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Fecha: 20100915
Título: ¿Sabemos sufrir?
Original en audio: 6 min. 5 seg.
En muchos países, el día 14 de septiembre se tiene la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz; esa fiesta, en la mayor parte de los países de América, la tenemos el día 3 de mayo, entonces en un país como Colombia no se ve bien la relación entre estas dos celebraciones; en otros lugares quizás se entiende mejor, porque el 14 se celebra la Exaltación de la Santa Cruz y el 15 Nuestra Señora de los Dolores, y de esa manera queda muy a la vista cómo María está acompañando el camino de Jesucristo.
De todas maneras, el texto del evangelio que hemos oído nos remite precisamente a eso: la presencia de la Santísima Virgen a los pies de la Cruz, cerca de Jesús, viviendo ese mismo dolor, padeciendo esa misma tortura.
Pero lo más importante no es quedarnos en el dolor, sino pensar que lo que une el dolor de Jesús y el dolor de María, el dolor del Hijo y el dolor de la Madre es un mismo amor. Porque sufrir, pueden sufrir muchas personas, y hay muchas clases de sufrimientos en esta tierra; pero no todo sufrimiento se vive con amor y por amor, y por eso hay sufrimientos que son estériles y que caen en el vacío, por decirlo de alguna manera, se pierden; en cambio, hay sufrimientos que son fecundos.
Jesús habló de un dolor que es muy fecundo, el dolor de la mujer cuando da a luz, es uno de los dolores más fuertes que puede padecer una mujer y, sin embargo, da fruto y ese fruto es vida, vida para el mundo. Esto indica que hay dolores que son fecundos. Y una aplicación práctica de esta celebración de hoy es que nos preguntemos si nosotros sabemos sufrir, porque hay personas que se encierran en su dolor y lo hacen estéril, hay personas que desde su dolor reniegan de Dios y así se desconectan del Único que podría darle un significado a ese dolor.
Hay personas que en su dolor se vuelven resentidos sociales y así convierten en causa de enemistad lo que podría, por el contrario, servirles para una fraternidad más profunda. Porque ciertamente, cuando una persona ha sufrido, si sabe sufrir, descubre lazos muy profundos de unión y de fraternidad con los hermanos.
Por eso, pidamos al Señor hoy, por virtud de la intercesión de María Santísima, a quien saludamos como Nuestra Señora de los Dolores, pidámosle que nosotros sepamos sufrir.
Por favor, descubramos que nadie va a estar ausente de ese escenario, el escenario del dolor, todos tenemos que pasar por ahí, por enfermedad, por vejez, por soledad, por traición, por fracaso económico, tantos motivos de dolor que tiene la vida humana, todos tenemos que pasar por ahí. El duelo, las pérdidas, los accidentes, están a la orden del día; y por eso, si hay algo que todos tenemos que aprender, es a aprender a sufrir, atención, no se trata de un sufrimiento que simplemente se quede en la pasividad, o en un sufrimiento, que diga: "Es que yo soy de malas".
María nos muestra el camino, ese dolor de la Cruz se convierte luego en una explosión de la vida en el día de Pentecostés. María, de alguna manera, da a luz al nuevo pueblo de Dios, a la Iglesia, y los sufrimientos de la Cruz fueron como los sufrimientos de parto para Ella, y todos nosotros somos fruto de ese dolor vivido con amor.
Por eso, la Iglesia se atreve a llamar a María "Corredentora", para que en Ella descubramos el camino que lleva hacia la fecundidad de la redención y para que de Ella aprendamos a vivir agradecidos, incluso cuando llega la noche de la dificultad y del desconcierto.
Sigamos esta celebración unidos al amor inmenso de Cristo y de María y suplicando la gracia de aprender a sufrir según el plan de Dios, no según los planes de la desesperación, no según las sendas de la incredulidad, sino según el camino de Dios, el que lleva finalmente a la Pascua y a la luz.