneros.
Los frailes en número de veinte o de treinta vivían ahí y salían, de a dos o de a tres, salían a los distintos campos para impregnar los corazones con la fe, conquistarlos para Cristo, enseñar las virtudes, fortalecer siempre más el vínculo familiar.
Y mire usted, que en esos lugares donde se ha conservado el amor del Santo Rosario, la familia permanece, es una estructura firme en la sociedad, por eso existe ese dicho: “La familia que reza unida permanece unida”.
Allí donde el Rosario se ha predicado, allí donde se recibe con amor a la Santísima Virgen, allí donde se recibe también su corazón, que está lleno de la presencia de Jesucristo, porque María meditaba todo lo de Cristo en su corazón, Allí donde se recibe a María, ahí la familia permanece unida.
Por eso, mi primera invitación para ustedes, y para todos los que escuchen estas palabras es: hagamos vida el Rosario en nuestros hogares, obsérvese la expresión que utilizo: hagamos que el Rosario sea vida en nuestros hogares.
El Rosario no puede ser una devoción muerta, el Rosario no es tratar con un muerto o con algo muerto, el Rosario es el mensaje de la vida, porque el Rosario es una oración tomada completamente de la Biblia; hay gente que dice que el Rosario es solamente una repetición, yo creo que no han entendido cual es la riqueza de esta práctica tan maravillosa.
Lo hermoso que tiene el Rosario es que va desplegando ante nuestros ojos la hermosura, y la fuerza, y el poder de Jesucristo. Lo que va apareciendo en cada uno de los misterios es como una película que nos está mostrando todas las dimensiones del amor de Jesucristo.
Y no solamente lo muestra en la vida de Él, sino que muestra cuál es el efecto, cuál es el fruto, cuál es el impacto que trae el Evangelio en la vida de una persona.
Por eso en el Rosario tenemos también esos misterios como la Asunción de la Virgen, o como su Coronación, que no son otra cosa sino una manera de decirnos todo lo que el Evangelio hace en los corazones que lo reciben.
Esos dos misterios en especial: la Asunción de la Virgen y su Coronación, que son los dos últimos Misterios Gloriosos, nos muestran esa belleza: cómo Dios nos ha dado en Jesucristo todo lo que es necesario para conocerlo a Él, para servirlo y para vivir como verdaderos hermanos.
Entonces, en la vida de la Virgen y en la persona de la Virgen María, lo que nosotros estamos mirando es el resultado maravilloso, el fruto precioso del Evangelio de Cristo. En realidad mis hermanos, todos los santos, pero sobre todo María, todos los santos son eso, son como páginas del Evangelio, páginas que nos muestran cómo se le vuelve a uno la vida cuando uno acepta a Jesucristo.
No debemos jamás separar a los santos de Jesús, jamás debemos separar la hermosura que hay en los ojos de ellos, ese brillo sobrenatural, esa pureza, esa alegría, todas esas virtudes que hay en ellos, jamás debemos separarlas de la fuente de donde ellos la tomaron, y esa fuente fue Nuestro Señor Jesucristo.
Entonces, cuando nosotros, por ejemplo miramos estas imágenes, unas más pequeñas, otras más grandes, unas más artísticas, otras menos; cuando miramos las imágenes, lo que a nosotros nos interesa es cómo Cristo volvió de hermosa a esa persona, cómo Cristo se adueñó de ese corazón, cómo Cristo se convirtió en la fuerza de los fuertes, la belleza de los que tienen este don de la gracia de Dios.
Por eso, yo los invito a que nosotros miremos el Rosario como una excursión, como un camino que hacemos por la obra de la gracia de Cristo.
En el Rosario solamente Cristo, solamente Él es el que reina, es el que sobresale y es el que tiene que aparecer. Cristo, que con su vida, con su muerte y con su resurrección ha aplastado a nuestros enemigos, que son la muerte, el absurdo, la nada, el pecado, Satanás, todos estos enemigos han sido vencidos y aplastados por Cristo.
Eso nos lo muestra el Rosario, pero también nos muestra cómo esa obra no es una fantasía de nuestra imaginación, sino que personas reales y concretas, personas humanas como nosotros, han vivido ese misterio, han vivido ese amor, han vivido esa gracia.
Entonces quedémonos por ahora con esas tres enseñanzas. primera: que el Rosario sea vida en nuestros hogares, ¿para eso qué se necesita? Que lo recemos juntos, pero despacio, con devoción y poniéndole atención a los misterios, lo que vamos mirando, como quien mira una película hermosa que nos cuenta toda la gracia de Dios. Esa es la primera enseñanza.
Segunda enseñanza: en el Rosario, el gran Protagonista es Jesucristo; Él, que ha vencido a nuestros enemigos; Él, que nos ha reconciliado con Dios; y Él, que es el centro del Evangelio, prácticamente todos los misterios nos hablan de Él, nos hablan de Cristo.
¿Y la tercera enseñanza cuál es? Que todo lo bonito, todo lo agradable, todo lo admirable que vemos en los santos y especialmente en María, es simplemente la muestra del Jardinero; María es como una flor, pero cuando vemos una flor muy hermosa en el jardín felicitamos al jardinero, que supo sembrarla, que supo cuidarla, que supo defenderla.
Esa es María. María es como esa flor bellísima, pero los aplausos se los tiene que llevar Jesucristo, porque fue Jesús el que sembró en Ella toda virtud, fue la gracia de Jesús la que floreció en Ella hasta hacerla hermosa sobre toda medida, es la presencia de Jesús la que se irradia a través de Ella; los aplausos tienen que ir para el Jardinero.
Y por eso nosotros los católicos no separamos el amor a los santos del amor al Dios que los hizo santos; no nos dejemos confundir, hermanos, porque hay gente que nos quiere confundir, hay gente que quiere decirnos, que por un lado va María y por otro lado va Jesús; hay gente que quiere decirnos que María no salva porque el que salva es Jesús.
Por supuesto que el que salva es Jesucristo, eso está clarísimo, pero no hay que ponerlos en oposición. Todo lo bello, todo lo admirable que hay en María, todo viene de Jesús; y si María la recibimos en nuestros hogares, como lo hicieron todas las veredas aquí en Caldas, si a María la recibimos en nuestros hogares, estamos recibiendo el testimonio fidedigno de la gracia de Jesucristo, estamos recibiendo a la gran evangelizadora.
No tenemos que separar a los santos de Jesucristo, más bien pensemos que cada uno de ellos es como cuando llega un buen predicador a nuestro pueblo o a nuestra casa.
Cuando llega un buen predicador nosotros no nos tenemos que aferrar al predicador, sino darnos cuenta de quién nos está hablando esa persona, y si el predicador nos está enseñando que nos tenemos que fiar de Jesucristo, entonces ese predicador nos está ayudando a encontrarnos con Cristo.
No hay por qué oponer a los santos por un lado y a Jesús por otro lado; al contrario, ellos quisieron vivir para Jesús y Jesús fue como el jardinero que sembró, que cuidó y que defendió todas las virtudes en ellos, especialmente la fe, la esperanza y el amor.
Con estos sentimientos, démosle gracias a Dios por el Santo Rosario; lo vamos a rezar cada vez mejor. Nosotros los católicos, porque a veces rezamos mal, le damos pie a las personas que se burlan de las oraciones.
Si nosotros rezáramos bien, si nosotros rezamos con amor, sabiendo que las palabras del Rosario son tomadas de la Biblia; si nosotros rezamos bien, sabiendo que es una oración bíblica, una oración llena de Evangelio y una oración llena de vida, le tapamos la boca a los que quieren separar a Jesús de María y a María de Jesús.
Vamos a rezar con mucho amor el Santo Rosario, vamos a defender a nuestras familias y a nuestra tierra con el Santo Rosario, vamos a defender la paz de nuestras veredas, de nuestros campos y de nuestros pueblos con el Santo Rosario.
Porque allí donde se reza el Santo Rosario hay tierra de paz, hay gente de bien, hay virtud y hay familias unidas, así que tenemos que cuidar el Santo Rosario. Hay otro dicho que dice: “Cuida el Rosario, que el Rosario te va a cuidar a ti”, está muy bueno ese dicho.
Cuida el Rosario, es decir, que no lo descuides, que lo tengas presente, que lo reces con amor, con devoción, con atención, y el Rosario te cuida a ti también.
En la primera lectura de hoy fíjate como se presenta el poder que tuvo la mujer a los comienzos de la historia de la salvación para llevar por un camino equivocado, en este caso a un hombre que la Biblia lo llama Adán. Pues así como la mujer tiene poder para torcer muchas cosas, así también la mujer tiene muchísimo poder para enderezar muchas cosas.
Dios le ha concedido a la mujer una fuerza especial, un encanto especial, una gracia especial que es la que se adueña de los corazones. Una mujer puede adueñarse de los corazones para arrastrarlos hacia lel vicio y hacia el pecado; pero una mujer puede también seguir el ejemplo de la Santísima Virgen para llevar los corazones hacia la oración, la virtud, la amistad con Dios, la justicia y la paz.
Por eso, mi último llamado en esta meditación es a ustedes, las mujeres que están aquí presentes, y le estoy hablando a todas, empezando desde estas jovencitas que tenemos hoy aquí en la iglesia.
Cada niña tiene que saber que Dios le ha puesto en el corazón, le ha puesto en el vientre y que Dios le ha puesto en su cuerpo hermoso, le ha puesto una capacidad muy grande para llevar a la sociedad por los caminos del bien o por los caminos del mal.
La belleza de la mujer puede servir para torcer, destruir, o la belleza de la mujer, como en el caso de María, puede servir para enamorarnos de la obra de Dios y de la gracia de Dios.
Así que las mujeres, por favor, reconozcan con agradecimiento los dones que Dios les ha dado, reconozcan que en su corazón y en su cuerpo, en su belleza y en su gracia tienen un poder muy grande, y uniéndose como amigas a la Santísima Virgen, ayuden a guiar a nuestra sociedad por los caminos de la virtud y de la amistad con Dios.
Ahora vamos a seguir nuestra Santa Misa. Sabemos que tenemos a Nuestra Señora de las Victorias como la llamaba San Pio V, sabemos que tenemos a Nuestra Señora del Rosario que está del lado nuestro, es nuestra gran aliada, junto con Ella sigamos esta celebración y sigamos después el camino de nuestra vida.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.